Un obispo acebano en la diócesis cauriense (IV)

El obispo Diego Martín fue conocedor del acto del descendimiento de la Cruz en la Alta Extremadura, dentro de la diócesis de Coria, de la que tomó su mitra, y  sabe que, por tradición popular, esta celebración se lleva a cabo también en Acebo, su pueblo natal

El Descendimiento. Roger van der Weyden (1400-1464). Oěleo sobre tabla. Museo del Prado. Madrid. Dominio puěblico
El Descendimiento. Roger van der Weyden (1400-1464). Oěleo sobre tabla. Museo del Prado. Madrid. Dominio puěblico

De la prohibición del descendimiento de la Cruz 

No es de extrañar que en la calma de la bonanza económica, el obispo fray Diego Martín, tuviera tiempo para entender los problemas que le originaba la escenificación de la crucifixión de Jesucristo. Tales fueron las pecaminosas cosas que le contaron que llegó a prohibirla en 1788, bajo la disculpa de los abusos y corruptelas que acarreó esta práctica. 

Era el descendimiento o desprendimiento de la Cruz una costumbre religiosa que se remontaba al siglo XV y que, precisamente, había sido impulsada por los frailes franciscanos al amparo de la cofradía de la Santa Vera Cruz, a la que le toca y conviene este oficio, pues en el Monte Calvario están las cruces que ella tiene por insignia y cofradía. 

La cofradía de la Santa Vera Cruz era la encargada de organizar el Vía Crucis, posiblemente contando con la colaboración de los frailes franciscanos del Convento de Santiago. El recorrido iba desde la iglesia parroquial a la ermita del Cristo del Humilladero, donde se encontraba y se encuentra la imagen del Cordero Bendito, y de aquí al Calvario, en el alto de San Juan. 

Se observaban  paradas en las catorce estaciones que representan la Vía Dolorosa, quince en la reforma de Juan Pablo II. Las últimas paradas frente a las tres cruces del Gólgota que, es posible, fueran en un principio de madera para facilitar la representación de la crucifixión y el descendimiento o se levantarán junto a las actuales de piedra para, una vez instituida la prohibición, quedar solo ellas. 

El obispo Diego Martín conoce de la tradición del descendimiento en la Alta Extremadura, dentro de la diócesis de Coria, de la que tomó su mitra. Sabe que esta celebración se lleva a cabo también en Acebo, su pueblo natal. 

Ermita del Cristo. Acebo. Cafeì Bar Carlos. Foto Kiko Rodriguez Estevez

Antes de que él llegase a la ciudad de Coria, procedente de Ceuta, se adquirió el precioso Cristo (s.XVII) que yace en una urna situada actualmente en el retablo de la Epístola de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Acebo, bajo la imagen de la virgen dolorosa de la Soledad. Otra virgen Dolorosa ocupa un espacio en la actual ermita del Cristo, a las fueras del pueblo. 

Es posible que este dicho retablo, datado en el siglo XVIII, provenga del Convento Franciscano de Santiago, aunque conviene recordar que la cofradía de la Vera Cruz, natural responsable de la custodia de la Cruz, tenía bajo su responsabilidad la ermita del Cristo del Humilladero.

La Ermita del Cristo del Humilladero de Acebo es recogida en el Libro de Visitas y Cuentas del Archivo Diocesano de Cáceres, con asiento en 1592. También en el interrogatorio del Catastro de Ensenada (1753) y en la encuesta de la Real Audiencia de Extremadura (1790). Como las demás contaba, en sus cercanías, cedidos derechos para la plantación de pies de olivos, frutales, otros cultivos y ganados que son propios de estas ermitas, por los que no pagan impuestos y tienen derecho de fruto.

Sin embargo el conocido como Diccionario de Madoz (1820), la nombra como destruida, al igual que las de San Blas, Santa Bárbara, los Dos Santos y la del Cordero, que está última sirve de cementerio. Lo mismo ocurre en el Diccionario Geográfico de España (1956) que dice que hubo varias ermitas como la del Cristo, San Blas, Santa Bárbara, Dos Santos y Cordero. 

Los humilladeros son un lugar de devoción situados en las proximidades de los pueblos, pero también descanso del caminante. Samuel de Sousa decía que en los desfiladeros de Sierra de Gata había ermitas, construidas por iniciativa de los frailes de los conventos cercanos de pueblos limítrofes, ora para su refugio en temporadas de nieve y lluvia, durante sus viajes apostólicos; ora para el amparo de los transeúntes, a los que suministraba techo, lumbre, alguna nuez, higo paso y el cuscurro de pan por los ermitaños ejercitando la caridad. Luego vendrían los ventorros.

La ermita del Cristo del Humilladero en Acebo, ubicada en el barrio de ese nombre, que es la única existente hoy día, se construyó durante la etapa barroca. De planta rectangular ha sido rehabilitada en el siglo XX, añadiéndole, en la entrada, dos columnas de piedra de sillería provenientes, seguramente, de los soportales del Ayuntamiento sobre la Calle de Pasaderas. Junto a esta ermita se encuentra un crucero de piedra que pudiera datarse en el siglo XVI. Las cruces de piedra señalaban, generalmente las encrucijadas de caminos, las entradas y salidas de los pueblos, las entradas a los monasterios y, en algunos casos, para indicar el sentimiento cristiano del lugar. 

