201. La condición humana

El remedio para nuestra demencia sólo puede venir de una mirada nueva hacia el otro. Ese otro tiene su existencia propia y merece una mirada de respeto y de acogida. En vez de dominarlo, subordinarlo o discriminarlo, podemos establecer con él una verdadera comunión fraterna

Las últimas matanzas acaecidas en los tiempos recientes pueden ser leídas como una página  concreta, dramática y trágica. Revela quiénes somos. Somos seres capaces de salvajismo y barbarie. Y, simultáneamente, somos seres de solidaridad, manifestada maravillosamente en el mismo momento de  los atentados.  Quienes mataban y quienes socorrían eran seres humanos. Somos la coexistencia de una y otra cosa. 

Ésa es la condición humana, dramática y trágica. Dramática, porque no logramos mantener el equilibrio entre los dos polos. Trágica, cuando permitimos la irrupción de lo demoníaco

Dos opciones son posibles, y ambas profundamente humanas. La primera dice: la historia nos ha mostrado que la fraternidad nunca fue duradera y que las sociedades siempre se organizaron en relaciones de fuerza y de dominación. Levantamos la mirada para el cielo en busca de un poco de esperanza, pero la vista de los cadáveres destrozados y los lamentos de las víctimas nos impiden oír y ver una respuesta que nos ilumine

La segunda dice: en medio de la tragedia siempre hay una mano que se extiende, un gesto que salva y una caricia que devuelve la confianza. Lo que conmueve al mundo es la solidaridad, solidaridad que supera la comprensible rabia y dominó el deseo de venganza. Hacer justicia y castigar sí, pero no pagar el odio con otro odio mayor.

¿Quién va a ganar? Humildemente, y con temblor, confiamos en que la solidaridad tiene más futuro que las matanzas. Sin esta solidaridad tal vez no hubiésemos dado el salto de la animalidad hacia la humanidad, y no hubiéramos llegado a los días de hoy.

El remedio para nuestra demencia sólo puede venir de una mirada nueva hacia el otro. Ese otro tiene su existencia propia y merece una mirada de respeto y de acogida. En vez de dominarlo, subordinarlo o discriminarlo, podemos establecer con él una verdadera comunión fraterna. Podemos sentirnos sobre el mismo suelo que él, libres de la voluntad de dominación, viviendo una humildad original, con la conciencia de que el mismo germen que está en él está también en nosotros. Y que a todos nos habita un fondo de bondad.

Las religiones pusieron el cielo en el más allá. Importa colocarlo en el más acá, pues aquí comienza como proceso de construcción tenaz del esfuerzo humano, secundado por la solidaridad. Sólo se completará al término de la historia. Y entonces Dios y nosotros, nosotros y Dios podremos mirar atrás y proclamar: «todo era bueno».

Hasta otro día.

 Un abrazo.

Agustín.

Este diario lo hacemos todos. Contribuye a su mantenimiento

ING Direct - Sierra de Gata Digital
Nº CC ES 80 1465 010099 1900183481