ACEBO. Capital del encaje de bolillos (X)

Camariñas y Almagro, en primer lugar, y Lagartera y China, más adelante serán los productores de encajes y mantelerías más ligados a la elaboración artesanal de Acebo. El 2 de febrero de 1915 se publica la noticia de la disolución de la Junta de Iniciativas presidida por Juan de la Cierva y Peñafiel. Un decreto de 31 de enero de 1915, da fin a tan ansiadas expectativas. Ni siquiera dieron tiempo a los informes de los enviados por la Comisión Organizadora de la Exposición Nacional de Encajes hasta las tierras extremeñas, para evaluar el estado de la industria del encaje de bolillos

ENCAJERAS DE ARBOěS. Foto L. Roisiěn. Barcelona
ENCAJERAS DE ARBOěS. Foto L. Roisiěn. Barcelona

Almagro ondea sobre la cruz de Calatrava, vestida de color almagre su plaza, la capitalidad de la cultura manchega. Es posible que, bajo los soportales del medieval entorno, pusiera don Miguel de Cervantes Saavedra, en boca de Alonso Quijano, aquella pregunta que dio por fechada la antigüedad del encaje. Preguntose el caballero: “¿Cómo es posible que una rapaza que apenas sabe menear doce bolillos de randas se atreva a poner lengua y a censurar la historia de los caballeros andantes?”. Conocía está artesanía y su importancia el ilustre escritor,  ya que daba ciertas ganancias a la economía familiar de su fiel escudero: “...Sanchica Panza hace puntas de randa; gana cada día ocho maravedís, horros que los va echando en una alcancía para ayuda a su ajuar”.

Quién les iba a decir a los banqueros de Augsburgo, husmeadores del dinero de las minas de Almadén, que su aportación al encaje de Almagro, allá por el siglo XVI, sería fundamental para la consolidación de una tradición que tendría, en el futuro Museo del Encaje y la Blonda de Almagro, el reconocimiento y respaldo de autoridades y vecinos que, además, le dedicarían un día de celebración. No en vano, el pintor sevillano Diego Velázquez (1599-1660) colgó, con impecable estilo, encajes en cuellos de reyes y principes.

Cuando el matrimonio formado por Manuel Fernández y Rita Lambert, instalan en esta localidad manchega un taller de hilo y seda para introducir la mantilla de blonda catalana, con más de 140 mujeres trabajando en él (1766), y treinta años más tarde hiciera lo propio Juan Bautista Torres, el terreno estaba ya allanado. Almagro ya sabía del encaje de bolillos y lucía orgulloso una mantilla típicamente almagreña decorada en arquitectura gótica. Luego comenzaron a fabricar encajes inspirados en los andaluces y otros de producción propia, dejando las mantillas sólo para los encargos.

Las mantillas de blonda blanca y negra fueron así sustituidas, poco a poco, por encajes de estilo francés, canesús, cuellos, blusas, colchas, juegos de cama y mesa, puntillas y entredoses, confeccionados por las mujeres que se juntaban en torno a las almohadillas. El buen tiempo las empujaba a tomar las calles aprovechando, entre encaje y encaje, para mantener amenas conversaciones y recordar al canto las coplas populares. No se trataba de perder el tiempo, pues con este producto ayudaban a la economía familiar.

Su mercado se realizaba entre aquellos que se acercaban a Almagro, fijando un precio a tanto alzado. También había vendedores que se acercaban a los pueblos de la Mancha, Madrid, Badajoz y Andalucía y otros, más aventureros, al resto de Europa y América (Brasil y Argentina, principalmente). Los intermediarios pagaban al principio, a las encajeras de Almagro, en especie: patatas, bacalao, carbón, ropa, calzado… hasta que esto fue desapareciendo. Al igual que en Camariñas, tanto en Almagro como en Valenzuela,  existen escuelas de encajeras para niñas entre cuatro y quince años, pagando estas diez céntimos por semana.

Unas cinco mil mujeres se dedicaban, por estos años, a la elaboración de encajes con una producción para la zona de 5.000 Ptas./diarias. Se hacen, a juicio del reportero, encajes más finos que en Galicia por ser la fabricación más industrial y artística (1). La encajera tenían un jornal de una a cuatro pesetas según la originalidad y calidad del encaje, pero en este año las que más ganan son seis u ocho reales, no llegando la mayoría a la peseta.

“Los pueblos manchegos que se dedican a la confección de encajes son: Almagro, en primer lugar, siguiéndole en orden de importancia en la producción, Moral de Calatrava, Valenzuela, Granácula, Ballesteros, Torralba de Calatrava, Pozuelo de Calatrava, Bolaños, Hinojosa de Calatrava, Cabezarrubias, Mestanza… La producción total es de 1.750.000 pesetas anuales. ”(1). Hay que tener en cuenta que las principales industrias manchegas están formadas en torno a la elaboración de vinos, aceites y encajes.

Camariñas y Almagro, en primer lugar, y Lagartera y China, más adelante serán los productores de encajes y mantelerías más ligados a la elaboración artesanal de Acebo.

