Sierra de Gata en la plena Edad Media (siglos XI a XIII): La Reconquista definitiva

Hasta después de la batalla de las Navas de Tolosa 1212, que supuso la quiebra de la hegemonía musulmana, no estuvo Alfonso IX en condiciones de proceder a la conquista definitiva de la Sierra y la Transierra. El 11 de noviembre del mismo año se firmó en Coimbra una tregua, la tregua de los tres Alfonsos (Alfonso IX de León, su excuñado Alfonso II de Portugal y su exsuegro Alfonso VIII de Castilla) para no luchar entre sí
Alfonso IX
Alfonso IX

A Elena García, una villamelana de Bilbao, la más guapa de mis lectoras.

Si este cronista se decidiera a contar los vaivenes y cambio de poder en Sierra de Gata antes de que Alfonso IX la reconquistara definitivamente cabría el peligro de que Elena y otras lectoras como ella perdieran el juicio. Como no es ese su propósito por higiene mental va a sintetizar las cosas.

Digamos que en 1142 Alfonso VII el Emperador conquistó definitivamente la ciudad de Coria. Pero nuestra comarca seguía en manos musulmanas.

La recién reconquistada ciudad era un islote de territorio castellanoleonés unido al resto del reino por los valles del Alagón y Tajo ya que el Norte (Sierra de Gata) y el Sur (el mismo Tajo) eran musulmanes, y el Oeste, portugués, de Alfonso I, a quien el emperador acabada de dejar que se titulase rey. Aunque la Sierra estuviese en manos musulmanas, los caballeros leoneses conservaban sus títulos de propiedad que sobre ella tenían desde una conquista anterior.

Con Alfonso IX, un rey que personalmente al cronista le cae muy bien más que por sus hazañas bélicas por sus desventuras y aventuras amorosas, Sierra de Gata pasó a ser definitivamente territorio cristiano, leonés en concreto. Veamos como.

El reinado de Alfonso IX (1188--1230) se inició con muchos problemas para él: aspiración al trono leonés de su hermanastro Sancho, falta de dinero, animadversión de sus vecinos y parientes Alfonso VIII de Castilla (primo) y Sancho I de Portugal (tío).

Para buscarse aliados o al menos de conseguir la neutralidad de sus vecinos Alfonso IX pidió la mano de su prima Teresa, hija de Sancho I de Portugal. Ella era una adolescente de trece o catorce años, él andaba por los veinte. El matrimonio se realizó el año 1191 y en contra de lo habitual en ese tipo de matrimonios se enamoraron. Consta que gustaban de pasar bastante tiempo en tierras de Galisteo y Coria.

En 1195 el feliz matrimonio formado por Alfonso IX y Teresa de Portugal ya tenía tres hijos: Sancha, Fernando y Dulce, pero el papa alegando el evidente parentesco entre los esposos (primos hermanos) y la carencia de la oportuna dispensa, decretó la nulidad matrimonial. Con gran disgusto de ambos esposos hubieron de separarse, (doña Teresa, de unos diez y ocho años se metió monja; don Alfonso se buscó una amiga). El rey portugués consideró rota la alianza con León y atacó lo que le caía más a mano y creía más débil: Ciudad Rodrigo y la Sierra de Gata. Los portugueses robaron ganado, quemaron mieses y talaron árboles, pero fueron incapaces de conquistar territorio alguno. Dejaron, como siempre que venían por aquí por la fuerza, un mal recuerdo.

Después de su forzada ruptura matrimonial Alfonso IX se encontraba demasiado solo y con demasiados problemas. Malamente podía ayudar a su otro primo, Alfonso VIII de Castilla ante el peligro almohade que se avecinaba. Tras el desastre castellano en Alarcos, en ese mismo año de 1195 y temiendo la venganza de Alfonso VIII, el rey leonés tuvo que buscar nuevos aliados. Uno de ellos fue ¡el caudillo almohade!. Esa última alianza fue un auténtico escandalazo para todos ya que el Miramamolín (el califa almohade) además de ser enemigo de la fe poseía la Sierra y la Transierra (comarca de Coria), e incluso al año siguiente ocupó Plasencia, entre otras ciudades. El escándalo alcanzó tales proporciones que todos menos los leoneses, claro es se alegraron cuando el papa lanzó la excomunión contra Alfonso IX pena terrible en aquellos tiempos y castellanos y portugueses entraron a sangre y fuego en el reino de León.

A nuestro rey no le quedó más remedio para sus muchos problemas que tratar de mejorar su situación mediante un nuevo enlace matrimonial. Por medio de hombres buenos y granados, como dicen las crónicas, logró la reconciliación con su primo Alfonso VIII y la mano de la hija predilecta de éste, la inteligente Berenguela. Se casaron en 1197. En contra de lo habitual en los matrimonios regios ambos esposos también se enamoraron. Con la ayuda de Castilla, la Transiera volvió a la corona de León pero la Sierra siguió en manos musulmanas.

