Madre

"Madre" es la primera palabra que pronunciamos cuando despertamos a este mundo y para muchos es la última palabra que les viene a los labios cuando se despiden, especialmente en una situación de peligro extremo

195 Madre
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La madre es más que una figura física con la cual estamos ligados afectivamente toda la vida. Es la primera palabra que pronunciamos cuando despertamos a este mundo y para muchos es la última palabra que les viene a los labios cuando se despiden, especialmente en una situación de peligro extremo.

En cualquier día del año, vale la pena recordar esas contribuciones que nos refuerzan el sentimiento profundo que tenemos hacia nuestras madres. Más que reflexiones hoy valoro el afecto, cuyas raíces están fundadas en el cerebro límbico, que surgió hace más de doscientos millones de años cuando irrumpieron en el proceso de la evolución los mamíferos, de los cuales descendemos. Con esta especie nos vino el amor, el afecto y el cuidado, guardados como informaciones hasta hoy por nuestro inconsciente colectivo. 

Pero…

¿Cómo puede saber un hombre lo que es una mujer? La vida de una mujer es completamente distinta de la del hombre. Dios o la Creación o la Evolución, como queramos llamarlo, lo hizo así. El hombre es el mismo desde el momento de su iniciación hasta su declive. Es el mismo antes y después de haber encontrado por primera vez a una mujer. Sin embargo, el día en que la mujer conoce a su primer amor, su vida se divide en dos partes. Este día se convierte en otra. Antes del primer amor, el hombre es el mismo que era antes. La mujer, desde el día de su primer amor, es otra. Y lo seguirá siendo toda la vida.

El hombre pasa una noche con una mujer y luego se va. Su vida y su cuerpo son siempre los mismos.

 Pero la mujer concibe. Como madre, es diferente de la mujer que no es madre, pues lleva en su cuerpo durante nueve meses las consecuencias de una noche. Algo crece en su vida y nunca va a desaparecer de su vida. Pues es madre. Y seguirá siendo madre aun cuando el niño o los niños hayan muerto. Porque llevaba al niño en su corazón. Incluso después de su nacimiento, lo sigue llevando en su corazón. Y de su corazón no se irá nunca, aunque el niño muera.

Todo esto no lo conoce el hombre. Él no sabe nada. Él no sabe la diferencia entre el "antes del amor" y el "después del amor", entre el antes y el después de la maternidad. No lo puede saber.

 Sólo una mujer puede saberlo y hablar de ello. Es por eso que, las madres, nunca deben permitir que sus  maridos  o sus parejas puedan oscurecer este profundo sentimiento. Una mujer debe ser cuál es su naturaleza. Debe ser siempre niña y madre. Antes de cada amor es niña. Después de cada amor es madre. 

Sin duda, se trata de una visión idealizada de la mujer y de la madre. En ellas también hay sombras, si, y una cosa no quita la otra. Pero hoy, en este día quiero que nos olvidamos de las sombras para centrarnos solo en el momento arquetípico de luz que cada madre es. 

Ellas lo merecen. Merecen todo nuestro respeto y hay algo que nunca, nunca  deberíamos olvidar, no estaríamos aquí si no hubieran tenido el cuidado infinito de darnos la bienvenida a la vida y de encaminarnos por los misteriosos laberintos de la existencia. Para ellas nuestro afecto, nuestro cariño y nuestro amor: a las vivas y a las que están más allá de la vida.

 Gracias madres, por ser, por estar, por existir.

GRACIAS.

Hasta otro día amigos.

Un abrazo.

Agustín.

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