ACEBO. Capital del encaje de bolillos (XIX)

Ya quedan pocas señas de identidad de la artesanía que antaño significó al mejor Centro Encajero de Extremadura. Emigró a la gran ciudad, como todo. No lo digo por decir, muchas ciudades españolas tienen Talleres de Encajes dirigidos por acebanas y acebanos. Tal vez las gentes del Acebo nunca se lo creyeron. Nunca supieron la importancia, dentro de la industria artística del encaje de bolillos, de esta pequeña localidad de Acebo

Una punta de cada manera. Encaje de bolillos. Acebo. Caìceres copy

Un arte, que se trasmitió de madres a hijas, mediante la elaboración de un encaje sencillo como era El Pucherito, aún incluso después de implantarse los Talleres de Encaje. Pasada la primera mitad del siglo XX se institucionalizó su enseñanza mediante una Escuela de Encajes de Bolillos, incluida en el proyecto de la Escuela de Artesanía, dirigida por  María del Carmen López Casillas, pero nada pudo parar el declive.

Las niñas ya no quieren aprender a elaborar encaje de bolillos porque es lento, cansado, y no están dispuestas a emplear ocho horas diarias, ni siquiera un tiempo razonable, en una labor artística y artesanal que apenas tiene venta hoy en día, y que está abocada a competir con las grandes producciones de las ciudades y con las máquinas capaces de reproducir cualquier modelo. Esta es la disculpa popular.

Pero sucede algo mucho peor, la demografía en Acebo cae en picado, imparable. Ya no hay apenas niñas, ni quedan apenas madres y, a las pocas que por aquí andan, no se le ha sabido inculcar la importancia de este género en defensa de la historia y la cultura de un pueblo. No sólo no hacen encaje las que no saben, sino que las que lo aprendieron, no quieren. “No merece la pena tanto trabajo para tampoco valor –vienen a decir-. Rota la espalda, cansada la vista y la mi fardiquera vacía”.

Sólo unas pocas atrevidas manos se mueven hábiles para entrelazar el blanco hilo, manteniendo viva una tradición artística de varios cientos de años de antigüedad.

Sin embargo existen encajes pequeños, medianos y grandes, que exigen mayor o menor esfuerzo, pero ni los unos ni los otros tienen interés para la juventud actual del pueblo, ni para las autoridades tampoco. Ahora se puede encontrar pequeños detalles de bandejas, cuadros, ligas, pulseras, marcapáginas…, nada que ver con el esplendor de las grandes piezas que dejaban boquiabiertos a especialistas, particulares y empresas.   

Sólo las más atrevidas siguen el palilleo  con pequeños encajes para adorno de ropa. Así son típicos El Pucherito, La Arañita, El Sapito, La Puntilla de Picos, El Abanico, El Taconito y El San Perequín.

Menos quedan para los medianos y grandes, si no es por encargo, como El Rosalito (mantelerías y pañitos); El Helechito (combinaciones); La Conchita, Las Margaritas y El Jaramago (juegos de cama).

Entre los mayores para juegos de cama y mantelerías. La Trencilla, La Mariposa, Los Paseos de la Reina, Las Dos Estrellas, El Finito, La Peineta, La Bruja, La Campana, El Copón, El Catalán, La Berenjena, La Punta de Cada Manera, La Rosita Chica, La Rosita Grande y La Envidiosa.

La aceituna en el olivo, la naranja en el suelo, el ganado barrido por los pinos, los pinos por el fuego, el encaje en el olvido, demos entonces las subvenciones a los listos y a los vivos. Este dicho parece regir la vida de la resignación acebana.

Adisgata anunció, dentro del programa Leader I (1992-1994), acciones de desarrollo rural. Todo un plan de estudios, acción y asistencia técnica. Fue definido como de apoyo a las pequeñas empresas y artesanías, para favorecer la aparición de iniciativas privadas entre las que incluía el encaje de bolillos. Sin embargo esta propuesta desapareció en los planes Leader II (1995-2001) y Leader Plus (2002-2008).

No obstante Adisgata lanzó toda una definición: “La artesanía, rica y diversificada otrora, ha sufrido un declive y merma en los colectivos que formaban los diferentes gremios artesanales, aunque no ha conseguido acabar con el saber hacer que se transmite, a título personal, de generación en generación. Desde distintos organismos e instituciones se está intentando dar un nuevo impulso a esta actividad, tan arraigada en nuestras gentes, y permitir que ciertas actividades recobren todo el esplendor que ostentaban en fechas pasadas. Las encajeras de bolillos distribuidas por toda la sierra, pero con mayor influencia en Acebo, tejen con simples hilos autenticas filigranas que se destinan a decorar los juegos de cama, mantelerías y pañuelos que las hijas heredan en forma de ajuar (… ), son algunas muestras de la tradición manual de la sierra de Gata” (1). Curiosamente el encaje está clasificado dentro del apartado de “productos locales” y no en el de “cultura” o “patrimonio”, seguramente porque nunca se pidió se incluyera como Bien de Interés Cultural (BIC).

No obstante pueblos extremeños como Hinojosa del Valle, nacida recientemente al encaje de bolillos, no tienen reparo en convocar un Encuentro Anual de Encajeras y, dentro de él, un “Taller de encaje extremeño”, impartido por una acebana, doña Nicolasa Urbano. Esto fue el 11 de marzo de 1910.

También Acebo tuvo su encuentro de encajeras. Fue el 9 de agosto de 2002, con comienzo a las 19:00 h, en la Plaza Mayor de esta localidad serragatina, con degustación de dulces artesanos.

Estuvo organizado por el Taller de Encajes de Bolillos que se desarrolla en la conocida como Casa de Artesanía de Acebo y colaboró la Asociación de Encajeras de Acebo, además del Ayuntamiento y la Diputación de Cáceres. La pena es que fue el primero y el último.

El pueblo de Acebo y la comarca de Sierra de Gata, los más antiguos en la confección de encajes de bolillos, obligados por la historia a conservar el legado cultural artístico-artesanal más preciado que posee, con una historia milenaria, sólo ha podido organizar un encuentro de encajeras.

Para que nos hagamos una idea, el pueblo gallego de Camariñas anunció el pasado año de 2014 la “XXIV Mostra do Encaixe de Camariñas”. El pueblo manchego de Almagro el “XVIII Encuentro de Encajeras de Almagro” y además el “Día de la Encajera”. Ambos pueblos tienen sendos Museos del Encaje. Por poner un último ejemplo, la ciudad madrileña de Getafe, sin tradición histórica en esta artesanía del encaje de bolillos, organizó este pasado año dicho de 2014, el “XII Encuentro Nacional de Encajes de Bolillos”, en el que participan más de 600 bolilleras de toda España. En una de las ediciones de este último participaron encajeras de Acebo, con gran éxito en la exposición de sus encajes y en el enhebrado de los bolillos.

NOTAS

1.- (Adisgata. Asociación para el Desarrollo Integral de Sierra de Gata. www.sierradegata.org /adisgata /leader1.asp).

Foto1.- Encaje de bolillos de Acebo. Cáceres. “León pasante”,  en alusión al antiguo Reino de León, al que pertenecieron las tierras de Sierra de Gata.

Foto2.- Encaje de bolillos de Acebo. Cáceres. “Una punta de cada manera”.