RELECTURA DE LEÍDOS. Hombres libres de Acebo (II)

Las reuniones de los Comuneros de Acebo se siguieron celebrando después de reconocida la Regencia del Reino en mayo de 1823. En octubre de ese año, un grupo de vecinos realistas del propio lugar de Acebo, dirigieron un escrito al Corregidor de Coria, que ocupaba la plaza como interino, denunciando las reuniones comuneras habidas en ese Pueblo durante el sistema Constitucional

 

Puente Carreciá
Puente Carreciá

Fernando VII fue llevado primero a Sevilla y luego a Cádiz ante la eminente entrada de los franceses de Los Cien Mil Hijos de San Luis en Madrid.

Asediada la ciudad de Cádiz por las tropas francesas, el Rey pide salir a negociar con los sitiadores con la promesa de que si la necesidad exigiere la alteración de las actuales instituciones políticas de la Monarquía, adoptaría un Gobierno que hiciese la felicidad completa de la Nación, afianzando la seguridad personal, la propiedad y la libertad civil de los Españoles.

De la misma manera el Rey prometió un olvido general, completo y absoluto de todo lo pasado, sin excepción alguna y aseguró que todos los Generales, Jefes, Oficiales... del ejército y armada que hasta ahora se habían mantenido en el actual sistema de Gobierno, conservarían sus grados, empleos, sueldos y honores.

Una vez en libertad Fernando VII realizó una jugada similar a la de su liberación de Valençay: olvidó todo lo prometido.

Si entonces lo fue mediante el Manifiesto de los Persas, ahora lo sería por Decreto de 1º de Octubre de 1823, publicado por la Gaceta de Madrid el 7 de octubre.

El Rey anuló todos los actos del Gobierno llamado Constitucional, desde el 7 de marzo de 1820 hasta el citado 1º de octubre de 1823 y aprobó todo cuanto se había decretado por la Junta Provisional de Gobierno y por la Regencia del Reino. Había sido creada aquella en Oyarzun el día 9 de abril y esta en Madrid el día 26 de mayo, ambas en el año dicho de 1823. Firmado por su Real Mano en el Puerto de Santa María.

Si el Rey Fernando VII marchó al exilio de Francia siendo deseado y volvió, tras su liberación, siendo felón, ahora salía del asedio de Cádiz siendo liberal para, en el mismo Puerto de Santa María, volverse absolutista y conservador. Y de nuevo una cruel represión y dura persecución de todo lo liberal.

Si en el año de 1814, tras la afrancesada, nada menos que diez mil españoles abandonaron la Patria, acusados de afrancesamiento, en el año de 1823 la represión absolutista hizo que se desplazasen a Inglaterra más de mil familias, a las que hay que sumar las que prefirieron Francia, Portugal, Bélgica o América, como tierras de exilio.

Juan Martín “El Empecinado”, que tanto contribuyó a la victoria sobre los franceses en la Guerra de la Independencia, fue muerto a bayonetazos el 19 de agosto de 1825. Durante los dos años anteriores fue expuesto metido en una jaula, durante los días de mercado. Humillación innecesaria, como lo fue el arrastrar por las calles de Madrid al general del Riego.

Don Rafael del Riego fue ejecutado en la plaza de la Cebada de Madrid el 7 de noviembre de 1823, como medida ejemplificadora. Como ya dije, su muerte fue humillante para un militar ilustre que actuó como moderador de los dos bandos y que pretendió el perdón de los españoles que, de una u otra manera, participaron en la causa de la libertad.

Muchos más murieron, exiliaron o fueron desterrados. Entre los exiliados liberales, algunos condenados con penas de muerte, iban el economista Mendizábal, el naturalista Lagasca, los escritores Goristia, Trueba y Cossío, Martínez de la Rosa, el Duque de Rivas, Espronceda y Alcalá Galiano, entre otros muchos.

El Capitan General de Madrid, don Francisco Ballesteros fue exiliado a Inglaterra. El teniente general don Pablo Morillo, conde de Cartagena y marqués de La Puerta es desterrado a Francia. Don José O´Donnell, I conde de La Bisbal, murió en 1834, exiliado en Montpellier (Francia) y el general don Francisco Espoz y Mina fue exiliado también a Francia.

