La huella de Alba en Sierra de Gata (VII)

Los arrieros que partían del Acebo, seguirían hacia los Hoyos, para llegar a la altura de la Sierra de Santa María de la Peña en Perales, que es buen monte de osos en invierno y en verano, que paran los cazadores en el valle del Aguilar y en el Alcornocosa. De aquí hasta alcanzar las llanuras de Moraleja del Peral y el castillo de Milana, ya por la parte suave de la antigua calzada de la Dalmacia que les llevará hasta la ciudad de Coria, y así poder vender el genero producido en estas localidades serragatinas, tales como aceite, vino, miel, cera y, seguramente, los famosos encajes de Acebo (1)

Ciudad Medieval
Ciudad Medieval

Cargados de ilusiones parten los arrieros
en búsqueda de anhelados sueños;
sueños de cargas, caminos y comparsas,
sueños de amores en fondas olvidadas (2).

En el tema de los caminos es importante la Mesta con tres citas. Una senda que viene desde Sepiello para Tinajas, y  la cañada que viene para la Sarsa (La Zarza), que se refieren a una misma cañada o cordel que bajaba desde el Puerto de Perosín hasta Piedras Albas y Zarza la Mayor y que podría tratarse de la actual denominación como Cañada Real de Gata y el carril de la Calzadilla, como desviación desde Perosín hasta Coria (1).

Hay que tener en cuenta que los ganados que bajaban por el Puerto Real de Perosín se dirigían a las tierras de Alcántara y a otras tierras del oeste extremeño. La ruta atravesaba la Sierra de Gata para dirigirse a Perales, Cilleros y, por Vegaviana y la dehesa de Malladas, a Moraleja y Coria y, desde ahí, a las tierras de Alcántara.

El Puerto Real de Perosín era una especie de aduana (peaje) para el pago de la renta de montazgo, obligatoria para el paso del ganado. Estaba situado en el desfiladero de Perales, en la Sierra de Gata, a medio camino entre Moraleja y Ciudad Rodrigo. Creado el montazgo en 1270, fue suspendido provisionalmente en 1749 y, definitivamente, en 1758. Muchos autores identifican el Puerto de Perosín (Rocovilla-Pedrosin), con el Puerto de Perales (Perícola), antes de que este tomara el nombre del Pereiro. Fue en Acebo donde se escrituraron las obligaciones para el pago del servicio de montazgo correspondiente al citado Puerto Real de Perosín. Para que nos hagamos una idea del flujo de ganado, en 1603 se contabilizaron 120.270 cabezas, con un ingreso de 1.138.563 maravedís (3).

Continuando con esta historia de la huella dejada por la Casa de Alba en Sierra de Gata, recordemos que en principio Coria, ganada definitivamente a los moros por Alfonso VII de León (1142), pertenecía al rey, convirtiéndose en ciudad de realengo, con fuero concedido por Fernando  II de León (1164), pero luego le fue dada en tenencia a Fernán Chamizo (1304) y posteriormente al maestre de Alcántara, conde de Coria, (1308). Luego esta Orden permutaría la ciudad de Coria al duque de Alba (1474), que obtendría título de marqués de Coria, quedándose en ciudad de señorío, con todas sus aldeas y territorio que dependían en lo económico, fundamentalmente, de la agricultura y la ganadería y, en lo político, de la ciudad de Coria, con la consiguiente fragmentación de poder.

Los duques de Alba nombrarían entonces, como corregidor de la ciudad y su tierra, a Alonso Enríquez, estableciendo este puesto y sus funciones, de ahí en adelante, como jerarquía omnipresente en todas las decisiones jurídicas, políticas, económicas y sociales que aconteciesen en su jurisdicción, en la que se encontraban los lugares del Azevo, los Hoyos y Perales.

Los duques de Alba fueron constituyéndose en una familia poderosa, propietaria de grandes fincas urbanas y rurales, extendidos por distintas comarcas, gracias a las donaciones reales y a los matrimonios de sus miembros con otras altas noblezas. Por debajo de ellos se encuentraban otros nobles hereditarios y nobles hijosdalgo, menos pudientes pero que fueron consiguiendo exenciones fiscales del rey. Exento de pechos quedaba también el clero que se unía en este privilegio, tanto en la ciudad como en sus aldeas, a los caballeros,  militares y escuderos, con ciertas exenciones. Junto a estos, gozaban de notoriedad los hombres buenos pecheros, tenentes o no de tierras, con la diferencia que pagaban impuestos.

