El siglo XIX (VII). Alfonso XII (1875/1885)

Con el sistema político establecido por Cánovas tras la restauración borbónica se institucionalizaron la oligarquía y el caciquismo, como dijera Joaquín Costa. Nuestros pueblos regresaron a un sistema parecido al viejo régimen señorial, nunca extinguido del todo. Las figuras más destacadas, bien por su riqueza o por su influencia sobre los medios próximos al poder impusieron su voluntad política sobre la mayoría de la población. En aquella Sierra donde los nuevos ricos merced a las sucesivas desamortizaciones encontraron el gusto por la política vivieron personajes notables. Veamos dos de nombre conocido y otro desconocido por el que personalmente sentimos gran simpatía

Laureano García Camisón
Laureano García Camisón

Personaje notable debió ser el doctor Camisón. El doctor don Laureano García Camisión nació en Villanueva de la Sierra aunque su familia era originaria de Torre de don Miguel. Profesor de la Universidad Central, su fama le hizo ser nombrado médico personal del rey don Alfonso XII, lo que ciertamente era un honor y a la vez una obligación muy arriesgada ya que el monarca era el paradigma del mal paciente.

Víctima de una tuberculosis galopante Alfonso XII hacía caso omiso de las recomendaciones de su médico. Se le aconsejaba tranquilidad y él se esforzaba por aparentar una vida normal, (en realidad, desordenada) tanto por motivos políticos como porque su propio temperamento era poco dado a un régimen sanitario estricto. Nos ahorraremos toda la historia de la enfermedad y la muerte de Alfonso XII. Digamos que trasladado desde el Palacio Real a El Pardo el día 31 de octubre de 1885, por creerlo más adecuado para la salud regia, ésta fue, sin embargo, agravándose. En la mañana del día 25 de noviembre cuando el doctor Camisón fue a hacerle la visita habitual, vio que sufría una gran disnea. Le aplicó la entonces habitual inyección de morfina que ayudase al enfermo a sobrellevar sus sufrimientos. El resultado no pudo ser mas inmediato: el rey dejó de sufrir porque murió casi en el acto. 

El doctor Camisón, dueño del castillo de Coria y de numerosas propiedades en el término municipal de esta ciudad fue diputado por Coria entre los años 1891 y 1907.  Adoptó como hijo a Pedro Sánchez Ocaña, padre del escritor y político Rafael Sánchez Mazas.

Aunque gran parte de las fincas desamortizadas fueron adquiridas por especuladores y absentistas y en consecuencia fueron mal explotadas, no todos los nuevos propietarios fueron iguales. Hubo algunos ciertamente ejemplares, como don Ambrosio Frades Suazo. 

Era éste vecino de San Martín de Trevejo y con algunas fincas procedentes de la orden de Alcántara y otras adquiridas a particulares se propuso hacer una finca modelo. En el paraje de La Granja, término municipal de Valverde del Fresno, en un terreno hasta entonces inculto hizo extensas plantaciones de vides y olivos y regeneró los pastizales. 

Su buen hacer fue tanto que hasta el gobierno de la nación, siempre cicatero, supo de su meritoria labor. Para premiarla se le concedieron privilegios poco usuales en la época: 

- Exención del servicio militar a los hijos del señor Frades y a los de los colonos que allí nacieran. 

- Exención del pago de contribución durante veinte años; generosidad que dados los afanes recaudatorios de la Hacienda, en cualquier tiempo y circunstancia, era muy de agradecer. 

 Y concesión de la placa de Isabel la Católica para don Ambrosio a fin de que con justicia pudiera anteponer a su nombre algo que en verdad era: excelentísimo señor. 

La antigua granja modelo hoy sigue conservando el nombre, pero repartida entre los herederos de su fundador ha perdido su carácter modélico. 

Y ahora vamos a hablar de un personaje cuyo nombre nadie sabe con certeza y por quien el autor de estas líneas tiene gran simpatía, entre otras cosas porque al igual que ese enigmático personaje en lo único que cree con certeza es en el amor.

El siglo XIX es el siglo del Romanticismo, de la preponderancia de la irracionalidad sobre la timorata razón, de la desmesura, del tirar la casa por la ventana para deslumbrar a la amada, o al padre de la amada que en la mayor parte de los casos venía a ser más eficaz. 

Uno que más que tirar la casa por la ventana lo que hizo fue sembrar de ventanas la casa fue el constructor de la llamada Casa Grande, de Cilleros. Un cronista de nuestra comarca escribió: “Esta casa, en un pueblo, no tendría explicación, a no ser por la imaginación de un loco o por la de un enamorado, y en este caso fue lo segundo. Un señor mandó una misiva requiriendo de amores a una señora encopetada, la que con desaire le contestó imponiéndole esta condición: Cuando tengas construida una casa como la mía seré tuya. El enamorado galán dio principio a la obra, y terminada se quedó sin la mano de la bella (posiblemente cansada de esperar) y... el bolsillo bastante mermado”, es decir, en la ruina. ¿Verdad o mentira? Si es verdad nadie negará que es una hermosa historia de amos

En cualquier caso, el edificio es ciertamente notable, tal vez el único, de los de uso particular, que tenga interés en esa por lo demás agradable y acogedora villa. Se dice –en evidente hipérbole- que tiene tantos huecos (puertas y ventanas) como días el año.