La cristianización de Sierra de Gata

Habremos, pues, de concluir que si queremos presumir de un cristianismo antañón y de gran raigambre hemos de admitir la posibilidad, que no la certeza, de que el cristianismo en Sierra de Gata fuera introducido después del siglo VI por las hipotéticas diócesis suevas o visigodas de Ciudad Rodrigo y Coria
Salvaleón. IMAGEN DE FRANJO ANTÚNEZ
Salvaleón. IMAGEN DE FRANJO ANTÚNEZ

La verdad es que con certeza no sabemos nada al respecto. Y todo lo que podemos hacer es formular hipótesis.

El cristianismo en esta comarca fue un fenómeno relativamente tardío puesto que se han encontrado aras votivas, fechables en el siglo III, dedicadas a los dioses romanos e indígenas. Cabe, pues, pensar que el cristianismo en Sierra de Gata no es anterior al Bajo Imperio (finales del Imperio Romano). Acaso date de la época de los pueblos germanos. O puede que los serragateños fueran unos paganos (unos aldeanos retrasados culturalmente) y que se cristianizaron después de la Reconquista. Veamos las dos primeras hipótesis.

Si fue introducido a finales del Imperio Romano hemos de tener en cuenta algunos datos suficientemente conocidos que no obstante repetimos aquí para mejor comprensión del tema.

El cristianismo primitivo era una religión esencialmente urbana. En las zonas rurales se seguían practicando los antiguos cultos. Como quienes viven en una ciudad siempre han tenido, y tienen, un cierto desprecio por quienes viven en un pequeño pueblo a las religiones precristianas se las llamó, con un cierto sentido peyorativo, paganismo (de pagus=aldea) término que hoy podríamos traducir como aldeanismo o si se quiere paletismo.

Si ese cristianismo primitivo era esencialmente urbano es lógico suponer que el cristianismo que se predicó en la comarca se hiciera a través de los centros urbanos más próximos.

Esos centros urbanos más próximos a Sierra de Gata eran: Cauria (Coria), la proteica Mirobriga más tarde llamada Augustobriga la cual al alborear el siglo III se conocía como Civitas Augusta y que en la actualidad es Ciudad Rodrigo, Lancia Oppidana (El PayoNavasfrías) e Interamnia (Salvaleón). Cabe pensar que las crisis del siglo III redujeran a su mínima expresión a la mayor parte de ellas e incluso que algunas se ruralizaran totalmente, como pudo ser el caso de Lancia Oppidana y de Interamnia.

Lo malo de esta hipótesis es que no hay constancia de que ninguna de esas ciudades fuera entonces sede episcopal. No obstante, hay quien piensa, con más voluntad que certeza, que Ciudad Rodrigo y Coria –diócesis a las que históricamente perteneció Sierra de Gata- sí lo eran. Así, Nogales Delicado afirma que “Constantino hizo, en el año 310, la división eclesiástica de España creando cinco metrópolis: Toledo, Sevilla, Tarragona, Braga y Mérida y a ésta adscribió como sufragánea la de Augustobriga, llamada ya Civitas Augusta”; es decir, se afirma que la diócesis de Ciudad Rodrigo ya existía a comienzos del siglo IV. Por otra parte, Madoz -quien no es precisamente infalible, pero que tampoco se inventa las cosas, ya que escribe cuanto las personas más autorizadas de cada lugar le dicen- asegura que la diócesis de Coria se creó por la misma época.

La moderna crítica histórica rechaza la pretendida división eclesiástica de España hecha por Constantino; por lo tanto la hipotética cristianización de Extremadura y con ella de Sierra de Gata durante el Imperio Romano a través de las diócesis de esas dos ciudades resulta difícil de creer.

Más posibilidad hay de que el cristianismo en nuestra comarca sea de raíz germana, bien sueva o bien visigoda, a través de las dos ciudades indicadas.

Respecto a Ciudad Rodrigo, M. Hernández Vegas, quien tal vez sea el mejor conocedor de la historia eclesiástica de esa diócesis, se pregunta con bastante voluntarismo: “¿Se reedificaría también entonces [durante la dominación sueva] Civitas Augusta y se restauraría su silla episcopal?”. Y decimos que la pregunta anterior se hace con bastante voluntarismo porque en el índice de parroquias o Parroquial suevo no aparece Ciudad Rodrigo (bajo ninguno de sus nombres) aunque sí está Caliabria (hoy en Portugal) como parroquia de Viseo y de esta Caliabria, que aparece como diócesis el año 633, Ciudad Rodrigo siempre se consideró sucesora, aunque en esa fecha sería ya visigoda.

En lo referente a Coria, Navarro del Castillo opina que “...la diócesis de Coria...acaso sea un desgajamiento de la diócesis de Augusta Emérita, pero ya en época visigoda, sino es que lo fue durante el corto período suevo en el que las comunicaciones de unas iglesias con otras fueron muy difíciles”; a pesar de esa buena voluntad para explicar el origen de la diócesis de Coria de lo único que tenemos constancia es que dicha diócesis se constituyó provisionalmente poco después del 860 y en forma definitiva en 1164.