Los articulistas de Nuevo Mundo continúan su incesante trabajo en un intento de llevar la mayor cantidad de datos posible a la Junta de Iniciativas del Gobierno Dato (1). En la provincia de Tarragona destacan el pueblo de Arbós (en el Bajo Penedés), localidad de 2.000 habitantes, donde se trabaja el encaje desde hace más de un siglo. A él dedican, en exclusiva, la Feria de Santa Lucía que les concediera el rey Jaime I en el siglo XIII. Aunque sólo en los últimos años han elegido como único producto el encaje de bolillos.

Sus mujeres cobraban un jornal de dos reales en 1812, en plena guerra de la Independencia. Más adelante pasaron a confeccionar blondas, mantos, ternos para iglesia y mantillas españolas. Actualmente (1915)  ganan de seis a ocho reales, llegando a diez reales las mejores operarias. La forma de operar es idéntica a Almagro (1).

Centros productores de encajes son también Novelda y Monóvar (Alicante), que venden en todas las provincias españolas y exportan a Argelia. Sus encajes, a juicio del reportero son más artísticos que los encajes que ha visto hasta ahora.

El encaje data del último tercio del siglo XIX, que lo llevaron mujeres de Almagro a Novelda para la educación de las señoritas, extendiéndose luego a las clases populares que los vendían por las casas.

La organización industrial llegó en 1899, fundándose casas vendedoras. De Novelda se extendió a Monóvar (1894), que se organizó en talleres. En 1904, la venta la realizaban mujeres que iban por todas las capitales, de casa en casa y, ya en 1908, se comenzó la venta directa a los comercios, exportándose a Alemania, Francia, Méjico y Estados Unidos de América.

No se dedican las mujeres alicantinas de manera continúa a la elaboración de encajes por lo que carecen de datos ciertos sobre esta industria. En Monóvar, con cierto grado de organización en talleres, trabajaban a diario quinientas obreras, diez horas, con un sueldo medio de una peseta, cinco, seis y siete reales, para los encajes normales y de dos pesetas diarias para el encaje de encargo especial.

El 2 de febrero de 1915 se publica la noticia de la disolución de la Junta de Iniciativas presidida por Juan de la Cierva y Peñafiel. Un decreto de 31 de enero de 1915, da fin a tan ansiadas expectativas. Ni siquiera dieron tiempo a los informes de los enviados por la Comisión Organizadora de la Exposición Nacional de Encajes hasta las tierras extremeñas, para evaluar el estado de la industria del encaje de bolillos.

Menos de cinco meses de vida tuvo la criatura y ya dan por cumplida la misión que le fue encomendada. Sería de extrañar tanta rapidez, para la complicada burocracia y la calma funcionarial, sino fuera porque sabemos de las disputas entre Eduardo Dato y Juan de la Cierva. En cualquier caso el decreto ensalza la útil labor en el acopio de múltiples datos sobre los diversos problemas de la economía nacional, la ordenación sistemática y las propuestas concretas. En definitiva que se dan por terminadas las tareas de la Junta de Iniciativas y se decreta su disolución por decreto firmado por el rey Alfonso XIII, a propuesta del Presidente del Gobierno Eduardo Dato.

No creo posible que entre ese acopio de datos que menciona la Junta de Iniciativas, esten los relativos a la industria del encaje de bolillos. No dio tiempo a tomarlos de todas las provincias españolas dedicadas a tal labor. De hecho sólo lo fueron La Coruña, con Camariñas a la cabeza; Ciudad Real, con Almagro, Tarragona con Arbós y Alicante con Monóvar, que sepamos, pues todo es posible en invierno cuando aprieta el frío y reconforta el fuego de la lumbre.


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NOTAS:

1.- España, Miguel. “Exposición Nacional de Encajes. Industria encajera de Almagro”. Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.094. Página 34. Sábado 26 de diciembre de 1914/ “Exposición Nacional de Encajes. Industria encajera de Almagro”. Nuevo Mundo. Año XXII. Número 1.095. Página 33. Sábado 2 de enero de 1915 /“Exposición Nacional de Encajes. La industria encajera en Almagro”. Nuevo Mundo. Año XXII. Número 1.907. Página 29. Sábado 16 de enero de 1915 /“Exposición Nacional de Encajes. La industria encajera en Almagro”. Nuevo Mundo. Año XXII. Número 1.908. Página 34. Sábado 23 de enero de 1915/ Todo en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.

2.- Gaceta de Madrid. Número 33. Página 319. Del 2 de febrero de 1915.

Foto.- “Encajeras de Almagro, trabajando al aire libre, junto a la puerta del Ayuntamiento”. Foto Cortés para Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.094. Página 25. Sábado 26 de diciembre de 1914. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.

Foto.- “Encajeras de Arbós”. Tarragona. Foto L. Roisín. Barcelona. Nuevo Mundo. Año XXII. Número 1.098. Página 28. Sábado 23 de enero de 1915. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España. 

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