ACEBO. Capital del encaje de bolillos (XVII)

Dentro del Pabellón de Extremadura de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la Galería de la Fuente, se encontraba otra vitrina conteniendo un almohadón bordado a mano por doña Pilar Rincón y, junto a esta, otra vitrina con dieciséis piezas de encaje de Acebo

Encajes de Acebo. Cáceres. Sevilla 1929
Encajes de Acebo. Cáceres. Sevilla 1929

Buen comienzo para la magnífica representación que tuvo Acebo en la exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. En la Galería de la Fuente, con acceso directo al patio donde se encontraba la fuente que reproducía la que existe en la catedral de la vecina Ciudad de Plasencia. En esta galería se expusieron productos artesanales de Frejenal de la Sierra, Villafranca de los Barros, un almohadón bordado a mano, en tela de damasco de colores rojo y verde, de doña Pilar Rincón y, junto a esta vitrina, otra con dieciséis piezas de encaje de Acebo (1).

Según Juan M. Valadés Sierra (2), con quien tengo el placer de compartir páginas en la revista “Extremadura en Getafe”, las gestiones con el Ayuntamiento de Acebo, siendo alcalde Francisco Bacas Fontán, comenzaron en abril de 1929. En el mes de agosto, la comisión organizadora recibe información de las personas que, en dicha localidad, tienen encajeras a sueldo para la confección de encajes, como lo son Francisco González Perisini, Emilio Casillas Centeno, Pedro Téllez Herrera y Anastasia Martín Corta.

Nada dicen, los informantes de Acebo, de los talleres de Ramira Puerto Moreno, ni de Melina (Felisa) Téllez. Tampoco nombran a los responsables de los dibujos para los picados, como son la hija y esposa del médico local Francisco González Perisini, la esposa de Emilio Casillas Centeno y el escribano Julián Puerto Moreno, ni se acordaron de Zenón Rodríguez Franco que, con gran habilidad, llenaba el saco de tela con bálago que previamente había cosido su esposa María Fernández Mateos.  

El cilindro, bien prensado, quedaba así listo para aguantar el trasiego de las muchos alfileres que corretearán, como filas de hormigas, por su cuerpo, fijando el entrecruzado de blanco hilo que forman las filigranas del encaje. Aguanta este, el peso de los bolillos que, en rubios tirabuzones, cuelgan a ambos lados para que, la mujer acebana, los mese y peine con el mimo y la rapidez de sus ágiles manos, configurando un aspecto sensual y femenino a una almohadilla que, rendida, posa su cabeza sobre el respaldo de madera de la silla de enea, mientras se deja mecer en el regazo de la encajera al ritmo de los cantares de trasantier.  

Es curiosa la referencia voluntaria que hace el remitente, Cayetano Galán, vecino de Acebo. Agradecidos quedamos con él, en tanto “Hay que hacer constar que toda mujer nacida y criada en Acebo se dedica a ese trabajo de confección de encajes, las cuales llevan lo que producen a los comercios allí existentes para canjearlos por artículos de comer o vestir, y otras lo venden a los sacadores ambulantes que hay diseminados por toda España y algunos llegan a Portugal y Marruecos”(2). Referencia que viene a confirmar lo que habíamos expuesto en artículos anteriores sobre la situación de esta artesanía acebana a principios del siglo XX.

El Correo de Extremadura informó, como tenemos dicho, sobre una vitrina con dieciséis piezas de encajes de Acebo, Valadés Sierra confirma la existencia en ella de quince piezas de encaje, más un estor con aplicaciones de encaje, tasados en 3.000 pesetas (8).

Minuciosamente Juan Valadés Sierra relaciona pieza a pieza, para deleite de los aficionados a la historia local acebana:

•     Una aplicación para juego de cama, que son cinco como ésta, valorada en 60 pesetas, de     Honoraria Perales Hortigón.

•     Una aplicación y un juego de cama, valoradas en 10 y 30 pesetas, respectivamente, de           Marcelina Gurrea Pazos.

•     Una toalla llamada Guerrero, valorada en 45 pesetas, de Agustina Hortigón Corrales.

•     Una colcha, valorada en 75 pesetas, de Petra Sánchez Rodríguez.

•     Una rosa fina con centro, valorada en 80 pesetas, de Marina Hortigón Corrales.

•     Un juego de cama valorado en 25 pesetas, de Rufino Arroyo Carretas.

•     “El Pájaro”, valorado en 50 pesetas, de Pedro González Franco.

•     Encaje de plumas valorado en 600 pesetas, de Pedro Téllez Herrera.

•     Don Quijote y Dulcinea, aplicación valorada en 90 pesetas, de Emilio Casillas Centeno.

•     “Declaración de amor”, centro de mesa valorado en 100 pesetas, de Juan Bautista     Cruzado     Naranjo.

•     “La China”, toalla de 120 pesetas, de Juan Bautista Naranjo.

•     Mantelito de té con caritas, valorado en 60 pesetas, de Secundina Manzano.

•     Cortina con motivos regionales, valorada en 350 pesetas, de Fidela Cáceres.

•     Colcha de La Cacería, de Emiliana Pérez (2).

No sería la primera exposición internacional ni la última. En el año de 1992, de nuevo Sevilla. La Exposición Universal de Sevilla. La expo92, como era conocida popularmente. Los encajes acebanos tuvieron un lugar en ella, junto a otros productos extremeños como el pimentón de la Vera o los vinos de Badajoz.  Allí se pusieron, en la puerta principal de entrada al Pabellón de Extremadura, las mujeres encajeras acebanas, con sus sillas de enea y la almohadilla entre las piernas. Sabiendo lo que querían, sin complejos que yo estuve con ellas, desafiando a las mujeres belgas que también en su pabellón, realizaban a diario demostraciones de encaje de bolillos de Bruselas y Brujas. Con nombres y apellidos las llamó el presidente Rodríguez Ibarra, que fueron:

Marciana Rodríguez Fernández.

Candela Iglesias.

Ángeles Cáceres Fernández.

Trinidad Estévez.

El diario ABC anunció, dentro de la semana de la comarca Sierra de Gata una demostración artesanal de encajes de bolillos de Acebo, para el día 30 de julio de 1992, a las 12:00 h y las  20:00 h. Así fue toda una semana entera.

NOTAS

1.- Ver “Correo Extremeño” del 31 de septiembre de 1929. Año XXVI. Número 7.477. Páginas 1, 2 y 3.

2.- Para más información: Valadés Sierra. Juan M. “La aportación cacereña al Pabellón de Extremadura en la Exposición Iberoamericana de Sevilla”. Revista de Estudios Extremeños, 2013, Tomo LXIX-Nº III. Página 1.866 a 1.868.

Foto 1.- Pabellón de Extremadura, (ya desaparecido), de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.

Foto 2.- Encajes de Acebo. Cáceres. “La cacería” de Emiliana Pérez. Exposición Iberoamericana de Sevilla 1929. Detalle foto ICAS-SAHP. Fototeca Municipal de Sevilla. Archivo Serrano. En Valadés Sierra. Juan M. “La aportación cacereña al Pabellón de Extremadura en la Exposición Iberoamericana de Sevilla”. Revista de Estudios Extremeños, 2013, Tomo LXIX-Nº III. Página 1.866 a 1.868.

Foto 3.- Encajeras acebanas a la puerta del Pabellón de Extremadura de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. En este caso Marciana Rodríguez Fernández y Candela Iglesias Chanca.

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