183. Supervivencia

¿Qué reto se le plantea al ser humano? El del cuidado responsable de buscar el equilibrio construido conscientemente y hacer de esta búsqueda un propósito, una actitud de base y hasta un proyecto político. Portador de conciencia y de libertad, el ser humano tiene esta misión que lo distingue de los demás seres

Supervivencia
Supervivencia

No estamos dotados de ningún órgano especializado que nos garantice la supervivencia o nos defienda de los peligros.

Existen dos fuerzas: una es la autoafirmación, y la otra la integración, que actúan siempre en conjunto en un equilibrio difícil y siempre dinámico.

Por la fuerza de la autoafirmación o instinto de supervivencia, cada ser se centra en si mismo y su instinto es conservarse, defendiéndose frente a todo tipo de amenaza contra su integridad y su vida. Nadie quiere morir; quiere vivir, evolucionar y crecer. Esta fuerza explica la persistencia y la subsistencia del individuo.

En este punto necesitamos superar ciertas creencias, según las cuales,  solamente los más fuertes  permanecen. Es esta una media verdad pues a veces contradice el proceso evolutivo. Este no privilegia a los más fuertes y adaptables. Si fuera así, los dinosaurios estarían todavía entre nosotros. El sentido de la evolución es permitir que todos los seres, también los más vulnerables expresen sus virtudes. Este es el valor de la interdependencia de todos con todos y de la solidaridad. Todos, débiles y fuertes, se ayudan para coexistir y evolucionar.

Por la fuerza de la integración, el individuo se descubre envuelto en una red de relaciones, sin las cuales, sólo como individuo no sobreviviría. El individuo existe, pero viene de una familia, forma parte de un grupo de trabajo, vive en una ciudad y habita en un país con un tipo de organización social. Así todos los seres están interconectados y viven unos por los otros, con los otros y para los otros. 

Es sabiduría  reconocer que llega cierto momento de la vida en el cual la persona debe despedirse para dejar lugar, a los que vendrán. No somos eternos, físicamente.

El universo, los reinos, los géneros y las especies y también los individuos humanos se equilibran entre estas dos fuerzas: la de autoafirmación del individuo y la de integración en un todo mayor. Pero este proceso no es lineal y sereno; es tenso y dinámico. El equilibrio de las fuerzas nunca es algo dado, sino  algo por hacer.

Y aquí entra el cuidado responsable. Si no cuidamos, puede prevalecer la autoafirmación del individuo a costa de una insuficiente integración y entonces predomina la violencia y la dominación, o por el contrario, puede triunfar la integración a costa del debilitamiento y hasta la anulación del individuo y entonces gana la partida el colectivismo y el achatamiento de las individualidades. El cuidado aquí se traduce en la justa medida y en el equilibrio para no privilegiar ninguna de estas fuerzas.

El dominio de una de estas fuerzas en detrimento de la otra, lleva a desequilibrios, conflictos, guerras y tragedias sociales y ambientales.

¿Qué reto se le plantea al ser humano? El del cuidado responsable de buscar el equilibrio construido conscientemente y hacer de esta búsqueda un propósito, una actitud de base y hasta un proyecto político. Portador de conciencia y de libertad, el ser humano tiene esta misión que lo distingue de los demás seres. Sólo él puede ser un ser ético, un ser que cuida de sí y que se responsabiliza de la comunidad de vida. Él puede ser hostil a la vida, situarse como individuo dominador sobre las cosas, pero también puede ser el ángel bueno que se siente integrado en la comunidad de vida, al lado de las cosas. Depende de su empeño mantener el equilibrio entre la autoafirmación y la integración en un todo y no permitir que fuerzas desgarradoras dominen el proceso.

Por ser ético, debe colocarse al lado de aquellos que tienen dificultades en autoafirmarse y así sobrevivir e impedir una integración que destruye las individualidades en nombre de un colectivo amorfo. Es la síntesis que debe ser siempre construida si queremos sobrevivir.

Hasta otro día, amigos.

Un abrazo

Agustín.

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