ACEBO. Capital del encaje de bolillos (VI)

Dicen en el pueblo de Hinojosa que “la industria encajera se implanta en 1929 y que no hay noticia de que existiese tradición en épocas anteriores, a pesar de encontrarse en Extremadura el centro encajero de Acebo, Cáceres, en el que se ha venido realizando encajes de guipur desde el siglo XVII” (1). Efectivamente durante el siglo XVI y anteriores, en la Escuela de Acebo se elaboró el encaje del género torchón y fue, en el siglo XVII, sin abandonar ese género citado, cuando comienzan los primeros escarceos con los encajes de tipo guipur

No es posible creer que el encaje surgió de repente en el siglo XVI por encantamientos del mago Merlín. Tanto en Acebo como en el resto de España, se vivió una continua transformación que llevó a las confecciones sencillas hacia técnicas mucho más depuradas.

Las Cortes de Sevilla de 1252 prohibirían la costumbre española de bordar las camisas femeninas con hilos de lana, seda o metálicos, labores de ascendencia islámica: “Mando que ninguna muger non traya orares, ni aliofares, nin margome tocas orilladas con oro, nin con argent, nin con sirgo, nin con cintas, nin con otra color sino blanca” (2), pero parece que esta pragmática del rey sabio no sirvió de mucho. Sin embargo, si que debió favorecer a la industria acebana pues esta trabajaba el encaje de bolillos con hebras de lino blanco, si es que, como pensamos, ya existía por ese citado siglo XIII.

La escuela de Cáceres conserva modelos prerrománicos (s. VI-X) y románicos (s. XI-XIII). Son típicos en Cáceres los góticos Soles del Casar (s.XII-XVI) o las geométricas formas mudéjares (s. XII-XIV). No es de extrañar que este tipo de encajes prendieran también en la localidad serragatina de Acebo. Comenzó así, el difícil entrecruzar de hilos en dibujos que la encajera acebana iba elaborando según su capacidad imaginativa, negando la copia de modelos propuestos para crear diseños propios. Surgió, entonces, una escuela propia de encajes de bolillos que prestigia a otras escuelas “por encontrarse en Extremadura el centro encajero de Acebo” (1). Nos vamos acercando, poco a poco, a Acebo como capital del encaje de bolillos.

“La escuela de Acebo sobresale por sus encajes de estilo plateresco (s XV-XVII), ya que de él se conservan muchos modelos recreados sobre otros de carácter gótico (s.XII-XVI), por la técnica de bolillos labrándose esquemas de gran suntuosidad en composiciones de menudo trazo con hebras muy finas de lino, y en los que abundan hojas y motas de guipur y bridas trenzadas. Las arquerías son diversas y se coronan con menudas virgulillas formando caireles; el conjunto presenta aspecto caligráfico y miniaturista” (3).

Está escuela conserva también encajes renacentistas (s. XV-XVI) y barrocos (XVII-XVIII).   

La catedrática González Mena (3) ha llegado a catalogar mas de veinte piezas de encajes pertenecientes a la denominada Escuela de Acebo en el siglo XVI, todas del género torchón.

Durante el siglo XVI y anteriores, la Escuela de Acebo trabajó este género de encaje de tipo popular, denominado torchón, caracterizado por las bandas estrechas o galones, de un centímetro a doce centímetros,  que llevan un fondo de hermosas redecillas conseguido por la torsión de hebras de hilo muy finas y otras más gruesas para los motivos. Estos encajes tradicionales, que se diferencian de los cultos o eruditos por no usar hilos de oro o plata, presentan calados, virgulitas, caireles, ondas, lacería, almenas, discos, redes, milanos, celosías, abanicos, tracería. En algunos casos se componen con alternancia de figuras geométricas, tales como rectángulos y líneas quebradas y en otros con encajes de medio punto.

Este género torchón, referido al encaje acebano del siglo XVI y, seguramente a otros siglos anteriores, no se abandonaría a lo largo de la historia de la Escuela de Acebo, pero cuando se habla de la industria del encaje en la pacense localidad de Hinojosa del Valle se dice: “En el pueblo de Hinojosa, la industria encajera se implanta en 1929. No hay noticia de que existiese tradición en épocas anteriores, a pesar de encontrarse en Extremadura el centro encajero de Acebo, Cáceres, en el que se ha venido realizando encajes de guipur desde el siglo XVII” (2).

