133. El tiempo

Cada día la vida pone a nuestra disposición 1440 minutos, para que hagamos con ellos lo que queramos. Al final del día los que no hayamos aprovechado serán oportunidades perdidas

¿Cuántas veces no nos habremos quejado de que nos falta tiempo para hacer cosas, para cuidarnos, para aprender…?

Cada día la vida pone a nuestra disposición 1440 minutos, para que hagamos con ellos lo que queramos. Al final del día los que no hayamos aprovechado serán oportunidades perdidas. Pero, podemos hacer algo…

Cada noche cuando está a punto de agotarse ese saldo de tiempo, llega el momento de parar nuestra actividad y descansar. Una buena costumbre es echar un vistazo al día que  acaba de terminar y preguntarnos: ¿Cómo lo he gestionado? En ese momento, quizá nos demos cuenta delo cansados que estamos… y no me refiero solo en sentido físico, sino a lo saturados que están nuestros ojos de imágenes, nuestros oídos de ruido, nuestra mente de pensamientos…

 Buscar unos minutos de silencio, de soledad, de intimidad… se convierte casi en algo imprescindible para garantizar nuestra salud física y mental.

A lo largo de esos 1440 minutos nos vamos, yo diría, contaminando de todo cuanto nos rodea, radiaciones electromagnéticas, contaminación del aire, lugares cerrados, aires acondicionados… Cosas de las que la mayoría de nosotros somos  más o menos conscientes.

Por otro lado puedo deciros, que se han hecho estudios  sobre el impacto que produce en el ser humano, las relaciones interpersonales, las buenas en sentido positivo para nuestra biología y las negativas en sentido depresor, tanto en nuestra salud física como psicológica.

Por otra parte, al cabo del día nos llegan enormes cantidades de información de todo tipo, y es fundamental que sepamos aprovechar la beneficiosa y rechazar la que pensemos que puede perjudicarnos. ¿Como podemos trabajar sobre esto?

Los seres humanos, entre nuestras capacidades, tenemos dos que nos pueden ayudar, la observación y la sensibilidad. Una enfocada hacia fuera y otra hacia dentro.

En estado de observación nuestros sensores recogen datos del entorno. Pocas veces vamos más allá de ese estado, porque eso implicaría parar unos minutos y dirigir nuestra atención hacia el interior, única forma de despertar nuestra sensibilidad, la otra herramienta, que nos conecta con nuestros temores y nuestras creencias más arraigadas.

Entre ambas capacidades esta nuestra disposición a aceptar cosas nuevas y la de defender lo que ya tenemos integrado.

Los patrones de conducta diaria no varían de un día para otro de forma significativa, pero en períodos más largos si se pueden apreciar diferencias.

Si esas dos capacidades no las activamos, dedicándoles unos minutos cada día, las interferencias externas entrarán a borbotones, contaminando y alterando significativamente la percepción que tenemos del mundo y de nosotros mismos.

Hasta otro día amigos.

    Un abrazo.

    Agustín

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