ACEBO. Capital del encaje de bolillos (XX)

Para la venta de encaje confeccionado en Acebo, las encajeras acebanas, acompañadas de sus maridos, se distribuyeron por las ciudades más importantes de toda España, desde las más próximas a las más lejanas, siendo Madrid una de las que resume fielmente este noble oficio

Paralelamente a este empuje artesanal, que dio lugar a un cierto criterio comercial, dentro de la localidad serragatina de Acebo, la industria del encaje acebano se fue trasladando al exterior del pueblo en una expansión que llegó a todas las ciudades importantes de Extremadura y España. 

Esto supuso un asentamiento definitivo en ellas que dio lugar a un auge comercial del encaje de Acebo, pero también a uno de las mayores movimientos migratorios que haya sufrido esta localidad, cuya sangría aún no ha terminado. Las familias acebanas que salieron, en un primer momento, estimuladas por este negocio volvían periódicamente al pueblo, pero sus descendientes, poco a poco, se han ido desligando de él. 

A esto se ha unido otro tipo de emigración en busca de un empleo estable. Fue la prosperidad económica de aquellos vecinos de Acebo, dedicados a la venta de encajes de bolillos, que habían emigrado en los LAS BRUJAS ENCAJE DE BOLILLOS. ESCUELA DE BOLILLOS DE ACEBO. www.sierradegatadigital.esaños de 1920 a 1930, lo que estimuló, a las generaciones siguientes, a una nueva emigración en los años de 1940 a 1960 y posteriores. Es en ese segundo periodo dicho cuando los acebanos, por medio de la extracción y venta de wolframio de las minas diseminadas por el término municipal de Acebo y otras de Sierra de Gata, propiedad de empresarios acebanos, consiguen ahorrar el suficiente dinero como para emigrar a Madrid. Sólo en Madrid “llegarán a establecerse 200 acebanos (y acebanas), que descubren, en el incipiente turismo, una fuente de ingresos”. En el año de 1920 la localidad de Acebo llegó a contar con 2.427 habitantes, descendiendo en 1960 a 2.251 habitantes y, actualmente,  594 habitantes (padrón de 2014) (1). Estos datos no reflejan fielmente las emigraciones sucesivas debido a que muchas familias acebanas no se daban de baja en el padrón de esta localidad serragatina. 

Si bien las encajeras acebanas, acompañadas de sus maridos, se distribuyeron por las ciudades más importantes de toda España, desde las más próximas a las más lejanas, para la venta de encaje confeccionado en Acebo, es Madrid la que resume fielmente este noble oficio. Si triste ha sido para el emigrante serragatino vivir lejos de su Sierra, mucho más amargo es ver a sus descendientes, hijos de otra tierra. 

En anteriores artículos hemos hablado de las “sacadoras” como de aquellas mujeres que recibían los encajes de bolillos elaborados en Acebo para su venta por las ciudades más cercanas. Eran los “acaparadores”, las personas que actuaban de intermediarios entre las encajeras y las sacadoras.

Ahora el sistema de venta, impuesto en las ciudades, capitales de provincias y, sobre todo, en  Madrid, sigue siendo parecido. 

En un principio las mujeres acebanas, que previamente han acaparado el género por compra o préstamo, de las encajeras de Acebo, se dedican a captar turistas para venderles los famosos encajes de Acebo, en sus propias viviendas. Más adelante desarrollarán una intensa actividad en las calles de Madrid, principalmente Gran Vía, Preciados, San Bernardo y Arenal, para arrastrar también, al cabo de un tiempo, a los acebanos, como “captadores” de clientes para los comercios textiles establecidos al efecto por emprendedores acebanos. 

Esto empresarios tienen en la venta de encajes y sus derivados el objetivo inicial, para acabar acaparando y comercializando otro tipo de productos textiles. Siendo el encaje de la localidad de Acebo el principal inicio de su actividad comercial, pronto comenzaron a vender otras mercancías textiles provenientes de Madrid, Almagro, Camariñas, Lagartera, Canarias y China, siendo, en el caso de Madrid, preferentes las mantelerías de Lagartera y China, los mantones de Manila, las mantillas y, más adelante, las prendas de piel, que se convertirían en el producto estrella. 