Pero ¡ay! el papa estaba decidido a no dejar vivir en paz a Alfonso IX. En 1198, alegando otra vez el parentesco entre los recién casados (tío y sobrina de primo hermano), anuló el matrimonio. Alfonso IX y su amada Berenguela prefirieron no darse por enterados y gozar de su amor durante dos años en las hermosas tierras de Coria, por las que sentían una especial predilección. El papa Celestino III, furioso y despechado, sacó una vez más su caja de penas y excomuniones y lanzó el entredicho sobre el reino. Y no contento con ello dirigió una carta a Sancho I de Portugal autorizándole a incorporar a su corona cuantos territorios pudiese arrebatar al reino de León. El matrimonio que tanto enojaba al papa siguió unido. El monarca portugués debió frotarse las manos de pura satisfacción: contar con el vicario de Cristo bendiciendo su espada y santificando su ambición no era algo que se daba todos los días. Entró, entre otros lugares, haciendo estragos en Sierra de Gata. .

Alfonso IX reaccionó rápidamente y no sólo deshizo el ataque portugués sino que infringió a su excuñado un notable escarmiento en la batalla de Pinhel. .

A partir de la batalla de Pinhel comenzó un intento de reorganización del escaso territorio que el reino de León poseía, o al que aspiraba, en la Sierra. Fruto de ese intento fueron unos cambios de propiedad, en alguna ocasión puramente nominal, en beneficio de las órdenes militares autóctonas y en perjuicio sobre todo de la Orden del Temple, que se había mostrado demasiado pro-portuguesa.

En 1202 el rey donó a la Orden del Pereiro la villa y castillo de Santibáñez, nuevo nombre del antes llamado San Juan de Mascoras. Inconveniente: seguía bajo el poder musulmán.

En 1203, el rey permutó a la Orden del Temple el castillo que ésta poseía en Milana (actual término de Moraleja) por el castillo real de San Pedro de Torace (Zamora); pero ocurría que Milana estaba en poder de los musulmanes y San Pedro de Torace lo retenía como prenda de sus rentas la reina doña Berenguela.

En 1204 Alfonso IX y su querida esposa Berenguela de Castilla, padres ya de cinco hijos, hubieron de separarse definitivamente. (Ella no volvió a casarse; él tampoco, pero recuperó a su primera amante y después tuvo hijos, todos reconocidos, con otras).

En 1205 Alfonso IX entregó a la orden del Pereiro (nombre primitivo de la futura orden de Alcántara) la aldea de Cadalso, que el rey había adquirido del arzobispo de Compostela a cambio de Puñonrostro y diez yugadas de tierra en el mismo Cadalso.

Hasta después de la batalla de las Navas de Tolosa 1212, que supuso la quiebra de la hegemonía musulmana, no estuvo Alfonso IX en condiciones de proceder a la conquista definitiva de la Sierra y la Transierra. El 11 de noviembre del mismo año se firmó en Coimbra una tregua, la tregua de los tres Alfonsos (Alfonso IX de León, su excuñado Alfonso II de Portugal y su exsuegro Alfonso VIII de Castilla) para no luchar entre sí. Además, Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León se pusieron de acuerdo para atacar cada uno por separado a los musulmanes próximos a sus propios territorios.

Fieles a ese pacto, en 1213 decidieron que Alfonso VIII se dirigiese hacia Córdoba y Alfonso IX hacia Sevilla. Alfonso IX concentró sus tropas en Ciudad Rodrigo; ese mismo año se dirigió hacia el Sur.

Alcántara era el destino inicial; tras pasar el puerto de Perales y para tener bien segura su retaguardia ordenó una limpieza previa de los enemigos que aún quedaban en Sierra de Gata. Los leoneses, ayudados por 600 caballeros castellanos, se dirigieron a las principales fortalezas de la zona: Trevejo, Salvaleón y Santibáñez de Mascoras. Después de su conquista, que se produjo con relativa facilidad, se produjo la definitiva repoblación de Coria y posiblemente, por estas mismas fechas, el rey otorgase el importante fuero que lleva su nombre.

Alfonso IX encargó la defensa de Santibáñez a la Orden de san Julián del Pereiro; los templarios reclamaron judicialmente la propiedad de este castillo que ya habían poseido; el pleito duró hasta 1220 año en el que los templarios renunciaron a Santibáñez y Portezuelo. Los hospitalarios (Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén) se conformaron con que se les dejase tranquilos en Trevejo (que también habían poseído con anterioridad)..

Alcántara fue conquistada el día de San Antón (17 de enero) de 1214. Como muestra de agradecimiento a los castellanos por la ayuda recibida, el rey hizo entrega de Alcántara a la Orden de Calatrava tres años más tarde; pero esta orden era esencialmente castellana y Alfonso IX estaba decidido a “leonizar” su reino en la medida de lo posible. El rey debió presionar para que Calatrava cediese la nueva propiedad a la Orden del Pereiro; esa cesión tuvo lugar el 16 de julio de 1218.

