163. Perdidos

Todos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era dueño de la tierra podía  controlar todo lo que sucediera en ella. Nosotros no sabíamos lo que esto significaba. Nosotros simplemente pertenecíamos a la tierra

Déjame decirte como perdimos la tierra. No era nuestra tierra, como si nos perteneciera. Era la tierra donde cazábamos o donde nuestros ancestros estaban sepultados. Era la tierra que el Creador nos había dado. Era la tierra donde sucedían cosas sagradas, había lugares sagrados en ella, nuestras ceremonias se celebraban allí. Conocíamos a los animales y ellos nos conocían a nosotros. Presenciábamos el paso de las estaciones en esta tierra, estaba viva como nosotros, éramos parte de ella y ella era parte de  nosotros. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era ser propietario de la tierra. Es como decir que eres propietario de tu abuela.

    Para nosotros la tierra estaba viva, mover una piedra era cambiarla. Matar un animal era quitarle algo a ella.

    Tenía que haber respeto, y nosotros no vimos respeto en esa gente, ellos cortaban los árboles y dejaban a los animales muertos en el lugar donde les disparaban. Su paso era pesado y hacían mucho ruido.

    Luego esa gente empezó a pedirnos la tierra, querían darnos dinero por la tierra, pero nuestra gente no aceptó eso.

    Nos dijeron que había un jefe en Washington, una ciudad muy lejana, y que la tierra  era de él, y que él había dicho que esa gente  podía vivir aquí y nosotros no.

    Pensamos que estaban desquiciados, cabalgaban por la tierra ponían una bandera y decían que todo aquello era suyo. Es como si alguien disparara una flecha hacia el cielo y dijera que todo el cielo y todo el aire, hasta donde llegara la flecha le pertenecían. Nosotros pensábamos que aquella gente estaba loca.

    Todos ellos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era dueño de la tierra podía  controlar todo lo que sucediera en ella. Nosotros no sabíamos lo que esto significaba. Nosotros simplemente pertenecíamos a la tierra. Ellos querían adueñarse de ella.

    Lo peor es que ustedes nunca nos escucharon. Ustedes vinieron a nuestra tierra y nos la quitaron, y ni tan siquiera nos escucharon cuando les tratamos de explicar. Hicieron promesas y las rompieron. Nos mataron sin quitarnos la vida.

    Para nosotros ella era la madre de toda vida, de todo lo que habitaba en ella, así que todos eran nuestros hermanos. Los osos, las plantas, el búfalo. Todos eran hermanos  y hermanas.

    Pero para tu gente la tierra no estaba viva. Era algo así como un escenario donde construir cosas y hacer que sucedieran cosas. Veían al lodo, los árboles y el agua como cosas importantes, pero no como hermanos y hermanas. Esas cosas solo existían para ayudar a los humanos a vivir.

Ustedes tomaron la tierra y la convirtieron en sus propiedades.

Ahora nuestra madre tierra está en silencio. Pero nosotros aún intentamos escuchar su voz.

         Hasta otro día  amigos.

Agustín 

Extractado de  Kent Nerbum. Por senderos olvidados de un anciano indio 

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