173. Recuperar el corazón  

Frente a la crisis generalizada de nuestro estilo de vida y de nuestra relación con la Tierra, sin la razón del corazón, no nos moveremos para salvaguardar la vitalidad de la Madre Tierra y garantizar el futuro de nuestra civilización

Recuperar el corazón
Recuperar el corazón

Nuestra cultura, a partir del siglo dieciocho aplicó de forma rigurosa la comprensión de René Descartes, de que el ser humano es “señor y maestro” de la naturaleza y puede disponer de ella a su antojo. Confirió un valor absoluto a la razón y al espíritu científico: Lo que no consigue pasar por la criba de la razón, pierde legitimidad. De aquí se derivó una severa crítica a todas las tradiciones.

Con esto se cerraron muchas ventanas  espíritu. Ya Pascal notó ese reduccionismo, llegando a expresarse de la siguiente manera: “el corazón tiene razones que desconoce la razón”.

Así lo más marginado y hasta difamado ha sido el corazón, órgano de la sensibilidad y del universo de las emociones, bajo el pretexto de que atropellaría, las ideas claras y distintas del mirar científico. 

Así surgió un saber sin corazón, pero funcional al proyecto de la modernidad, que era y sigue siendo el de hacer del saber un poder, un poder como forma de dominación de la naturaleza, de las personas y de los pueblos.

Pero curiosamente  la ciencia  moderna que incorpora la mecánica cuántica, la nueva antropología, la filosofía actualizada no tradicional y la psicología analítica han mostrado que todo conocimiento y muchos acontecimientos, vienen  impregnados de las emociones del sujeto, y que sujeto y objeto están indisolublemente vinculados.

Recuperar el corazón, al fin y al cabo, en él reside el amor, la simpatía, la compasión, el sentido del respeto, la base de la dignidad humana y de los derechos inalienables. Por ello, grandes pensadores por todo el mundo, se han empeñado en rescatar la inteligencia emocional o la razón sensible o cordial, la razón del corazón. Personalmente estimo que frente a la crisis generalizada de nuestro estilo de vida y de nuestra relación con la Tierra, sin la razón del corazón, no nos moveremos para salvaguardar la vitalidad de la Madre Tierra y garantizar el futuro de nuestra civilización.

Esto que nos parece nuevo y una conquista, los derechos del corazón, era el eje de la grandiosa cultura maya en América Central.

Oyéndolos hablar de las energías de la naturaleza y del universo,  parecía que su visión de las cosas, era muy afín, guardadas las diferencias de lenguaje, a la de la física cuántica. Todo para ellos es energía y movimiento, entre la formación y la desintegración (nosotros científicamente diríamos: del orden y el caos) que dan dinamismo al Universo. Eran buenos  matemáticos y habían inventado el número cero. Sus cálculos del curso de las estrellas se aproximan en muchas cosas a lo que nosotros con los modernos telescopios hemos alcanzado.

Poéticamente, dicen que todo lo que existe nació del encuentro amoroso de dos corazones, el corazón del Cielo y el corazón de la Tierra. Esta, la Tierra, es Pacha Mama, un ser vivo que siente, intuye, vibra e inspira a los seres humanos.

La esencia del ser humano es el corazón que debe ser cuidado para ser afable, compasivo y amoroso.

Como decían los antiguos indígenas mayas: “Cuando tienes que escoger entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien escoge el camino del corazón nunca se equivocará”.

Hasta otro día amigos.

Un abrazo.

Agustín.

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