Luego quedaban pastores, lavanderas, criados, peones, porteros, herreros, olleros, tejeros y todos los demás vecinos y vecinas sujetos a vasallaje, con la particularidad que los artesanos alternaban, por lo general, su oficio con la tenencia de tierras, ya fuesen en arrendamiento o propiedad.

En resumen que, junto al 80% de campesinos, artesanos y burgueses, se alzaba una minoría privilegiada formada por la nobleza y el clero que se repartían no sólo el poder sobre tierra y vasallos sino también los impuestos, que pagaban las clases trabajadoras no tocadas por la vara de las exenciones. Estos pagos recaían, sobre todo, en los pecheros, obligados por la legislación vigente a pagar los más variados impuestos sobre todo aquello que producían, llegando estos a superar el 60% de lo producido. El sistema imperante permitía a la nobleza la creación de mayorazgos, con el principio de cesión por herencia en el primogénito. Incluso los hijodalgos más pobres se veían beneficiados de este sistema al estar exentos de pagar pechos.

A partir de ese momento surge un sistema de relación local entre hombres buenos pecheros, pagadores de impuestos, e hijosdalgo, nobles poseedores de ciertos privilegios, y entre todos estos con los aldeanos, vecinos de las aldeas, y villanos o burgueses, vecinos de las villas y las ciudades.

El hecho de que fuese la nobleza (señorío) la encargada del cobro de los impuestos, ya fuese por servicio ordinario o extraordinario, alcabalas o cualquier otro, no sentó nada bien en las Tierras de Coria ya que fue algo que chocó contra las costumbres, de las aldeas de realengo, acostumbradas a atender directamente las pretensiones de la corona, sin la intermediación de la nobleza, a través de los corregidores. De realengo fueron los tres pueblos de Acebo, Hoyos y Perales, al menos hasta la llegada a Coria de Fernán Chamizo y, posteriormente, de la orden de Alcántara.

La ciudad de Coria, era también importante por tener concedidas y reconocidas en su fuero, ferias. Esto le permitía disponer de días de mercado de productos y ganado, al  que acudían no sólo los vasallos y vasallas de su Tierra, sino también de otros territorios y comarcas. Una feria en el día de Santa María, de mitad de agosto, y una segunda feria de cuaresma, que podían durar hasta ocho días. Y arre que te arre por esos caminos de Dios.

Pasadas las ferias muchos mercaderes se acercaban a los pueblos para ofrecer su mercancía. Si bien los tres pueblos serragatinos de Alba, marqués de Coria, mantenían una distancia considerable con la ciudad de Coria, para unos tiempos de carros y mulas. Recordemos que el ejercito de Almanzor o el de Abderramán III, avanzó hacia el norte en una distancia de 30 Km al día, que es la que separa Coria de Sierra de Gata.

Acebo, Hoyos y Perales lindan entre sí, conformando tres términos municipales distintos en una sola jurisdicción. Así el término de Acebo linda al sur con el del lugar de Hoyos y Perales y este al norte con el de Hoyos, comunicados entre sí por caminos y veredas y, hacia Coria, por la antigua calzada de la Dalmacia y la cañada real de Gata.

Tomados los tres términos municipales como un todo tendría como límites: al levante con la villa de Gata y Villas Buenas, al poniente con la villa de Trevejo,  al norte con la villa del Payo y al sur con la villa de Moraleja y la villa de Cilleros.

NOTAS:

2.- Fragmento de un poema de Carlos Alberto Valle Sánchez, “A los arrieros”.

3.- Para este tema ver: Melón Jiménez, Miguel Ángel y Rodríguez Grajera, Alfonso. “Aportación al estudio de la ganadería trashumante: El Puerto Real de Perosín. (Siglos XVII y XVIII)”.    Norba. Revista de arte, geografía e historia. Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. 1983.

Dibujo 1.- El mercado en la ciudad medieval. Origen no conocido.

Dibujo 2.- La ciudad Medieval. Origen no conocido.

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