ACEBO. Capital del encaje de bolillos (VII)

¿Ha tenido alguna repercusión, nacional e internacional, esta labor de encajes de bolillo fabricado desde esta denominada Escuela de Acebo o, también, Centro Encajero de Acebo, o todo quedó reducido al pequeño núcleo poblacional de esta localidad cacereña, a la venta del producto en los mercados vecinos y a la demanda de los arrieros que, con sus carros, se acercaban  a esta localidad para la compra de aceite, mosto y naranjas?. Veamos

Viñeta de Historia de la Sierra de Gata, dibujada por Agustín Flores
Viñeta de Historia de la Sierra de Gata, dibujada por Agustín Flores

Hasta aquí he hecho un detallado recorrido por el origen y la catalogación, a través de los siglos XVI a XX, del encaje de bolillos en la localidad de Acebo. Entramos ahora en una segunda parte en la que caminaremos por la repercusión, a nivel nacional e internacional, que este denominado Centro Encajero de Acebo tuvo en las exposiciones nacionales e internacionales y en la creación de mercados propios con afán industrial y expansionista.

Es curioso que fuera la Primera Guerra Mundial (28 de julio de 1914 - 11 de noviembre de 1918), la espoleta para el relanzamiento del encaje de bolillos. Las grandes guerras europeas han supuesto para Acebo un revulsivo tanto para la comercialización del encaje de bolillos como para la explotación y exportación del wolframio, diseminado por las entrañas de sus montes.

Hasta España llegaron las crónicas del periodista napolitano Efraín Boeri. Recuerda este cronista italiano, que la primera guerra mundial está destruyendo las industrias de Bélgica, Francia, Austria, Hungría, Alemania y Rusia, estando en primer término la industria encajera.

Dicho a grosso modo, la Primera Guerra Mundial enfrentó a las potencias políticas, militares e industriales de la época. Por una parte la Triple Alianza: Alemania, Bélgica, Austria (Hungría) y, por otra parte, la Triple Entente: Reino Unido, Francia y Rusia. Quedaron fuera Italia y España, como naciones neutrales.

No podrán, por lo tanto, fabricar encajes Bruselas, Malinas, Valenciennes y Cambray, quedando libres los mercados de Estados Unidos, Argentina, Chile, Brasil, Cuba y los de la Europa neutral. Solo Italia estaría en disposición de atender esta demanda.

Italia, informa Efraín Boeri, ha convocado un Congreso Encajero en Venecia al efecto, al que acudirán las industrias manufactureras de Venecia, Milán, Bolonia, Padua, Verona, Roma y Nápoles. Se pretende conocer el consumo de este mercado de encajes y si es positivo, constituir un Sindicato Nacional que acapare la producción italiana, para su venta a crédito o a plazos.

La reacción española no se hizo esperar. Si Italia se embarca en esta aventura porque no lo podía hacer también España. Fue el conocido escritor Cristóbal de Castro, periodista entonces de Nuevo Mundo, quien, recogiendo las iniciativas del cronista napolitano, escribió el artículo “La guerra y los encajes” (1), causando un tremendo impacto mediático.

El primer número, del periódico ilustrado Nuevo Mundo (1894-1933), vio la luz el 18 de enero de 1894. Desde la madrileña calle de Larra, con una tirada semanal, su fundador, el regeneracionista José del Perojo, se embarcó en todo tipo de noticias políticas, literarias, económicas y de sociedad que abarcaron España y las posesiones en el Nuevo Mundo, de ahí su título.

Cristóbal de Castro (1874-1953), político y traductor, fue sobre todo escritor y periodista. Colaboró con La Época, El Globo, Heraldo de Madrid, ABC y Nuevo Mundo, entre otros. Tiene en su haber toda una colección de obras en prosa, poesía, teatro y otros géneros literarios. Es considerado como uno de los primeros escritores en tratar el feminismo y el papel de la mujer en la sociedad, con todo lo que conlleva el trabajo como fuente de emancipación e independencia.

