¿La partícula de Dios?

Desde los años 60 del siglo pasado, los físicos teóricos se planteaban esta pregunta: ¿cómo pudieron las partículas elementales sin masa que surgieron con el big bang, ganar masa después de fracciones de billonésimas de segundo?

¿La partícula de Dios?
¿La partícula de Dios?

Sabemos, explicándolo de forma muy casera, que la materia (según Einstein energía altamente condensada) está compuesta por partículas elementales: quarks y leptones. Cuando estos se unen dan origen a los protones y a los neutrones. Estos, a su vez, se unen y forman el núcleo atómico. Leptones, de carga negativa, son atraídos por el núcleo atómico, con carga positiva, y juntos forman los átomos. Todos los seres que existen se componen de átomos. 

Por tanto, los quarks y leptones son los ladrillitos básicos con los cuales estamos construidos nosotros mismos y todo el universo. Junto con estas partículas elementales operan las cuatro fuerzas originarias que ordenan todo el universo, cuya naturaleza la ciencia todavía no ha conseguido descifrar. Ellas, la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y fuerte, actúan conjuntamente y responden de la expansión y  ordenación  de todo el proceso de la vida. 

Peter Higgs,  investigador de física teórica de la universidad de Edimburgo en Escocia, sugirió que debería existir una partícula, un bosón o un campo energético, responsable de la masa de todas las partículas. El físico Leon Lederman (Nobel de Física) la llamó partícula de Dios.

¿Qué sería ese bosón de Higgs o campo de Higgs? Los físicos lo imaginan como una especie de fluido viscoso finísimo que llena todo el universo, a semejanza del éter de Aristóteles y de la física clásica. Cuando las partículas elementales sin masa, podríamos  decir  virtuales, tocan ese bosón o interaccionan con el campo Higgs, son frenadas, presionadas y consolidadas y de esta manera ganan masa y peso. 

El 4 de julio de 2012 en el Gran Colisionador de Hadrones, entre Suiza y Francia, después de acelerar partículas que colisionan casi a la velocidad de la luz, los científicos del Consejo Europeo de Investigación Nuclear (CERN) identificaron  un evento, un suceso, una partícula que cumple las características atribuidas al bosón de Higgs

Esta verificación confirma el modelo estándar del universo originado por el big bang; de ahí su importancia. 

¿Pero cómo entra Dios en todo esto? Si dijésemos que esta partícula es Dios, seguramente la teología no lo aceptaría, pues haría de Dios una parte del universo.

Dios es más. Es aquella Energía de Fondo, aquel Abismo posibilitador y sustentador del universo, que antecede al big bang. El estaría más allá de la barrera  de Planck,  el límite infranqueable, anterior al tiempo cero, a partir del cual en 10 elevado a la potencia -43 segundos después del big bang habría surgido la materia del universo.

 Detrás de este muro se esconde aquella Energía poderosa y amorosa que origina todo, inalcanzable para la física pero accesible para la mística. 

Esa podría ser el origen y desarrollo de la idea originaria de Dios. La partícula de Dios nos muestra cómo se crea todo lo que nos es dado ver. 

Filosófica y teológicamente diría: ella nos revela cómo Dios hizo surgir el mundo. Y ese acto no es un acto del pasado, sino que se realiza en cada momento y en todas partes del universo y también en nosotros que estamos a merced de esta partícula de Dios. 

Como la creación es continua, aquí estamos. 

    Hasta otro día, amigos.

    Agustín

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