Here comes the moon al cielo de la Sierra

El día de la Luna es el lunes, su metal la plata y su color el blanco. En las creencias de la Alquimia, de la “boda química” entre los principios opuestos, que la Luna y el Sol representaban, nace la perfección del mercurio filosófico, la “piedra filosofal”. Disfruta con nosotros de los magníficos vídeos de George Harrison y Jimmy Webb con la Luna como protagonista

La luna y la alquimia
La luna y la alquimia

“Es como un hermano pequeño del Sol, // O la madre de las estrellas por la noche. // Y aquí está, y aquí llega. // Aquí llega la Luna, la Luna, la Luna”

(“Here comes the moon”, George Harrison)

En su libro “Poemas a la noche” decía de ella Rilke que era “de los objetos, el más incomprensible”. Y muy descaminado no estaba.

Reina de la noche, medida de los meses, frágil, cambiante, símbolo del paso del tiempo, por su fase de creciente los cuernos la representan, llena de manchas que en la imaginación de los pueblos han sido ladrones de leña castigados o liebre y conejos, pero siempre viva y poderosa, en un tiempo incluso considerada capaz de embarazar a las mujeres, cuyas menstruaciones regulaba y cuya esencia dominaba, señora de las aguas y sus mareas y madre de la vegetación.

Su día es el lunes, su metal la plata y su color el blanco. En las creencias de la Alquimia, de la “boda química” entre los principios opuestos, que la Luna y el Sol representaban, nace la perfección del mercurio filosófico, la “piedra filosofal”.

Es el único satélite que tiene la Tierra y, de todo el Sistema Solar, el mayor en relación con su planeta, alrededor del que gira en una órbita elíptica, unos 5º inclinada con respecto a la eclíptica y por tanto variando entre 28º (23º+5º) y 18º en relación con el ecuador celeste, lo que es importante para su visibilidad y regularidad.

Sobre su origen se ha afirmado que se habría desprendido de la Tierra, como una gota de fluido (“hipótesis de fisión”) o que existía ya como un pequeño planeta que quedó atrapado por la atracción gravitatoria de la Tierra (“de captura”) o que las dos se formaron a la vez y del mismo material (“de acreción binaria”), pero el modelo más defendido actualmente es el “del impacto” oblicuo de un gran objeto contra la Tierra, a una velocidad de unos 5 kilómetros por segundo, y de los restos de la colisión nació la Luna, cuya materia procedería sobre todo del manto rocoso del otro objeto.

¿Y qué decir de sus ciclos? Lunáticos. Tarda 27,3216 días en dar una vuelta alrededor de la Tierra, colocándose en la misma posición con respecto al fondo de estrellas (por eso se llama “mes sidéreo”), y como es el mismo tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de su propio eje, vemos siempre su misma cara, pero emplea 29,5305 días en volver a la misma fase lunar (“mes sinódico”, del griego “mismo camino”, en alusión a que la Luna y el Sol han de estar igualmente alineados para repetir la fase. También se llama “lunación” o “mes lunar”) y 27,2122 días si consideramos el paso consecutivo por el mismo punto de los dos en que su órbita corta a la eclíptica (“nodos”), lo que se llama “mes draconítico” porque antiguas creencias se imaginaban a un dragón devorando a la Luna en los eclipses (el nodo ascendente era la cabeza del dragón y el descendente, la cola). Si, finalmente, nos fijamos en dos pasos consecutivos por el “perigeo” ( el punto de su órbita en el que está más cerca de la Tierra, a   356.375 km ), el tiempo es 27,5545 días (“mes anomalístico”).

Teniendo en cuenta que su órbita va variando por una franja de unos 10º con respecto a la eclíptica, y que a lo largo de ésta los nodos van cambiando su posición, dando una vuelta completa en 18 años y 7 meses, y que el perigeo también se va moviendo, empleando 9 años en volver al mismo punto ​relativo…¡Madre mía!, ¿podemos imaginarnos la dificultad para ajustar los calendarios basados en la Luna con el solar?, ¿y para calcular el momento en el que todas las fases lunares volverán a repetirse en los mismos días del año (19 años. Lo descubrió en el 423 a.C. el astrónomo griego Metón, y fue tan importante que se grabó en oro en una columna, llamándosele por esto “número áureo”)?, ¿y para predecir los eclipses, el de Sol, con la Luna nueva, y el de Luna, en la Luna llena, pero además más o menos alineados Sol-Tierra-Luna (al año varían entre 2 y 7, y cada 18 años y 11 días se repiten, lo que se llama “periodo de saros”, de una palabra sumeria que significaba “grande”)? En fin, una locura, así que vamos a terminar con algo cultural más ligero, relacionado con la Semana Santa, ya que acabamos de pasarla.

En el Concilio de Nicea (325 d.C.) se puso orden, entre otras cosas, en el lío que había entre las distintas comunidades cristianas para elegir la fecha de celebración de la Pascua de Resurrección. Se decidió que sería el primer domingo después de la primera Luna llena posterior al equinoccio de la primavera del hemisferio norte. Considerando que éste es el 21 de marzo (aunque puede oscilar) y que había que evitar la coincidencia con la Pascua judía, esto hace que no sea antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril (Si justo el 21 de marzo fuera el día siguiente a la Luna llena, tendríamos que esperar otra lunación, que son 29 días, lo cual nos llevaría al 18 de abril, pero si éste ya fuera domingo, para evitar la coincidencia con los judíos tendríamos que esperar al domingo siguiente, es decir, 7 días, o sea, al 25 de abril).

Y ya no puedo más. Me voy un poco a descansar al lado oscuro de la Luna.