Habremos, pues, de concluir que si queremos presumir de un cristianismo antañón y de gran raigambre hemos de admitir la posibilidad, que no la certeza, de que el cristianismo en Sierra de Gata fuera introducido después del siglo VI por las hipotéticas diócesis suevas o visigodas de Ciudad Rodrigo y Coria.

Ese voluntarismo, es decir, esa pretensión de darnos una pátina de antigüedad en presuntos documentos históricos tuvo una derivación que por curiosa y divertida, exponemos seguidamente.

Don Joaquín de las Cuevas fue un poeta, al menos así se autotitulaba, que a principios del siglo XVIII mantuvo una curiosa polémica, sobre la mayor antigüedad de la iglesia de Villamiel que su vecina la de Trevejo. Dos hojas del escrito que el señor de las Cuevas envió al cura de Trevejo han llegado hasta nosotros y nos proporcionan muy curiosas noticias, algunas de las cuales exponemos seguidamente.

En el año 589, en el III Concilio de Toledo, Recaredo hizo confesión de su fe católica. Y según don Joaquín, en ese mismo concilio se delimitaron las diócesis de Coria y Caliabria (Ciudad Rodrigo). En el criterio de nuestro poeta esto viene a confirmar la existencia de ambas diócesis y en consecuencia la de un territorio limítrofe. Durante siglos, Villamiel fue el pueblo más meridional de la de Ciudad Rodrigo; sin mayores motivos don Joaquín viene a deducir de ello que por entonces -III Concilio de Toledo- Villamiel ya existía y ya pertenecería a la diócesis de Ciudad Rodrigo (lo fue hasta 1958).

Y para reafirmar su tesis sobre la antigüedad de este pueblo de dulce nombre, don Joaquín presenta la que él cree prueba irrefutable. En ese mismo concilio el rey “publicó sus armas: tres clodoveas lises en reverencia de las tres divinas personas en un escudo, y en otro: su retrato y el de Hermenegildo con tres fajas que servían de cogullas...Los dos escudos se ven parejos (en la misma casa) de Villamiel”. Al margen de que sea cierta o no esa publicación de las armas (el escudo) de Recaredo, tanto en la Villamiel del siglo XVIII como en la de comienzos del siglo XXI, esas “tres clodoveas lises” aún pueden contemplarse. Se han perdido -y debió haberlos porque en su momento la categórica afirmación de su existencia era fácilmente comprobable- los retratos del rey y su hermano Hermenegildo, que según afirma nuestro autor, también existían.

Aunque no venga a cuento, como las “tres clodoves lises” figuran hoy en el escudo de España explicaremos que significan y cual es su origen. Clodoveo fue un rey franco pagano y bastante peleón. Estaba casado con Clotilde, una católica ejemplar que estaba empeñada en meterlo en vereda o lo que es lo mismo en cristianizarlo. Clodoveo se resistía. En el transcurso de una batalla que estaba a punto de perder prometió que si vencía se haría no ya cristiano arriano como eran otros muchos francos, sino cristiano católico; es decir, admitiría que Jesús, Cristo, era el Hijo o segunda persona de la Santísima Trinidad. Venció y cumplió su promesa. Como escudo de arnas adoptó tres flores de lis (las “tres clodoveas lises”) que significan la igualdad de las tres personas de la Trinidad. Ese escudo con las tres flores de lis fue a partir de entonces el de los reyes de Francia. Cuando los Borbones, familia real francesa, pasaron a ser reyes de España siguieron empleándolo y por eso está hoy en nuestro escudo.

Pero sigamos a don Joaquín: “Año 630. Rigió la Iglesia, Honorio I, hijo de Pretonio (sic) Magdalo, natural de Campania, de linaje consular y señor del castillo de Magdalo, descendiente legítimo de Santa María Magdalena. (Lorenzo Berlainge: “Teatro vitae humanae”, tomo 15). Tituló en España cincuenta y dos iglesias con el patrocinio de tan penitente santa. Dice el cardenal César Baronio, tomo 6, que entre ellas fue Toledo, en su parroquia; Villamiel de aquella provincia; Casa Vieja de Andalucía, y otro pueblo en las rayas lusitanas” . Como la iglesia de nuestro Villamiel estaba y está bajo el patronazgo de Santa María Magdalena y cerca de las rayas lusitanas (la frontera con Portugal) don Joaquín quiere dar a entender que la iglesia de este pueblo se constituyó entonces, durante el reinado del visigodo Suintila.

