167. El cuerpo invisible

A mi consulta acudió un ejecutivo alemán al cual le había sido amputada parte de una pierna. Se quejaba de un fuerte dolor en la extremidad que no tenía

El cuerpo invisible
El cuerpo invisible

En el sistema nervioso, los nervios se comportan como los cables que transportan la energía eléctrica. Según la idea aceptada, al cortar ciertos nervios que poseen la envoltura de mielina, se bloquea un mecanismo que naturalmente inhibe el dolor y como consecuencia el dolor sin freno se desencadena.

Me llamó poderosamente la atención que el principal sitio del dolor fantasma fuese el primer dedo gordo del pié que no tenía. Me decía que era una especie de dolor quemante, como si le rociaran gasolina y lo prendieran.

Al cabo de un rato de probar con diferentes métodos, campos magnéticos pulsantes, rayos láser y sustancias que intervienen en la modulación del dolor y no obtener resultados positivos, decidí probar con un equipo de cromoterapia. Decidí entonces explorar con el color.

Al pasar el color rojo sobre la región del dolor se quejó como si le hubiese lastimado. Esa sensación la tenía aún cuando tuviera los ojos cerrados. Al llegar al azul, el paciente  tuvo una sensación refrescante sobre su dedo fantasma y me pidió que le dejase ahí unos minutos. Poco a poco se fue relajando, y una sonrisa casi infantil se dibujo en su cara y las sombras del sufrimiento se fueron desvaneciendo lentamente. En poco más de una semana el dolor le desapareció totalmente.

Allí, en el espacio vacío del pié que no tenía este hombre me enseñó que había algo, sutil e intangible que permanecía intacto después de la amputación. Ese algo debía de tener una realidad física, por cuanto reaccionaba a la luz. Llegué a la conclusión de que el hilo con el que se teje la vida va más allá de la piel y cada vez se hace más sutil. Me estaba dando cuenta, más allá de cualquier duda, que existe un campo energético entremezclado con el cuerpo físico, que permaneció después de la amputación.

En mi mente se abrieron conclusiones evidentes: el espacio que nos circunda está compuesto por algo que responde a la luz, que rechaza sustancias químicas; ese algo nos moldea y permanece cuando una parte del organismo es destruida y, al trabajar sobre ese campo invisible, se obtienen respuestas en el cuerpo físico.  Un cuerpo sutil de energía nos rodea, pensé. ¿Realmente nos rodea? ¿No será que ese algo, aunque invisible, forma parte de nosotros mismos, tanto como puede formarlo la cabeza o el corazón? 

Tal vez la medicina occidental debería interesarse en las hipótesis de los antiguos médicos orientales, que hablaban de un cuerpo etérico, aunque no sea posible verlo físicamente.

Sin embargo, a mí, esta experiencia me enseñó que era más importante comprobar algo que verlo. Yo tenía la evidencia de ese cuerpo sutil.

Hasta otro día amigos.

Un abrazo

Agustín

Extraído del artículo de Jorge Carvajal, con el mismo título en la revista Conciencia Global nº 8

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