162. La Educación

Creo que una de las cosas más importantes que nuestra sociedad tiene pendiente, es la educación de nuestros hijos. Especialmente si queremos que nuestro mundo sea dirigido por personas estables, nobles, honrados, responsables…

Numerosos estudios médicos recientes, algunos de ellos de la Universidad de Paris V. muestran que las huellas grabadas durante situaciones traumáticas acontecidas antes del nacimiento, son las responsables de muchas de las perturbaciones de la salud, tanto físicas como psíquicas, tanto de las funciones vitales como de las pautas de comportamiento.

La etapa prenatal de la que casi nadie se acuerda, está sin embargo ahí, en nuestro subconsciente, y continuamente se va manifestando en nuestros actos más cotidianos, en nuestra forma de entender y de vivir en el mundo, en los problemas que se nos presentan y en la forma de responder ante ellos.

Esos nueve meses de vida nocturna, intrauterina, constituyen la base de la personalidad del futuro ser, en sus capacidades para relacionarse, de adaptarse, de su inteligencia, de su creatividad.

Por todo esto yo pienso que la educación de nuestros  hijos debe empezar antes de nacer. Pero, al bebé antes de nacer no tenemos que enseñarle nada, intelectual, pues podría resultar hasta peligroso, pues al estar el bebé en formación, sus órganos son muy frágiles y un exceso de estímulos podría alterar su normal desarrollo.

En el seno de la madre, el bebé se educa al mismo tiempo que se forma, y lo hace mediante las fuerzas de la vida que están en él, a través de los elementos y estímulos físicos, afectivos, mentales y espirituales que le proporciona su madre, que es su universo, y también de su padre y el entorno.

El bebé depende totalmente de su madre, el no puede elegir, entorno, alimentos, sensaciones, emociones, miedos, peleas, pensamientos altruista o egoístas. La madre es el medio por lo que le llega todo. El bebé no puede elegir. Si, los valores, la forma de ver el mundo, de estar en él, se aprenden en el útero materno, nuestra primera y básica escuela.

Pero, para que la madre pueda desarrollar mejor su papel de educadora, en toda su plenitud, debe de contar con el apoyo y la complicidad del padre, el elemento masculino, la roca en la que apoyarse, para ser ella el agua que fluye y se desborde, el manantial de amor que mane hacia su bebé.

Es decir, los padres, deben buscar todo aquello que les armonice, que les inspire, que les haga sentirse felices y en paz, porque todo eso llegará a su hijo a través de la madre.

Evidentemente también surgirán momentos difíciles en el embarazo. Pero los padres deber saber que su hijo cuenta con un fantástico escudo, el Amor de sus padres. Deben hablar con su hijo en gestación como si fuera un pequeño adulto. Explicándole el cómo y el porqué de esas situaciones traumáticas, que no van con él, que cosa de sus padres.

Esto creará un fuerte lazo de amor que lo unirá a vosotros, a la vida y al mundo, del cual se sentirá participe.

Con esta educación prenatal, la educación posterior será más rica, más fácil, con mayor confianza, y ese laza de amor permanecerá lo largo de toda la vida de ese nuevo ser.

Todo lo que hoy y aquí he contado, puedo deciros por propia experiencia, tanto como padre como psicoterapeuta, que es así y funciona. Y que los traumas acaecidos durante la gestación son fácilmente solucionables con la técnica adecuada.

         Hasta otro día  amigos.

Agustín 

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