Para reforzar su argumentación sobre la antigüedad de Villamiel el voluntarioso don Joaquín recurría a la llamada Hitación de Wamba. Durante mucho tiempo se creyó que en el reinado de Wamba se hizo la primera delimitación rigurosa de las diócesis peninsulares. Es lo que se conoce como la Hitación (poner los hitos) de Wamba. Se ha demostrado que tal división es falsa, pero don Joaquín no lo sabía y dejó escrito: “Llega el de Ciudad Rodrigo [el obispado] una legua más allá de un pueblo corto llamado Lamasso, por la parte de Salvaleón. Lamasso en término gótico es Miel”. Ese Lamasso para don Joaquín era el actual Villamiel. Y para dar más fuerza a su aserto cita al arzobispo don Rodrigo y su obra “Comentario gótico”. Don Joaquín, lo dice él mismo, hablaba de memoria, pero en cualquier caso el hipotético Lamasso puede que no sea invención suya. Moreno de Vargas, cita al padre Mariana, según el cual la primera división de diócesis en España fue hecha por Constantino (lo que no es cierto, como ya se ha dicho), el cual “Al quinto [arzobispado] dio a Mérida, ciudad principal, y con ella le consagró Pax Julia, que es Beja, Lisbona, Egitania, Coimbra, Lamego, Évora, Coria, Lampa, que o es Salamanca o un pueblo llamado Lamaso en tierra de Ciudad Rodrigo”. En este caso la confusión se acentúa, puesto que Lamaso ya no sería gótica de origen sino romana ¿acaso el poblado de Los Pozos?, y tampoco sería un pueblo cualquiera, sino una sede episcopal; demasiado.

De todas las maneras alguna localidad sí que debía haber por aquí. El mismo Moreno de Vargas, citando al Tudense (historiador del siglo XIII) dice, y se refiere a la división de Wamba: “Caliabria teneat de Sorta usque Albenam, de Soto usque Faram”. Si los límites que se dan se corresponden a Norte, Sur, Este y Oeste, en ese orden, vemos que según el Tudense la diócesis de Caliabria (Ciudad Rodrigo) llegaba por el Sur hasta Albenam, localidad que nos es perfectamente desconocida. ¿Pudo ser esa hipotética Albenam la actual Villalba (Villa Alba), en el término municipal de Villamiel y que siempre fue el límite meridional de la diócesis de Ciudad Rodrigo?

Sabemos que la presunta división de Wamba no fue más que un intento de justificar los límites, no siempre justificables, de las diversas diócesis peninsulares basado en la propaganda oficial del reino de León que se consideraba sucesor legítimo del reino visigodo, el cual pretendía restaurar. Pero, si la división de Wamba es puro invento, los nombres no lo son. En su momento, en el de su redacción, correspondían a localidades reales y perfectamente identificables. Otro tanto puede decirse, y por los mismos motivos, de la de Constantino. En cualquier caso nos quedará la duda: ¿Podían encontrarse en el actual término de Villamiel los antiguos y desconocidos topónimos de Lamasso (Miel) y Albenam (Villalba)?, ¿Podría identificarse cualquiera de ellos con Los Pozos, el importante poblado romano del que hemos hablado en otro artículo y del cual se ha perdido el nombre?

Al margen de las anteriores elucubraciones, que no han de ser consideradas falsas del todo puesto que los nombres no se inventan fácilmente pudiera ser que bien durante la época sueva o bien durante la visigoda ya hubiera cristianos por aquí porque hay restos, que tradicionalmente se han datado en esas épocas.

Ejemplos. La lápida sepulcral encontrada en Torrecilla de los Ángeles dedicada a la memoria de una tal Licia o Egolicia, correspondiente al año 520 (en este caso, bien puede ser de origen suevo).

También se ha dicho que la ermita de San Miguel de la Viña en Robledillo de Gata fue construida el años 606; es decir, durante el reinado del visigodo Witerico.

Se afirma, sin ninguna prueba para ello, que la imagen de San Sebastián rodeada por dos obispos que se halla en Villamiel, en una casa de la calle Darío Bacas (cerca de donde están las “tres clodoveas lises”) es goda y que procede de la ermita de dicho santo que estaba situada en la parte alta del pueblo, en el barrio aún llamado de San Sebastián (donde hoy está la ermita de la Piedad). Por lo visto dicho santo, militar de profesión, tuvo gran aceptación entre los godos, quienes establecieron en la península un régimen militar (eran apenas doscientos mil y se impusieron por la fuerza a los casi cinco millones de hispano-romanos).

Como casi siempre. Cada uno puede pensar lo que quiere respecto al origen y fecha del cristianismo en nuestra comarca. ¿Romano?. ¿Suevo?. ¿Visigodo? Elija la opción que elija tiene grandes posibilidades de haberse confundido. Pues, que bien.

NOTA: La imagen es un Grabado de posible origen visigodo en una casa de Villamiel.

Representa a San Sebastián rodeado de dos obispos: ¿San Fabíán y San Damián?.

Dibujo de Agustín Flores