Sierra de Gata en la plena Edad Media (siglos XI a XIII). Restos del románico

En un artículo anterior hablábamos de la vida del hombre común durante la época en la que floreció el arte románico y de las iglesias de este estilo en nuestra comarca. Prometíamos hablar de dos obras singulares que hemos atribuido a este período: la Mujer Panzuda y la Escarrapachá del Teso. En las líneas siguientes va lo prometido.

Al margen de los lugares de culto, iglesias y ermitas, de origen románico en Sierra de Gata quedaran otros restos de este período.Hasta no hace mucho tiempo en cualquiera de nuestras localidades podíamos ver viviendas plenamente medievales. La modernización está acabando con ellas y apenas si queda ya alguna aislada en cualquiera de nuestros pueblos. Caso aislado es el barrio del Cancillo, en Torre de don Miguel, que es el mejor, acaso el único, que se conserva de aquella época. No sería superfluo que los respectivos ayuntamientos les prestaran una adecuada protección.

Algo que creemos plenamente medieval y que sí ha sido bien protegido es la casa de la Mujer Panzuda en Villasbuenas de Gata, aunque en este caso la protección ha sido de iniciativa privada, en concreto de su propietaria la arquitecta doña Isabel García Jiménez a quien se deben las fotografías y la descripción de los elementos que hay en ella.

Los relieves existentes en dos ventanas de dicha casa tienen dos estilos, dos partes, que posiblemente obedezcan a dos propósitos bien diferentes: uno es la Mujer Panzuda propiamente dicha y otro algo puramente eclesiástico.

El calificativo más apropiado que hemos encontrado para la Mujer Panzuda esa el de enigmática. Ese relieve se encuentra en el alféizar de una ventana bajo una cenefa o paternóster de ocho gotas.

Representa a una mujer desnuda y grávida (¿de ocho meses como tal vez indiquen las ocho gotas del paternóster).

En un canecillo de esquina hay otra mujer, con el pelo recogido, que está pariendo. ¿Son dos escenas de una misma historia que trata de rendir homenaje en plena Edad Media, y de forma implícita, a la ancestral Gran Diosa Madre, símbolo de la fertilidad, tema éste tan repetido desde la Prehistoria como vemos en las llamadas “venus paleolíticas? No lo sabemos. Lo que sí se puede dar por seguro es que, en origen, su presencia allí tenía un fin que superaba lo puramente decorativo y que tenía un significado que las gentes de la época entendían perfectamente y que nosotros hemos olvidado. Es lo mismo que sucede con las relativamente abundantes mujeres pariendo que podemos ver en iglesias medievales y que no aluden precisamente a la maternidad de María.

El otro relieve se encuentra en el alféizar de una ventana en la fachada principal de la misma casa. Bajo otro paternóster de diez gotas hay un cordón con tres borlas en los extremos y bajo el cordón un zorro y un gallo. Las tres borlas hacen referencia a una jerarquía eclesiástica con categoría episcopal (los cardenales y patriarcas usan cordones con cinco borlas, los arzobispos con cuatro; los abades, deanes, arcedianos y otros canónigos con dos). Bajo el cordón se ve un gallo en actitud expectante por la presencia de un zorro.

El gallo que defiende el gallinero de las asechanzas del zorro es un tema muy antiguo del que se encuentran numerosas referencias literarias, por ejemplo, en las Bucólicas de Virgilio. En la Edad Media la escena del gallo y el zorro alcanza un significado religioso que se repite en las sillerías de muchas catedrales; una muestra inmediata, próxima y posterior (siglo XV) la tenemos en la silla de San Felipe en el coro alto de la catedral de Plasencia donde en la parte inferior del asiento (que sólo se ve si se levanta éste) se representa a un fraile con cabeza de zorro predicando a unas gallinas mientras el gallo muestra signos de descontento.

En la iconografía medieval el zorro es el símbolo del demonio y el gallo representa a San Pedro, o a la autoridad eclesiástica, y su vigilancia sobre la ortodoxia dogmática y moral. Es evidente que en este relieve el zorro y el gallo tienen ese simbolismo.

¿Quién colocó aquí ese símbolo? Las borlas nos indican que alguien que tenía categoría episcopal. ¿Acaso se quería indicar que esa casa era la recámara o el retiro donde el maestre de Alcántara –con jurisdicción similar a la de un obispo- solía pasar algunas temporadas en Villasbuenas según dice algún cronista de la Orden? ¿Lo hizo colocar el obispo de Coria para indicar que aunque Villasbuenas pertenecería jurisdiccionalmente a la Orden de Alcántara era él, el obispo, quien regía la iglesia de la villa?

