Sierra de Gata durante la Alta Edad Media (Siglos VIII a X)

Cuando el año 1031 se produjo la división de Al Ándalus, la Sierra debió recuperar un tanto la paz y tranquilidad porque no hay ningún tipo de noticias de ella y ya se sabe que la Historia tiende con harta frecuencia a contar las desgracias
Almanzor en óleo de Zurbarán
Almanzor en óleo de Zurbarán

Ya hemos dicho que la inestabilidad política de la España musulmana dependiente de Damasco por las luchas continuas de los árabes entre sí y de los árabes con los beréberes, más el continuo cambio de emires, las malas cosechas y la dureza del clima en la Meseta Norte, obligaron a los beréberes a abandonar la cuenca del Duero a mediados del siglo VIII.

Esta situación de desgobierno en al-Ándalus permitió que el rey astur Alfonso I (739757) (yerno de don Pelayo y sucesor de Favila, su propio cuñado quien yendo a cazar osos fue cazado por uno de ellos) se envalentonase. Después de conquistar Galicia, el Norte de Portugal y la ciudad de León, Alfonso I se atrevió a descolgarse de sus montañas y bajar a la cuenca del Duero que se había convertido en algo así como una tierra de nadie.

Después acudió en plan de aventura, más que de conquista, en ayuda de los mozárabes de la Meseta Sur, que o bien habían sido desposeídos de sus tierras por los beréberes o estaban en trance de serlo.

En una de sus expediciones tras pasar por Gata (llamada Agatum en la Crónica de Alfonso III, y que no sabemos muy bien si se refiere a la villa homónima o a la sierra) y por Coria llegó a las proximidades de Mérida. En el viaje de regreso le acompañaron numerosos mozárabes. Estos, por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, añoraban la tradición visigótica y doloridos por las vejaciones y despojos a los que recientemente habían sido sometidos empezaron a hablar de la “pérdida de España”. Con esos mozárabes y con otra gente de la Meseta del Duero, Alfonso I repobló algunas comarcas del Norte, entre ellas la Trasmiera o región de Entrambasaguas y las Asturias de Santillana. A los naturales de esta última comarca se les llama en la actualidad coritos; ¿derivará este gentilicio de Coria?, ¿se llamaría a los mozárabes de Coria trasplantados a la región cantábrica con ese apelativo?

La idea de la pérdida de España hábilmente explotada por los huidos mozárabes sentó las premisas para presentar la Reconquista como lucha entre dos religiones. El profesor J.L.Martín (quien dicho sea entre paréntesis pasó temporadas en la villa de Gata donde su cuñado estaba de secretario) dejó escrito que sólo a partir de este momento puede hablarse de un reino cristiano en el Norte, porque hasta entonces astures, cántabros y vascos muchos de los cuales no eran ni cristianos lo único que habían defendido era un sistema de vida propio, frente a la organización hispanogoda, primero y la árabe, después.

La muerte de Alfonso I coincidió con la llegada al poder de Abd al Rahman I. Sus sucesores, los llamados reyes holgazanes astures: Fruela I (hoy lo llamaríamos Froilán), Aurelio, Silo, Mauregato y Vermudo además de tener que soportar nombres tan raros, ya tuvieron bastante quehacer con lograr recaudar el dinero para pagar las parias o impuestos que les exigía el emir Abd al Rahman I.

Alfonso II, llamado el Casto porque no se sabe que tuviera relación alguna con las mujeres, fue algo más valiente y llegó hasta Ciudad Rodrigo; pero de ahí no pasó. Ramiro I, con bastante buen sentido se dedicó a construir hermosos palacios.

Finalmente llegó al trono alguien más decidido quien quiso visitar nuestra tierra. Ordoño I (850866) aprovechó las sublevaciones de las marcas fronterizas y las revueltas de muladíes y mozárabes paralelas al comienzo del emirato de Muhammad I (852866) para ir ganando terrenos hacia el Sur. Después de la segunda batalla de Albelda (859, origen de la mítica e inexistente batalla de Clavijo) cruzó Sierra de Gata y saqueó Coria. El suceso fue un notición en la época. El rey restauró la sede episcopal y se llevó prisionero al gobernador de la ciudad, un tal Zeth o Zeid, quien en medio del río revuelto que era la política cordobesa se daba aires de reyezuelo y en quien algunos han querido ver al presunto constructor del castillo de Trevejo. Poco después de que Ordoño I regresara a sus montañas asturleonesas, Al Mundhir hijo del emir volvió a tomar la ciudad de Coria y su obispo Jacobo de nombre pasó a serlo in partibus infidelium, es decir, que tuvo que salir huyendo y perdió su sede. Al Mundhir persiguió a los huidizos cristianos de la zona y los venció en Monsagro (Salamanca), batalla de gran importancia en el nacimiento del culto a la Virgen de la Peña de Francia.