En el caso de Acebo está señalando la entrada norte del pueblo ya que, el Barrio del Cristo es posterior y, si nos fijamos en su colocación, está indicando al caminante la calle de bajada a la Plaza Mayor. Pero también se trata de una cruz de término que, curiosamente es conocida en muchos sitios como cruz de humilladero. Esto es, por una parte señala el principio del pueblo y, por otra, la entrada a la ermita que decimos del Cristo del Humilladero. También estos cruceros tenían su parte práctica ya que invitaban al campesino y caminante a la plegaria y al descanso, ofreciendo un sitio cubierto del sol y de la lluvia 

El Cristo yacente, en su urna, y la virgen de la Soledad tienen una especial importancia en la tradición religiosa de Acebo, en la procesión del Santo Entierro, mientras que la virgen Dolorosa acompaña al nazareno Cordero Bendito, ya con la cruz a cuestas, al Monte Calvario, enclavado en la zona del San Juan, donde parece existía una ermita.  

Estas imágenes tuvieron esencial protagonismo escenificando el descendimiento en el templo parroquial, como antes pudo serlo en el mismo Monte Calvario, donde tendrían un singular protagonismo el Convento Franciscano de Santiago y la cofradía de la Santa Vera Cruz, incluso después de su primera prohibición en 12 de enero de 1788 y de la definitiva de 1836. En cualquier caso, como hemos comentado, la procesión de las Cruces sigue actualmente realizando su recorrido al Calvario.

Lo cierto es que nuestro obispo fray Diego Martín vio como, poco a poco, se iban introduciendo abusos y corruptelas en el descendimiento de la imagen del cadáver del sacro santo árbol de la cruz.

Aquel tiempo en que los fieles acudían al rito con lágrimas de un corazón contrito y humillado, con el olor y frutos de buenas obras y con los sentimientos interiores de una devoción y piedad sólida, se ha perdido. Aquel espíritu y fervor, de los cristianos de estos tiempos, por la sagrada y dolorosa representación, especialmente cuando se ejecuta en los campos, han degenerado en miradas licenciosas, en conversaciones mundanas, en voces destempladas, en suspiros y lágrimas materiales,… , ha decaído en una tramoya de invenciones. A los actos religiosos concurren toda clase de personas de ambos sexos por las noches y, con el pretexto del recorrido del vía crucis y de velar la sagrada imagen, cometen toda clase de promiscuidades y desórdenes.

Por todo ello don Diego Martín, desde el obispado de Coria, decidió suprimir la función de la crucifixión y el descendimiento provisionalmente, hasta que la prohibición de la representación y sermón del desprendimiento se hizo definitiva no sólo en los campos, sino también en las iglesias. Sustituyó, el obispo acebano, el sermón del Descendimiento por el de la Pasión y, en su caso, por el de la Soledad.

Fray Diego Martín quiso asegurarse que la providencia fuese observada en su totalidad por los curas, so pena de veinte ducados, advirtiéndoles de la privación de licencia de predicar en todo el obispado de Coria. 

Sin embargo la ciudad de Salamanca, como en otros lugares, en la mañana del Viernes Canto, se celebra actualmente el Acto del Descendimiento en el Campo de San Francisco, cuyas ordenanzas fueron aprobadas por don Luis Fernández de Córdoba Portocarrero, obispo de Salamanca, el 5 de marzo de 1615. Consiste en un sermón seguido del desenclavo de la Cruz de una figura articulada de Cristo, exposición en besapies e introducción en el sepulcro. 

Esta debió ser la costumbre popular en la localidad de Acebo. La cofradía de la Vera Cruz o de la Santa Cruz organizaría las actividades el Viernes Santo, en un principio dentro de la Ermita del Cristo del Humilladero. En ella estarían colocadas las tres cruces, una con la figura de Cristo articulado llevado anteriormente en santa procesión desde la iglesia Parroquial y, otras dos, con los ladrones, además de las imágenes de la Virgen y de San Juan (Ladeau). Desclavado y descendido el cuerpo de Cristo, tras presentarlo a la Virgen y proceder al besapies, se deposita en el interior del lecho de tafetán amoratado de la acristalada urna, para trasladarlo a la Iglesia Parroquial, una vez celebrada misa en la ermita el primer día de resurrección, como tenía por costumbre la Vera Cruz.

Recordemos que la ermita del Cristo del Humilladero se encontraba a las afueras del pueblo, ya que el barrio, que tomó su nombre, se formó en tiempos de la explotación de las minas de wolframio (1914-1953). Es muy posible que posteriormente, el citado acto, se trasladara al Calvario de San Juan y, posteriormente, a la Iglesia Parroquial, hasta su prohibición definitiva.

No obstante, pasado el  tiempo, esta sacra costumbre fue recuperada por las cofradías y los fieles de los pueblos y se mantuvo hasta entrado el siglo XX. En Acebo, ya en el interior de la iglesia parroquial, se representaba con la colocación una gran cruz de madera con el Cristo crucificado, sobre el que los fieles cumplían el acto del besapies (1).

1.- Para más información ver José Mª Domínguez Moreno. “La función del descendimiento en Coria”. Revista de Folklore nº 77. Página 147. Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular. Valladolid. 1987) y Serafín Martín Nieto. “El Amparo y el Calvario: dos ermitas de la sacrosanta vía cacereña (parte II) 1. CHDE Trujillo. Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. 2012).

Foto 1.- "El Descendimiento". Roger van der Weyden (1400-1464). Óleo sobre tabla. Museo del Prado. Madrid. Dominio público. 

Foto 2.- Ermita del Cristo. Acebo. Café-Bar Carlos. Foto Kiko Rodríguez Estévez.

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