142. Reflexiones

Normalmente las cosas se aceptan como verdaderas si están escritas en libros o periódicos y si se ven en la televisión o se oyen en la radio, pero lo que no está manifestado, aunque forme parte indisoluble del ser humano, no suele ser tenido en cuenta

 A veces los ruidos en la noche nos sobresaltan porque desconocemos su origen. Estamos acostumbrados a los ruidos cotidianos y los que surgen de la oscuridad de la noche nos atemorizan, nos llenan de terror.

De la misma forma, cuando de lo oculto nos llegan ecos, nos asustamos pensando que, tal como nos han enseñado desde pequeños, esas cosas no pueden ser buenas y es que lo oculto siempre ha tenido mala fama, quizá porque no lo podemos manejar.

Normalmente las cosas se aceptan como verdaderas si están escritas en libros o periódicos y si se ven en la televisión o se oyen en la radio, pero lo que no está manifestado, aunque forme parte indisoluble del ser humano, no suele ser tenido en cuenta.

Las religiones, por ejemplo, suelen ser exotéricas, (de cara al exterior) y, salvo honrosas excepciones, no tienen contenido esotérico (interior), porque lo que les importa es que la gente les conozca y les soporte económicamente, y por eso lejos de enseñar a desvincularse de ellas para encontrar a Dios en el interior de cada uno, mantienen a sus fieles dentro de la ignorancia, el miedo, la superstición, los rituales inexplicados y el compromiso económico basado en una fe ciega en la salvación.

Lo oculto vive en el corazón del ser humano y ahí es inalcanzable, por tanto no es manipulable; la manipulación se apoya en el miedo, por eso pervive en el tiempo, porque el miedo forma parte de psique casi desde el nacimiento.

El ser humano es bueno por naturaleza y también miedoso, aunque esto es aprendido a lo largo de su vida, y es por ese miedo donde se sustenta la idea de que hay un mundo mejor al que te pueden llevar las religiones, un paraíso que no está en este mundo, pero eso es la gran mentira, un mundo mejor está en este mundo no en el más allá, y se alcanza cuando se pierde el miedo y se pierde el miedo escuchando al corazón, a lo oculto, aquello de lo que se han apropiado las religiones, como si ellas conocieran que hay ahí cuando en realidad no tienen ni idea.

El corazón humano es la casa del Espíritu o conexión con Dios, por tanto buscar a Dios fuera de nosotros es perderse en el intrincado laberinto que forman los rituales y liturgias diseñadas por las diferentes religiones.

En fin, que la fe se debe depositar en el ser humano, no en las instituciones que no enseñan la verdad y solo nos atemorizan.

Pensad que la vida es un don precioso, un paréntesis entre dos estancias en lo oculto.

    Hasta otro día amigos.

    Un abrazo

    Agustín

De la revista Conciencia Global.

Este diario lo hacemos todos. Contribuye a su mantenimiento

ING Direct - Sierra de Gata Digital
Nº CC ES 80 1465 010099 1900183481