Todos hemos oído al empresario acebano, asentado en Madrid, Augusto González Lázaro narrar como consiguió traer un barco cargado de mantones, mantelerías y otros productos textiles desde China, cuando la relación comercial española con este país era muy restringida y las leyes chinas obligaban a comprar contenedores con todo el género, de la clase requerida, producido por la empresa en cuestión. Para ello tuvo que enviar un barco cargado de hierro como permuta por el deseado producto, bajo la estricta supervisión de los inspectores de los dos gobiernos, español y chino. Lo positivo del intercambio comercial era que, al acaparar todo el género ofrecido, se convertía en proveedor exclusivo en España de ese producto. 

Bien, yo con esto quería ir terminando, no porque se haya contado todo sino porque no es cuestión de convertir esta colección de artículos en un libro, aunque no descarto publicar un pequeño volumen sobre tan interesante tema para la historia de Acebo y Sierra de Gata.

No quiero terminar sin referirme a dos artículos periodísticos que estimularon mi curiosidad sobre la historia de este preciado arte en el pueblo de Acebo. Cáceres. 

Uno de ellos apareció en Voz de Galicia en 2008 con el sugerente encabezamiento de: “Mujeres de Camariñas llevaron el encaje a Extremadura en el siglo XVI” (2) y el otro en el diario ABC, del domingo 4 de marzo de 1973, con el título “Acebo. Capital de los encajes de bolillos”(3). Este último, junto a la curiosidad de unas lectoras, me sugirió el título genérico que unifica esta serie de artículos. Me refiero a “Acebo. Capital del encaje de bolillos”.

En ese año dicho de 2008, La Voz de Galicia sostiene que tan solo un centenar de palilleras mantienen ya la tradición en el pueblo de Acebo, una pequeña localidad de 700 habitantes. Afirma el articulista que el encaje de bolillos forma parte de la vida y de la cultura acebana desde hace más de 500 años, como así es y debería seguir siéndolo. 

Pero lo que realmente me llamó la atención es cuando asegura que se ha escrito muy poco de ello y, sobre todo, la rotundidad del título del artículo: “Mujeres de Camariñas llevaron el encaje a Extremadura en el siglo XVI”. Por lo primero, me propuse escribir algo que divulgara y diera a conocer la existencia e importancia de este Centro Encajero de Extremadura. Algo que añadiera cosas nuevas a lo que se conoce, unificando los escritos y estudios que existen, y acumulando un poso que pueda servir a estudios posteriores. Por lo segundo estudiar, de una vez por todas, el origen del encaje de bolillos de Acebo, de cuya antigüedad he dado fe, situándola en los tiempos de los árabes y, en todo caso, anterior a la llegada de los canteros para la construcción de la iglesia parroquial de Acebo.

Tiene razón María del Pilar Pérez, vicepresidenta de la Asociación de Encajeras de Acebo, cuando explica que las hechuras son similares a las de Camariñas, pero que su origen desde esta localidad gallega no queda claro y que los datos recabados del Museo Nacional de Encaje, dicen que en realidad podrían ser una tradición judia.

Judia o Árabe, árabe o judia, lo cierto es que el encaje existía mucho antes de la llegada de los canteros gallegos e, incluso, antes de que estas tierras fueran ganadas a moros. La llegada de los repobladores del norte de España, antiguo Reino de León, durante la denominada reconquista, y la posterior llegada de maestros canteros, con sus cuadrillas, también desde el norte, se encontraron el terreno abonado, por eso sus enseñanzas prendieron rápidamente, sencillamente en un intercambio cultural. 