El mariscal José María Torrijos sería, primero exiliado a Inglaterra y luego fusilado en Málaga, junto a su tropa, sin proceso ni condena. Como lo sería Mariana Pineda en Granada y también el conocido sacerdote Diego Muñoz Torrero.

Esto por sólo nombrar a los principales pues se dice que murieron treinta mil personas y encarcelaron más de veinte mil, sólo por gritar ¡Viva la Constitución!.

El mal gobierno de este Rey Borbón trascendió a su muerte, acaecida en Madrid el 29 de septiembre de 1833, en forma de la primera guerra carlista donde el infante Carlos María Isidro se enfrentó a la que reinaría como Isabel II y este Rey, Fernando VII, está mereciendo un unánime juicio negativo por parte de todos.

Insisto en todos estos tristes acontecimientos porque cercenaron la continuidad del sistema Constitucional y la libertad de los españoles que tenían puesta sus esperanzas en aquellos gobiernos y para que se entienda lo complicado de la tesitura en que quedaron los comuneros y liberales españoles en general y los de Sierra de Gata y Acebo en particular. Una coyuntura mucho más grave si cabe, al tratarse de personas sin la relevancia social, política y militar de otros que pudieron crear sociedades Numantinas y/o ser ayudados en su camino al exilio. Bien es cierto que la cercanía de la frontera portuguesa permitía a los liberales serragatinos una posible vía de escape.

Para colmo de desdichas los comuneros acebanos, fueron denunciados por un grupo de realistas, convecinos de Acebo, comandados por un Conde de la Cañada que se mostraba lleno del mayor entusiasmo por su Rey y Señor, por el Altar, por la felicidad de la nación y la prosperidad y quietud de su Pueblo y que nada le importó delatar a unos vecinos por sus ideas liberticidas y comuneras y demás excesos cometidos como afectos al extinguido Sistema Constitucional.

El alcalde escribano, Fernando Estévez Rico no se llevó nunca bien con su primo, encumbrado aquel por la Corona que otorgó a su familia título nobiliario y a la que debía fe ciega.

No estaba solo el Conde de la Cañada en la delación de las actividades comuneras de los hombres libres de Acebo. La denuncia, interpuesta ante el Corregidor de Coria don Félix Herizo Morales y el escribano de número don Pedro Rodríguez Escobar, iba firmada además por Pedro Rodríguez de Cáceres de 36 años, Antonio de Paz y Franco de 38 años, Manuel Perales, Alejo Martín de 53 años, José Pérez Alviz, Andrés González de 42 años, Miguel Chance de 38 años, Antonio Martín de 25 años y Antonio Martín Moreno de 26 años, todos vecinos de Acebo.

Entre todos se confabularon para denunciar a otros vecinos de su mismo Pueblo simplemente por pensar distinto, sin importarles el dolor y el llanto de las familias que con ellos compartían el amor por Acebo y Sierra de Gata. La justificación para tal felonía era clara porque la motivación que les guiaba no era otra que la lucha para eliminar a los liberticidas comuneros y demás sectas infernales que osaron levantar la cabeza contra el Trono y el Altar y, sobre todo, contra la felicidad de la Nación.

Los comuneros de Acebo eran altivos y no guardaban la castidad y pureza que atesora la Santa Iglesia, a pesar de que la Carta Magna apostaba por este pensamiento religioso, ni guardaba las debidas compostura y humildad propios de una sociedad decorosa, es más, estos desalmados comuneros, acostumbraban a convocar ciertas reuniones secretas, durante este trienio que va desde 1820 a 1823, han tenido a todo el vecindario en la mayor opresión por sus insultos y amenazas, aseguraba la facción realista.

La ferocidad del grupo de vecinos realista fue tal que no se conformaron con una primera denuncia sino que, no siendo la sentencia dictada por este primer tribunal de su agrado, denunciaron una segunda vez a los llamados comuneros, en el más cruel de los ensañamientos, como veremos en su momento.