En el dintel de la misma ventana se ven dos ángeles con palmas rindiendo homenaje a un cáliz sobre el cual hay una Sagrada Forma en la que se ha grabado al Niño Jesús. Es claramente posterior al alféizar. Cabe presumir que date del siglo XVI ya que tras la clausura del concilio de Trento (en 1563) los papas –y con ellos todas las autoridades eclesiásticas- pusieron gran empeño en reafirmar la doctrina tradicional de la iglesia respecto a la Eucaristía discutida por la Reforma. Esa simbología nos permite afirmar que la casa fue propiedad de la iglesia; ¿a quién, a la Orden o al obispo?

La otra obra singular de nuestra comarca, desgraciadamente desaparecida, era la Escarrapachá del Teso? Estaba en Villamiel. Bajo el alféizar de una ventana se veía mujer semidesnuda con las piernas abiertas (de ahí lo de escarrapachá), el sexo bien visible y los brazos extendidos; de ella tiraban dos seres deformes. Las jambas de dicha ventana estaban recorridas por un cordón que terminaba en cinco borlas; a ambos lados y en la parte superior del cordón había dos monos. En la parte superior, en el dintel, se veía una mujer con falda y los brazos extendidos en los que levantaba una copa, como en señal de triunfo; a su lado izquierdo una especie de león rampante parecía rendirle pleitesía.

¿Su significado? No se nos alcanza, pero habida cuenta de los dos cordones laterales que acaban en las cinco borlas patriarcales o cardenalicias no se puede negar su origen eclesiástico. En contra de lo que hoy podemos suponer las representaciones de mujeres desnudas con el sexo bien explícito en ámbitos religiosos no eran infrecuentes en la Edad Media. De las diversas interpretaciones que se han dado a estas figuras y teniendo en cuenta su origen eclesiástico cabe pensar que la Escarrapachá, y los dos seres deformes (¿dos demonios?) que tiran de ella, era una condenación de la lujuria. Los cordones eclesiásticos de las jambas, colocados verticalmente pueden simbolizar como si se sigue el correcto comportamiento que enseña la Iglesia y se da de lado a los pecados (los dos monos) y en especial a la lujuria se puede alcanzar la gloria, simbolizada por mujer que levanta una copa y a la que rinde pleitería un león. Esta mujer es Santa María Magdalena quien levanta la copa en la que según la tradición recogió la sangre derramada por Jesús en la crucifixión (así está representada en el retablo mayor de la iglesia parroquial).


La Escarrapachá estaba en el hospital “para pobres forasteros”, es decir peregrinos, que la Orden del Hospital de San Juan había levantado en un altozano, un teso, de Villamiel cuando esta villa fue repoblada en el siglo XIII. Frente a dicho hospital se construyó a comienzos del siglo XX una escuela para niños quienes, iconoclastas totales, jugaban a ver quien acertaba a dar con una piedrecita, una china, en el sexo de la susodicha escarrapachá. Un cura de piedad mal entendida y totalmente ignorante en cuestiones de arte y estética, la creía pecaminosa y la pidió la “Escarrapachá” a sus dueños para venderla. Con el dinero que obtuviese sufragaría parte de las obras que estaba haciendo para destrozar la iglesia parroquial eliminando, por ejemplo, la rica rejería que separaba el presbiterio del resto del templo o cambiando el púlpito de granito por otro de cemento. Era el año 1952. Los dueños atendieron la solicitud del cura y éste la vendió a alguien de la ciudad de Cáceres; fue desmontada y sacada del pueblo en un camión. . Se dice que la “escarrapachá” se colocó en un palacio cacereño; se sigue diciendo que dicho palacio, cuyo nombre ignoramos, fue posteriormente convertido en museo y abierto al público. No tenemos certeza de nada de esto último.

La escarrapachá del Teso es el tesoro perdido y llorado de Villamiel y por derivación de Sierra de Gata.

 IMÁGENES: Hoyos. Casa antigua. Este tipo de vivienda se mantuvo inalterable desde la Plena Edad Media hasta la segunda mitad del siglo XX. (Dibujo de Jesús Vázquez).

Villasbuenas. Casa de la Mujer Panzuda, Villasbuenas de Gata. (Fotografía de Isabel García Jiménez).

Villamiel. La desaparecida Escarrapachá del Teso en Villamiel