En resumen, el artículo de ABC comienza situando el lugar de Acebo en la Alta Extremadura y comarca de Sierra de Gata, perteneciente al partido judicial de Hoyos. La localidad queda situada en una colina y rodeada de sierras, delimitada por el imponente Jálama, a 1.450 metros (de altitud). Acebo está a 108 kilómetros de Cáceres, tiene olivares gigantes y hermosos naranjales (3).

La principal ocupación de las mujeres la constituyen la confección de encajes de bolillos, “logrando las manos artesanas obras maestras en este afiligranado tejido”. Por el interés que presentan reflejamos los nombres, de los encajes hechos a mano con bolillos y alfileres, que cita don Valeriano Gutiérrez Macías y que sirven para juegos de cama, almohadones y sábanas” (3):

La Pluma, que se hace con treinta docenas de bolillos. 

El Amprezo, que se hace cono ocho docenas de bolillos o palillos. 

La Envidiosa, con diez docenas de bolillos. 

La Bruja, con quince docenas de bolillos. 

Las Margaritas, con doce docenas de bolillos. 

El Paseo de la Reina, con seis docenas de bolillos. 

El Limón, con ocho docenas de bolillos.

El Tomatón, con quince docenas de bolillos. 

La Bochean, con catorce docenas de bolillos. 

La Campana, con quince docenas de bolillos. 

La Hoja de Parra, con seis docenas de bolillos. 

La Mariposa de Honda,  con seis docenas de bolillos. 

La Esfera del Reloj, con siete docenas de bolillos. 

La Trencilla, con cinco docenas de bolillos. 

Es decir que, para hacer este tipo de encajes, se emplean entre cinco y treinta docenas de bolillos, pudiendo llegar a cincuenta docenas. Se utilizan bobinas de hilo blanco, que no amarillee, de los números veinte y treinta.

Tras esta descriptiva exposición, el corresponsal continúa enumerando los nombres de los encajes de bolillos que se venden por metros, recordemos que a principios de este mismo siglo XX se vendían por varas, y que una vara castellana equivale a 0,835 m: “… “El Helecho”, “El Sapito”, “El Cigarrito”, “La Conchita”, “La Estrellita”, “El Finito”, “El Caracolito” y “La Peineta”. Para juegos de aplicaciones se emplean “El Dragón”, “Las Rositas”, “El Roto”, y otros más” (3).

Data, en aquel momento, el comienzo de la dedicación de las mujeres acebanas al encaje de bolillos en los tiempos en que se llevó a cabo la construcción de la iglesia parroquial (3). Es posteriormente cuando otros investigadores han llegando a la conclusión que esta fecha fue muy anterior.

NOTAS

1.- Para más información sobre este apartado ver: Rodríguez Arroyo, Jesús Carlos. “Singularidad de la emigración acebana en la provincia de Madrid”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXIII Nº III. Diputación de Badajoz 2007. Página 1366, 1372 y ss./ “Descubriendo Acebo. Perspectiva Historica y socioeconómica de un municipio de la Sierra de Gata”. Página 141. Madrid 1999./ Alonso de la Torre J.R. “El país que nunca se acaba”. “Acebo, los primeros chinos de España”. Hoy, del domingo 8 de junio de 2007./ Puerto Rodríguez, Julián. “Acebo 1753. Una mirada desde Sierra de Gata”. Casa de Extremadura en Getafe. Madrid. 2010.

2.- Garrido, S. “Mujeres de Camariñas llevaron el encaje a Extremadura en el siglo XVI”. La Voz de Galicia del 11 de junio de 2008.

3.- Para más información ver: Gutiérrez Macías, Valeriano. “Acebo. Capital de los encajes de bolillos”. ABC del domingo 4 de marzo de 1973. Cáceres. Número 20.885. Edición de la mañana. Página 43.

Foto1.- Detalle del picado del encaje de bolillos denominado “Las Brujas”. Escuela de Acebo. Cáceres. Picado cedido por la encajera acebana Marciana Rodríguez Fernández

Foto2.- “Las Brujas”. Encaje de bolillos. Escuela de Acebo. Cáceres. Foto cedida por Disco Trébedes. Acebo. Cáceres.

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