Esto es, durante el siglo XVI y anteriores, en la Escuela de Acebo se elaboró el encaje del género torchón, pero fue en el siglo XVII, sin abandonar ese género citado, cuando comienzan los primeros escarceos con los encajes de tipo guipur, con ornamentación de abanicos, ondas, cinta de vaivén, motas de guipur,  rombos, corazones, aspas de guipur,  lacería, virgulitas, las famosas hojas de guipur, caireles, helechos, aspas, escaleras y celosías.

Para el encaje de guipur se utilizan tres hebras que hacen de guías y se van cubriendo con una única hebra que hace de trama, girando en espiral alternadamente, por encima y por debajo, de las guías, siendo famosas las hojas de guipur. De esta familia son los encajes numéricos, que también se elaboran en Acebo, trabajados con doce pares de bolillos, sirviendo uno de trama.

En el siglo XVIII es donde la Escuela de Acebo se decanta más por el género guipur, aunque se conservan modelos del género torchón e incluso galones. Serán encajes con ornamentación floral, hojas de guipur dispersas, hojas con caireles, rosas, margaritas en yuxtaposición, hojas trifoliadas en escudetes, rosetas y arquerías de guipur, ornamentación de figuras repetidas formando red, aspas cobijando ondas,  estrellas de guipur, bandas en escalera, motas de guipur, estrellas de guipur en fondo de rejilla, (3).

En la edad contemporánea (s. XIX-XXI), se continúa con el encaje del género torchón y guipur con ornamentación de flores, hojas y rosas de pétalos acorazonados y aparecen figuras zoomorfas, humanas y de animales, como ángeles, la Gracia, leones, lobos,… Aparecen las esquinas y los centros. Se alterna con dibujos de mayor tamaño, que rompen con la tradicional banda o galón, con ornamentación floral, de cruces, hojas y estrellas. Durante el siglo XX surgen varios talleres de encajes que se dedican a una elaboración más organizada del encaje de bolillos, sin por ello perder su calidad artesanal y artística.

Los encajes de bolillos más conocidos son verdaderas creaciones acebanas debidas a la imaginación de las encajeras, pero también a que aparecen afanadas y afanados dibujantes que trabajan sobre la creación del patrón o picado adaptados a la tipología y toponimia de Acebo. Entre ellos podemos destacar a la hija del médico Francisco González Perisini, la señora de Emilio Casillas Centeno o el secretario municipal Julián Puerto Moreno. Es curioso que, en los documentos que he podido consultar, en lugar del nombre de la mujer, protagonista en este quehacer, queda el del padre o el del marido.

Ya en el siglo XXI, a punto de perderse esta tradición popular del encaje de bolillos y la floreciente industria que fue en el pasado, algunas mujeres acebanas siguen ocupando su ocio en este difícil arte del encaje de bolillos.
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1.- Pragmática de Alfonso X, “El Sabio”. 1252 .

2.- Regueiro González-Barros, Mariña. “El encaje de Hinojosa. Historia y técnica”. Editorial Raíces, S.A. Madrid 2011.

3.- González Mena, María de los Ángeles.“Colección pedagógico textil de la Universidad Complutense de Madrid”. 2 volúmenes (Un volumen con diversos artículos monográficos sobre las labores de bordado y encaje y otro volumen con el inventario). Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid. Graymos, S.A. Madrid 1994.

Foto 1.- Foto del Río. Nuevo Mundo del sábado 13 de marzo de 1915. Año XXII. Número 1.105 y Puerto Rodríguez, Julián. “Acebo 1753. Una mirada desde Sierra de Gata”. Página 649. Edición Casa de Extremadura en Getafe. Madrid 2010.

Foto 2.- Cartel de la I Concentración de Encajes de Bolillos. Plaza Mayor de Acebo. Cáceres. Taller de Artesanía de Acebo.

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