Por aquello del divide y vencerás Zeid fue liberado por Ordoño I para que se enfrentara al hijo del emir. Debió tener poca suerte porque la historia no vuelve a hablarnos de él.

Años más tarde, Alfonso III (866910) aprovechó unas circunstancias muy parecidas a las de su padre para repetir su paseo por tierras caurienses, entre otras, y por supuesto serranas. Y al igual que el primer Alfonso, acogió a otro crecido número de mozárabes. Con parte de ellos repobló tierras de Zamora. Algunos de los de Coria fundaron el pueblo llamado Coreses.

Fue precisamente durante el reinado de Alfonso III y bajo la dirección espiritual de estos mozárabes recién llegados de Al Andalus cuando empezó a funcionar con toda eficacia el servicio de propaganda iniciado en tiempos de Alfonso I de que la guerra no era una cuestión civil, sino religiosa y cultural.

Se volvió a hablar de la pérdida de España, la batalla de Albelda se transformó en la de Clavijo, se inventó a Santiago Matamoros y se recreó el mito del tributo de las cien doncellas. Fecha importante para el fomento de ese nacional-catolicismo fue el concilio nacional astur celebrado el año 899 con motivo de la inauguración de un templo dedicado al Apóstol. Asistieron a él, entre otros obispos, el ya citado Jacobo de Coria y Teodomiro de Egitania, ambos in partibus infidelium, lo que quiere decir que Coria y su comarca, incluida la Sierra de Gata, seguían bajo control musulmán (de una familia de reyezuelos de Badajoz). Hay quien dice que pudo ser entonces cuando se levantó el castillo de Eljas, dándose por supuesto que el de Santibáñez el Alto ya existía.

Tras la muerte de Alfonso III siguieron unos años de relativa paz, apenas truncada por unas esporádicas excursiones que hicieron por aquí algunos reyes perfectamente irrelevantes.

Pero el llamado en nuestra geografía moro Almanzor lo echó todo a perder. A los pobres Ramiro III (966984) y Vermudo II (984999), Almanzor les hizo la vida imposible. Mientras el califa Al Hakam II se dedicaba a leer sin descanso y su hijo y sucesor Hisham II a pasar el tiempo en el harén y en otras diversiones igualmente entretenidas el citado moro (que no era moro) se enriquecía metódicamente desde su cargo de háchib o primer ministro.

Almanzor, cuyo nombre verdadero era Abu ‘Amir, tenía la mala costumbre de comenzar, a la llegada de cada primavera, unas aceifas o expediciones de saqueo por los reinos cristianos. Parece que sentía una especial y fatídica predilección por el Oeste peninsular. En la mayor parte de las ocasiones concentraba sus tropas en Mérida y desde allí las lanzaba directamente sobre Portugal (Viseo, Oporto, Braga,...); otras veces, tras pasar por Coria, atacaba el mismo corazón del reino de León o se lanzaba sobre Galicia. La ruta que se iniciaba en Coria habitualmente seguía la antigua vía de la Dalmacia y pasada la Sierra (donde ha quedado su recuerdo en el pico Almanzor, de Acebo) continuaba por lo que hoy llamamos el Rebollar, campo de Ciudad Rodrigo, etc. Este importante personaje que el año 981 se hizo llamar, muy pomposamente, alMansur billah, esto es: “el victorioso por la gracia de Dios”, y al cual los cristianos llamaron simplemente Almanzor, no dejó rincón del reino por saquear, pero hay que reconocerle que era gentil y agradecido con los cristianos colaboracionistas, que eran bastantes. Por ejemplo, cuando el año 997, y en la que se cree era su cuadragésima octava aceifa, iniciada en Coria, después de atravesar la Sierra llegó al salmantino campo de Argañán se encontró con unos caballeros gallegos quienes descontentos con el rey Vermudo II habían llegado para ponerse a su disposición y quien sabe si a “invitarle” a visitar su tierra natal. Almanzor se dirigió con tan lucido acompañamiento a Santiago de Compostela (no creo que haga falta recordar lo de las campanas llevadas a Córdoba). Al regreso y en el campo yermo de lo que hoy es Ciudad Rodrigo se despidió de los, para él, amables barones gallegos ofreciéndoles una espléndida recompensa.

Pero al Almanzor le quedaba poco tiempo de vida para molestar. Desde niños todos sabemos que en el año 1002 “en Calatañazor Almanzor perdió su tambor”, es decir, que fue derrotado y que murió poco después.

Cuando el año 1031 se produjo la división de Al Ándalus, la Sierra debió recuperar un tanto la paz y tranquilidad porque no hay ningún tipo de noticias de ella y ya se sabe que la Historia tiende con harta frecuencia a contar las desgracias.