188. Materia y espíritu

La felicidad no está en la materialidad de las cosas, sino en las dimensiones relacionadas con el corazón, el afecto, las relaciones de amor, de solidaridad y de compasión

La materia sabemos más o menos lo que es, ya que puede ser medida, pesada, manipulada y transformada, mientras que el espíritu  cae en el campo de lo intangible, indefinido, y hasta nebuloso.

 La ciencia moderna se ha construido sobre la investigación y el dominio de la materia. Ha penetrado hasta sus últimas dimensiones, las partículas elementales, hasta el campo de Higgs en el que se habría dado la primera condensación de la energía originaria en materia: los tan buscados bosones y hadrones y la llamada "partícula de Dios”. Einstein demostró que la materia y la energía son equivalentes. La materia no existe. Es energía altamente condensada y un campo riquísimo de interacciones. 

El espíritu, en el sentido moderno y en el convencional,  no cabe en los esquemas científicos. 

En la cultura popular, la palabra espíritu tiene gran validez. Traduce cierta concepción mágica del mundo en contra de la racionalidad aprendida en la escuela. 

Sin embargo, en las últimas décadas nos hemos dado cuenta de que la racionalidad excesiva en todos los ámbitos y el consumismo exacerbado generan saturación existencial y también mucha decepción. La felicidad no está en la materialidad de las cosas, sino en las dimensiones relacionadas con el corazón, el afecto, las relaciones de amor, de solidaridad y de compasión. 

Por todas partes hay personas que buscan  experiencias espirituales nuevas, es decir, sentidos de vida que van más allá de los intereses inmediatos y de la lucha diaria por la vida

Estas actitudes, nos hacen entrever  un rescate de la categoría espíritu en un sentido positivo. El espíritu es una referencia consistente y ya no está colocado bajo sospecha por la crítica de la modernidad que sólo aceptaba lo que pasaba por el tamiz de la razón. Porque la razón no lo es todo, ni lo explica todo.

 En los seres humanos hay el universo de la pasión, del afecto y del sentimiento que se expresa mediante la inteligencia emocional y la inteligencia del corazón. El espíritu no rechaza la razón, antes bien, la necesita. Pero va más allá, englobándola en un nivel superior que tiene que ver con la inteligencia y el sentido superior de la vida. 

Posiblemente ese sea el camino hacia la felicidad.

    Hasta otro día amigos.

Agustín

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