En el artículo “La guerra y los encajes”, se lamenta Cristóbal de Castro de la situación del encaje en España, no sólo por la ignorancia sobre la demanda y oferta de este producto en el mercado internacional, sino también por el desconocimiento de la situación de la industria nacional encajera. Esta tradición se mantiene viva por la fiesta de los toros, las procesiones, las bodas y los bautizos. No obstante, existiendo como existe, debe disponerse a aprovechar el vacío de los mercados internacionales creado por la irrupción de la guerra europea.

Tiene razón el cronista de Nuevo Mundo pues todos los acontecimientos importantes de la vida acebana, pero también cacereña, extremeña y española, eran adornados con estos maravillosos dibujos de hilos entrecruzados. Así el niño o la niña eran envueltos, en el nacimiento, en mantillas adornadas con galones de encajes de bolillos. En la primera comunión las niñas, sobre todo, llevaban vestidos blancos que iban por igual rematados por preciosos encajes blancos. Las jóvenes adornaban su ropa interior con tiras de encajes. Las novias bordaban pañuelos que el mozo llevaba como recuerdo de amor, mientras duraba el servicio militar, obligatorio entonces, y, también, enriquecían con ellos sus vestidos de boda.  Los pañuelos y los trajes negros de luto eran adornados con bandas de encajes de hilo negro. Del nacimiento a la muerte.

También los hemos visto en los paños litúrgicos,  en los pañuelos que las mujeres se sujetaban al cuello o ponían a la cabeza. En las largas sayas y los mandiles de domingo y días de fiesta, así como todo lo que suponía el traje popular.

Ya comentamos como eran también usados los encajes acebanos para adornos de los paños colocados a la puerta de las casas con motivo de las fiestas familiares, pero así mismo lo eran los pañitos que cubrían los muebles y adornaban el ajuar doméstico: los almohadones, los cojines, las sábanas, las colchas, las toallas, etcétera.  

Es decir, el encaje acebano ha sido a lo largo de los siglos un elemento artístico que nos ha acompañado en nuestra vida cotidiana. Elaborado por las encajeras en plena calle, en las escuelas o talleres creados y de manera individual en las casas. Grupos de improvisadas artistas (o artesanas si se prefiere), capaces de elaborar y crear el complicado producto. Sin embargo nunca se le ha dado el reconocimiento merecido, como a tantas otras cosas, y por eso está abocado a desaparecer. A fuerza de tanto verlo, pasó ignorado y desapercibido y, siendo fuente de trabajo de tantas y tantas mujeres y familias, desagradecido.

Tanto buscar elementos artísticos que den sentido al interior de la localidad de Acebo y al conjunto de Sierra de Gata, ahora que está tan en boga el turismo rural y el éxito de las piscinas naturales, y lo que se tiene al alcance de la mano se pierde: las encajeras en la calle creando y ofreciendo sus encajes; el molino de piedra sacando el jugo de oro a la depreciada aceituna; los corrales de cabras en arquitectura singular; los capazos como fiesta histórico-cultural; los juegos populares, como tradición; la nuestra lengua, como reconocimiento de los orígenes históricos; los chozos celtas… como elemento histórico.

Que poco agradecidos son la historia y el arte, ¡prendita!. Mientras las grandes ciudades convocan encuentros de encajeras, creando tradición donde no existe, allí donde la tenemos, heredada de nuestros antepasados por los siglos de los siglos, la olvidamos, la apartamos de nuestras vidas y la enviamos a la emigración o, lo que es peor, la desterramos.


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1.- Castro (de), Cristóbal. “LAS MUJERES. La guerra y los encajes”. Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.083. Página 3. Sábado 10 de octubre de 1914. Biblioteca Nacional de España.

Foto 1.- HISTORIA DE LA SIERRA DE GATA. Centro de Recursos de Educación Compensatoria de Gata. Dibujo: Agustín Flores. Imprenta La Victoria. Plasencia 1992. Colaboran Ayuntamientos de Sierra de Gata.

Foto 2.- Cristóbal de Castro en un retrato de Julio Romero de Torres, realizado en 1926 en óleo sobre lienzo.

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