146. Viaje al centro

Hay que retornar al corazón, al centro, para descubrir el propósito general de nuestra existencia y conectar con esa idea primaria, o tal vez mejor dicho con ese sentimiento innato, porque, al fin y al cabo, las ideas provienen de la mente y ya sabemos que la mente interpreta

El necesario viaje al centro
El necesario viaje al centro

La fidelidad a uno mismo es un reto constante en la forma de vida que se lleva en la actualidad.

El tipo de vida que llevamos la mayoría de las personas, volcado hacia afuera, hacia el exterior, nos sumerge en una tormentosa existencia que nos produce constantes periodos de crisis. En estos momentos de crisis y dificultades, es cuando se produce un viaje hacia el interior y cuando lo emprendemos descubrimos un ser casi desconocido, alguien que teníamos olvidado.

Es ese reencuentro percibimos sus ilusiones, sus objetivos aplazados, sus deseos reprimidos, sus impulsos intactos al no haber tenido salida…Descubrimos lo que podríamos llamar nuestra verdadera personalidad, que en muchos aspectos no se parece en nada a la que mostramos en el día a día.

En ese viaje interior uno va recorriendo distintas etapas desde el momento presente hacia atrás y observa cuantas  concesiones ha hecho en la vida. Eran cosas pequeñas, puntuales, sin importancia, que en ocasiones se disfrazan con aspectos muy apreciados por la sociedad: generosidad, ayuda, amistad e incluso amor. Y puede que aparezcan recuerdos en los que el foco de atención estaba siempre fuera de uno mismo, en el que la propia satisfacción se relegaba en la satisfacción ajena, total ¡era tan pequeño! ¡costaba tan poco!

Y en ese continuo estar así, siempre dispuesto a reaccionar, a responder a lo que los demás esperan de ti, la persona se va alejando poco a poco, sin apenas darse cuenta, de su ser interior, de su centro.

Pero todo esto nos lleva a perder la propia energía, significa tener las expectativas de que las cosas y las personas se comporten de acuerdo al plan que habíamos trazado para ellas. Y eso es entregar a los demás un poder que les convierte en los artífices de nuestra felicidad o nuestra desgracia y tan nocivo es una cosa como la otra. Es comportarse en base a lo que los demás esperan de nosotros, es en definitiva interpretar en el gran teatro de la vida el papel que nos han asignados los demás o las circunstancias, pero que nosotros no hemos  elegido, o al menos no muy conscientemente.

Yo creo que todas las personas tienen un impulso original, una especie de sello impreso internamente, como ser espiritual, algo inmanente que se convierte en el eje principal, en la columna vertebral de la existencia. Ese impulso sigue latiendo siempre y solo cuando los escudos que adoptamos creyendo erróneamente que así nos defendemos y nos protegemos, nos impiden escucharlo.

Hay que retornar al corazón, al centro, para descubrir el propósito general de nuestra existencia y conectar con esa idea primaria, o tal vez mejor dicho con ese sentimiento innato, porque al fin y al cabo las ideas provienen de la mente y ya sabemos que la mente interpreta, y los sentimientos provienen del corazón y si sabemos acercarnos a él, eliminando filtros y dejándonos guiar por nuestro interior, por nuestra esencia, seremos capaces de abrir el cofre del tesoro que encierra nuestro verdadero ser.

    Hasta otro día amigos.

    Un abrazo

    Agustín