Corría el año de 1823, siendo ya el final del Trienio Liberal, abolida la Constitución de Cádiz por el Rey Fernando VII y anulada todas las Leyes y Decretos que emanaron de ella. No por ello los liberales de Acebo se achantaron sino que siguieron luchando por sus ideas, incluso después de establecida la Regencia del Reino en Madrid por el SAR el duque de Angulema, primo del rey español, que entró en España al mando de las tropas llamadas de Los Cien Mil Hijos de San Luis.

Lu actividad liberal disminuyó en Acebo tras la denuncia de los realistas, pero sobre todo tras la caída de los principales líderes de la revolución. Rafael del Riego ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid (1823) y Juan Martín El Empecinado preso en 1823 y después asesinado (1825).

No fueron los únicos liberales en Extremadura. Vecinos de Villanueva de la Serena. Badajoz, reconocieron haber pertenecido a la sociedad de los comuneros, igual ocurrió en Plasencia, Alcántara, Torrejoncillo y en La Codosera, los tres primeros pertenecientes a la provincia de Cáceres y, el último nombrado, a la de Badajoz. También son encausados los comuneros de las capitales de provincia extremeñas en Cáceres y Badajoz.

La crueldad de la represión motivó que Rusia, Francia e Inglaterra presionarán al monarca español acerca de sus radicales medidas políticas de represión. Fernando VII, por medio de un Real Decreto de 1 de mayo de 1824, promulgó un indulto, que se publicó en la Gaceta de 20 de mayo, pero tan limitado y poco generoso que provocó, si cabe, un número mayor de emigrados entre las filas liberales, que anteriormente no habían sido molestados.

“ARTICULO 1º. Concedo indulto y perdón general con relevación de las penas corporales ó pecuniarias en que hayan podido incurrir, á todas y á cada una de las personas que desde principios del año de 1820 hasta el día 1º de octubre de 1823, en que fui reintegrado en la plenitud de los derechos de mi soberanía, hayan tenido parte en los disturbios, excesos y desordenes ocurridos en estos reinos, con el objeto de sostener y conservar la pretendida constitución política de la monarquía, con tal que no sean de los que se mencionan en el articulo siguiente”.

A la tardanza en publicar el esperado indulto, que se creía consensuado y conseguido con la liberación del Rey Fernando VII del supuesto cautiverio de Cádiz. Tras un primer artículo esperanzador por el que parecía que realmente se estaba concediendo una amnistía amplia. La decepción para todas aquellas personas que, de una manera u otra habían participado, con pensamiento u obra, de la idea liberal, surgió de un segundo artículo.

Por este, quedaban exceptuados del perdón y, por consiguiente deberán ser oídos, juzgados y sentenciados con arreglo a las leyes vigentes, los autores de la rebelión de Cabezas…; de Madrid de 1820 …; de Ocaña …; la Junta Provisional…; civiles, políticos, jueces…; escritores, editores, …; responsables del Madrid de 1822,…; comandantes de partidas de guerrillas…, y un tan largo etc., que en expresión castiza dirían “Aquí no se salva ni Dios”.

Ya no había momento para la esperanza y comenzaba ahora la incertidumbre de una ardua defensa de su libertad personal, ahogada la colectiva, una vez que tomaron la decisión de no abandonar España hacia un seguro destino.

Relectura de los libros:

1.- “El liberalismo exaltado. La confederación de comuneros españoles durante el Trienio Liberal”. Editorial Fundamentos. Madrid 2007.

2.- Adolfo Barredo de Valenzuela y Arrojo Ampelio Alonso de Cadenas López. “Nobiliario de Extremadura”. Tomo III. Ediciones de la Revista de Hidalguía. Madrid 1998.

3.- Foto: Puente de Carreciá. Acebo. Cáceres. Lugar habitual de encuentro de los liberales por su proximidad con la Sierra.

Nota.- El nombre de Carreciá se refiere a Carrera o Carretera de la Ciudad, en alusión a Ciudad Rodrigo. Salamanca. El Puente de Carrecía pudo estar construido en el siglo XVI, en la etapa de transición al Renacimiento, aprovechando el tiempo de construcción de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles.