La huella de Alba en Sierra de Gata (III)

Mando que el dicho mi amado hijo don Fadrique haya por mayorazgo, e por títulos de mayorazgo, la mi villa de Alva de Tormes e la mi ciudad de Coria e la mi villa de Granada, con sus fortalezas e todos sus lugares e tierras e vasallos y rentas y pechos y derechos e jurisdiçión civil y criminal e mero e mixto imperio con todo lo otro anejo e accesorio” (1)

Don García Álvarez de Toledo deja en herencia a su hijo primogénito, don Fadrique Álvarez de Toledo el mayorazgo que comprende la ciudad, con las tierras, de Coria.

Acebo, Hoyos y Perales pasarían a depender del II duque de Alba, ya constituido en lo que se denominó como concejo de “villa y tierra”, componiéndose, en su organización política, como sistema concejil.

Se forjó, posiblemente en ese momento, la idea de que el escudo de los duques de Alba quedara esculpido, en las fachadas de los edificios más emblemáticos de las villas y lugares, para constancia de una dependencia que condicionará toda la historia de Coria y, lógicamente de los tres pueblos serragatinos de Acebo, Hoyos y Perales.

Pueblos orgullosos de su realengo, que cayeron en señorío años atrás, tras la cesión de la ciudad de Coria a Fernán Chamiço, hecha por el rey Fernando IV en torno a 1304, y, cuatro años más tarde, al maestre de la Orden de Alcántara, incluyendo la aldea de las  Herjes (Eljas), que en ese momento pertenecía a la ciudad.

Nada puede ni debe escribirse sobre las crónicas de Sierra de Gata sin tener en cuenta el control político, social y económico que supuso la presencia de la Casa de Alba, marqueses de Coria, el señorío, las ordenes militares y el realengo a lo largo de la historia de Sierra de Gata.

Por eso tiene Coria esculpido escudo de la Casa de Alba donde subyace la leyenda perteneciente a esta familia castellana: “Tv in ea et ego pro ea”, esto es: “Tú en ella y yo en su favor”.

Un escudo, el de Coria, que consiste en un jaquelado o ajedrezado de quince piezas geométricas, alternadas en ocho rectángulos (blancos) y otros siete (azules), antiguamente eran cuadrados, quedando incompletos los tres de la base. Por cimera, sobre corona ducal, un ángel puesto de frente con sus alas extendidas y vestido de levita, en alusión al parentesco con los Ángelos del imperio romano de oriente. El ángel sostiene en su mano diestra una espada flamígera de plata y, la su siniestra, descansa en el vértice, de ese costado, de la corona. Alrededor lleva nueve banderas moras de gules, (en el escudo actual el ángel sostiene, en su mano izquierda, una bola del mundo sumada de cruz).

Escudos, los de Alba, que serían picados sobre sus enclaves originales por la sublevación popular encabezada por los liberales de 1820-1823, que reivindicaron las tierras comunales y el reparto justo de la riqueza.

Escudo, estos del ducado de Alba, que sería esculpido en todas las iglesias de su dominio, en señal de poderío sobre la Orden de los Pereiro de Alcántara (1154) que lucieron primero como blasón, símbolo de su territorio, el peral silvestre desnudo sin hojas, en color verde, con las raíces descubiertas sobre campo de oro, hasta que tomaron para sí la cruz de Calatrava, pintada en verde. Cruz de Alcántara, ya desde entonces, como cruz griega flordelisada verde, por tener sus extremos en flor de lis verdes.

El testamento de don García Álvarez de Toledo, deja en herencia a su hijo, don Fadrique Álvarez de Toledo, el mayorazgo de Alba, con las tierras de Alba de Tormes, Coria y Granada (Granadilla). Lógicamente, la herencia incluía el mayorazgo al completo, con todos los lugares, aldeas y villas y, el lote, se completaba con todos los vasallos que en ellos hubiese, sus rentas y la jurisdicción civil y criminal. También le dejaría a su primogénito el mayorazgo de Valdecorneja y, este, llegaría a poseer  Fuenteguinaldo y San Felices (de los Gallegos).

Primero consiguieron el señorío de las tierras de Alba de Tormes en Salamanca, de las que fueron señores desde 1430, condes desde 1439 y duques desde 1472.

Luego les cedieron las Tierras de Granada (1446) (hoy conocida como Granadilla, dependiente del municipio de Zarza de Granadilla, al noroeste de la provincia de Cáceres), con las aldeas de Abadía, Ahigal (la), Alberca (el), Aldeanueva, Anillaría, Bronco (el), Cerezo, Granja, Guijo (el), Mohedas, Nuñomoral, Pino, San Miguel, Santibáñez (el Bajo), Soto Serrano (el), Ventas de Cáparra (las), Zarza (la), con muchas majadas que acuden allí a misa.

Tanto en la villa de Granada, cuyo escudo principal es un granado con granadas y, al pie, un león asido a un árbol, como en Abadía, podemos ver todavía el escudo de armas de los duques de Alba y sus respectivos palacios. Cuando toman posesión de las tierras de Granada, los duques de Alba, estaban en posesión del título de condes de Alba.

Más adelante consiguieron las tierras de Coria y el título de marqueses de Coria (1472). Hemos visto una parte de este hecho en la serie histórica dedicada a Isabel I de Castilla, la reina Católica. Don Juan Pacheco, tras algunos titubeos, se alía con el rey Enrique IV llevándose con él al alfonsino García Álvarez de Toledo, que era tío político del rey Fernando de Aragón por lo que tenía relativas buenas relaciones con él. Por episodios militares, que ya he relatado en anteriores capítulos, don García, entonces conde de Alba, se hace con la ciudad de Coria. Fue a finales de 1469 cuando, a cambio de Montalbán, Juan Pacheco lo recomienda al Rey para que se le reconozca el señorío de Coria y lo promociona, en ese mismo año, para que, el conde de Alba, sea elevado a duque de Alba y marqués de Coria. Posteriormente, en 1472, firma Enrique IV la cédula concediéndole el título.

No fue, por lo tanto, gratuita la cesión de la ciudad de Coria ni tan sencilla la entrega de don Gutierre de Solís a don García Álvarez de Toledo. Este último pretendía territorios que pusieron a los nobles castellanos frente al rey Enrique IV, por lo que, su Majestad, solicitó a don García cediese en tal pretensión a cambio de cederle la ciudad de Coria, con todas sus villas y lugares, y concederle los títulos de conde de Alba y marqués de Coria. El conde de Alba accedió gustoso ya que pretendía la ciudad de Coria desde 1465 y luego la tomó, para sí y sus descendientes, como uno de sus bienes más preciados, haciéndose llamar duque de Alba y marqués de Coria.

Ocurrió el 26 de octubre de ese año de 1472. Sucede en Cebolla el concierto entre el conde de Alba y el maestre de la Orden de Santiago, afectando al maestre de la Orden de Alcántara, Gómez de Solís. Hay que recordar que don García Álvarez de Toledo fue maestre de la Orden de Santiago y que fue al ceder el maestrazgo de la Orden  y la ciudad de Toledo, que le mandará custodiar Pedro I, cuando consiguió el señorío de Valdecorneja y Oropesa, que constituyeron la base patrimonial de la Casa de Alba.  

    “Yo don García Álvares de Toledo, conde de Alva, señor del Val de Corneja. Por     quanto en ciertas capitulaciones que fueron fechas e asentadas entre el señor     maestre de Santiago en mi, en Lanzadita e en Salvatierra e en Villanueva de Gómes,     sobre la ayuda e favor que el dicho maestre de Santiago ha de facer e dar al señor     maestre de Alcántara, don Gómes de Solís, e de la satisfizon e emienda que el señor     rey, nuestro señor, ha de faser e fase al señor don Gutierre de Solís, conde de Coria,     por la cibdad de Coria…..  Ca yo tengo que quedar con la dicha cibdad de Coria     libremente e sin condición alguna, entregando la dicha fortaleza de Montalbán al     dicho clavero e quedando sin ella” (2).

Don García Álvarez de Toledo, conde de Alba, cede sus derechos sobre Montalbán a su tío don García López de Padilla, clavero de Calatrava, y solicita que el rey le haga merced de los lugares de Logrosán, Cañamero, Berzocana, Garcías, Zorita, Asedera, Navalvillar y Mérida, a este o a la persona que él quisiere, e incluso pone coto a San Felices de los Gallegos.

El señor clavero de Calatrava debería entendérselas con el maestre de Alcántara, conde de Coria, y con su hermano. El duque de Alba traspasa a Gómez Solís la encomienda de Mérida y la fortaleza de San Felices. Y así el conde de Coria se da por contento y satisfecho por todo lo dicho por el duque de Alba.

Queda firmada la escritura cuyo ítem principal es el trueque, cambio o permuta de la ciudad de Coria, por las villas y lugares que fueron tierra de Trujillo, donde sigue apareciendo don García Álvarez de Toledo como conde de Alba, corriendo el 26 de octubre de 1472, ya que hasta 20 de diciembre de ese año no se hicieron efectivos los títulos de conde de Alba y de marqués de Coria.

La dificultad de la cesión de la ciudad de Coria y su tierra queda demostrada por la tardanza con que llegan las noticias a la Catedral de Coria, desde Alba de Tormes, desde donde, todavía el 6 de marzo de 1473, dice que: “Don Gutierre Álvarez de Toledo, conde de Alba y señor de Valdecorneja, para favorecer a los miembros del cabildo, ordena a sus aposentadores que no alojen huéspedes en casas de esos eclesiásticos” (3).

Puso rápidamente en marcha la reorganización territorial el marqués de Coria, don García Álvarez de Toledo, pues en 1474 otorga los oficios de “justicia y gobernación” de la ciudad a Alonso Enríquez, siendo nombrado este oficio, desde ese momento, como el de Corregidor. Así, en 1528, sabemos que ejercía el corregidor Pacheco. En 1531, Antonio Vázquez fue sustituido por Diego de Tejada que tiene como letrado a Antonio Vázquez.  

Estos nombramientos no sólo se entroncaron en la tradición político-social de los “concejos de villa y tierra”, donde el Corregidor era la figura preponderante del control del territorio, actuando incluso en el nombramiento de los alcaldes y regidores de los concejos municipales de las villas y lugares a su cargo, sino también en la aprobación y desarrollo de las ordenanzas por las que debía regirse la villa (Coria) y sus tierras ( en nuestro caso Acebo, Hoyos y Perales), una vez que consiguen que deje de estar en vigor el fuero real de Coria, que los duques de Alba, marqueses de Coria aceptaron hasta 1535. Este fuero de Coria, perteneciente a la familia foral de Ciudad Rodrigo, es un fuero de frontera, concedido a la villa de Coria seguramente en 1164, por Fernando II de León, y aplicado en Villasbuenas de Gata (Villabona) en 1256.

NOTAS:

1.- Monsalvo Antón, José Mª. “El Sistema político concejil. El ejemplo del señorío medieval de Alba de Tormes y su concejo de villa y tierra” . Universidad de Salamanca. Salamanca 1988. Cita Archivo de la Casa de Alba, C. 143.15

2.-  Palacios Martín, Bonifacio. “Colección diplomática medieval de la Orden de Alcántara (1157?-1494). De 1454 a 1494”. Concierto entre el conde de Alba y el maestre de la Orden de Santiago, afectando al maestre de la Orden de Alcántara, Gómez de Solis. B. ADAlba, caja 192-25. Fundación San Benito de Alcántara. Editorial Complutense SA. Madrid 2003.

3.- Martín Martín, José Luis.  “Documentación medieval de la Iglesia Catedral Coria”. 232/1473, marzo, 6. Alba de Tormes. ACC, leg. 64, nº 2. Ediciones Universidad de Salamanca. Salamanca 1989.

4.- Escudo de la Casa de Alba en la ciudad de Coria, (Cáceres). Para ver situación consultar el blog de Paloma Torrijos. “Historia y Genealogía”. “Coria. Castillo y palacio de los Alba”, del sábado 18 de mayo de 2013.

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