A partir de este momento, la Orden de San Julián del Pereiro, además de modificar el escudo con el peral sin hojas que habían adoptado los fundadores del Pereiro añadiéndole las trabas distintivas de la Orden de Calatrava, cambió de nombre para pasar a llamarse Orden de Alcántara.

Alfonso IX fiel a su propósito de fortalecer a las órdenes militares leonesas comenzó a cederle numerosos lugares y a organizar y tratar de repoblar el territorio; a este respecto y por lo que a la Sierra de Gata corresponde, citaremos:

El 16 de julio de 1219 el rey Alfonso IX donó a la Orden de Alcántara el lugar de Navasfrías en el término de Sabugal, con una legua de territorio alrededor; le fue confirmada su posesión a la Orden en 1226 por el mismo rey y en 1238 por el papa Gregorio IX.

El mismo año de 1219 el rey cedió a la Orden de Alcántara el castillo de Milana, que el monarca leonés había recobrado de la Orden del Temple cuando pudo hacerse efectivo el trueque por San Pedro de Torace, después de que este castillo hubiese sido devuelto a León a raíz de la paz firmada por Alfonso IX y su hijo Fernando III de Castilla en 1217. La toma de posesión por la Orden de Alcántara debió hacerse, no obstante, con posterioridad a 1220. Posiblemente ese mismo año se le donase a la Orden la propiedad de la cercana Moraleja del Peral.

La Orden recién bautizada como de Alcántara se veía obligada a repoblar y sacar así un rendimiento económico a las tierras que se le iban entregando, pero sucedía que el rey estaba también repoblando los pueblos de la ribera del Coa (hoy territorio portugués) a los que concedía un amplio fuero. La Orden quiso imitar al rey y por eso concedió a su aldea de Navasfrías, localidad próxima a la comarca del Coa, un fuero o carta de población en 1223.

Como los líos por intromisión de unos en tierras de otros debían ser frecuentes se hubo que proceder a delimitar los correspondientes términos municipales. Es lo que sucedió, por ejemplo, cuando Alcántara hizo efectiva su propiedad sobre Milana en 1226; se delimitaron los términos de Coria, Moraleja y Milana; en el documento correspondiente aparece por primera vez, que sepamos, el nombre de Cilleros.

Salvaleón, reconquistado definitivamente en 1213 había sido dado poco después, en tenencia, a la Orden de Alcántara para que lo repoblara; pero, como era más eficaz la repoblación que llevaba a cabo el rey, la Orden no tuvo demasiado éxito; para solucionar ese relativo fracaso Alfonso IX concedió a Salvaleón en 1227 un fuero que tenía como supletorio al de Coria.

Ese mismo año de 1227 se le debió otorgar a Santibáñez un fuero similar, puesto que en esa fecha se deslindó su término y por entonces apareció también su primer comendador, frey Miguel Sánchez posible fundador de Torre de don Miguel.

Al año siguiente, 1228, y estando en Galisteo Alfonso IX otorgó fuero a Trevejo para solucionar las diferencias surgidas entre la Orden del Hospital y los vecinos de la localidad; tenía como supletorio al de Ciudad Rodrigo.

Alfonso IX murió en 1230. Tenía seis hijos legítimos de sus dos esposas y diez hijos naturales de su media docena de amigas. A unos y a otros les dejaba buena herencia

Tanto Coria como la Orden de Alcántara reconocieron inicialmente como reina de León a doña Sancha (habida en el primer matrimonio de Alfonso IX, con Teresa de Portugal), por entender que esa era la última voluntad del monarca que tantas muestras de afecto le había dado. Poco más tarde prestaron obediencia a su otro hijo Fernando, Fernando III, rey de Castilla (nacido del matrimonio con Berenguela). El rey de Portugal hizo amagos de intervenir, pero afortunadamente todo quedó en nada. En ese momento, la estructura jurídica y territorial de la Sierra de Gata estaba ya prácticamente definida; con ligeros retoques duraría seiscientos años.

Durante el reinado de Fernando III (1230-1254) hubo aquí escasas novedades. Las más notables fueron la carta puebla o fuero de Villamiel en 1235, la confirmación (1238) de la propiedad de la Orden de Alcántara sobre Moraleja y sus villas, la aparición de una primera iglesia en Gata (1251) y la cesión definitiva (1253) en régimen de propiedad (hasta ese momento era tenencia) de Salvaleón a la Orden de Alcántara como muestra de agradecimiento por la ayuda prestada por la Orden en la conquista de Murcia; la donación quedaba condicionada a la no cesión a otro reino, precaución harto necesaria dada la proximidad de Salvaleón a la frontera portuguesa.

Este cronista recuerda con admiración y hasta puede que con envidia al buen rey Alfonso IX quien fue el creador, más que ningún otro rey, de la actual Extremadura (conquistó Cáceres, Mérida y Badajoz). Desearía que Elena, los demás lectores y los extremeños en general también lo recordasen.