Siglo XVI (IV). Felipe II: Las iglesias

Durante el reinado de Felipe II España se convirtió en “martillo de herejes” o lo que es lo mismo nuestro rey se empeñó en perseguir a quienes se encuadraban en las amplias filas de lo que, genéricamente, llamamos protestantismo. Ese afán de que todos los europeos fueran católicos nos costó muy caro. En pagar y mantener a los tercios que luchaban con honor (y burreaban) por los Países Bajos y Centroeuropa se gastaba gran parte de la cuantiosa plata que venía de América. Hasta tres veces tuvo el rey que declararse en bancarrota o lo que es lo mismo en ruina total. Pero esa situación ruinosa no fue la tónica general del reinado ni del reino como le demuestra el hecho de que el aspecto de la mayor parte de las iglesias de Sierra de Gata date de entonces
Iglesia de Cadalso
Iglesia de Cadalso

Como ya se dijo, la larga paz interior iniciada con el reinado de los Reyes Católicos permitió que las energías y los recursos dedicados antes a la guerra y a la defensa exterior se dedicasen ahora a levantar los grandes monumentos locales que son, siempre, las iglesias.

La mayor parte de las ahora existentes en nuestros pueblos alcanzaron su traza definitiva en el siglo XVI. Casi todas se comenzaron durante el reinado de Carlos I y se terminaron en el de Felipe II. En algunas ocasiones fue preciso derribar las viejas iglesias de la época de la reconquista, algunas de ellas de influencia románica; de éstas sólo quedan restos en Torre de don Miguel, Hoyos, Cilleros, Trevejo y Valverde del Fresno.

En la construcción de las nuevas iglesias, al igual que había ocurrido antes con las catedrales, colaboraron todos los estamentos sociales porque una de las mayores vanidades o motivos de orgullo de nuestros antepasados era el tener mejor iglesia que la del pueblo vecino. Había, pues, que echarse para adelante y privarse incluso de lo necesario porque el prestigio del lugar estaba en juego y todo sacrificio, todo esfuerzo, era poco. En otras ocasiones era el señor del territorio el que se jugaba su prestigio. Ese fue el caso de las iglesias de Hoyos y Acebo. El duque de Alba quiso demostrar con ellas su magnificencia y que su dominio era más benéfico que el de la Orden de Alcántara, señora de casi todos los pueblos vecinos. Esta, aceptó el envite y trató de imitarle. Sólo lo consiguió en Gata; las iglesias de Valverde del Fresno, Cilleros, Torre de don Miguel, comenzadas con aire de grandeza, quedaron a medio hacer. Y así continúan.

Entre los arquitectos que más contribuyeron a dar el aspecto actual a nuestras iglesias destaca Pedro de Ibarra. Su vida es bastante desconocida. Se cree que fue el autor del Colegio de los Irlandeses en Salamanca, y que también trabajó en el palacio de la Salina, actual sede de la Diputación Provincial de la misma provincia. Desde la década de los cincuenta hasta su muerte, acaecida en 1570, fue Maestro Mayor de Obras de la Orden de Alcántara, aunque no obstante aceptaba encargos de pueblos ajenos a la jurisdicción alcantarina. Su huella puede verse en la iglesia de Santa María en Cáceres, y en las de Cadalso, Gata, Hoyos, Acebo, Cilleros, Torrecilla y en la capilla mayor de la de Torre de don Miguel.

De indudable menor importancia, pero de un cierto interés, y más por ser de Sierra de Gata, fue Francisco Hernández, vecino de Villamiel. Sabemos que durante diez años (1571-1581) dirigió las obras de construcción de la iglesia de Acebo que debió compaginar con trabajos en la iglesia de Cilleros donde trabajaba en 1574; otras obras suyas, bastante logradas, están un tanto lejos de su tierra natal. A él se debe la magnífica sacristía de la iglesia de Robleda (Salamanca) y parte de la iglesia de Olmedo (Valladolid).

La iglesia de Acebo. Si damos fe a la inscripción que aparece en la base del retablo mayor, esta iglesia empezó a construirse o a modificarse en 1508, posiblemente sobre un templo anterior que mientras fue posible siguió usándose para el culto. Las obras debieron ir con indudable lentitud, ya que hasta 1535 el culto no se trasladó a la ermita de san Sebastián. En esa fecha se produjo una reactivación de las obras. Desde ese año y hasta el de 1544 se levantaron la capilla mayor y las dos portadas laterales, todo bajo la dirección de Antonio de la Puente.

Años más tarde (1554 a 1546) se inició la construcción de la torre, que por su traza parece ser obra de Pedro de Ibarra. En ella se situaron las armas de la casa de Alba (borradas durante el Trienio Liberal, en el siglo XIX). Lo más notable de esta torre, a la que no sabemos ni cuando ni por quien se le agregó un antiestético chapitel, lo más notable de esta torre, decíamos, además de su esbeltez, es la escalera interior, de tipo San Gil, esto es, de caracol, pero dejando un hueco en el centro. El diámetro es de 3,75 metros. Sus 105 peldaños resultan comodísimos. Están fijos por un extremo al muro y por el otro se apoyan en el peldaño inferior, formando estos puntos de apoyo una moldura que vista desde lo alto parece un cordón retorcido en torno a un hueco cilíndrico.

Después de Pedro de Ibarra trabajó en esta iglesia el villamelano Francisco Hernández, quien terminó la torre y a quien se deben la fachada y la portada de los pies, la que da hacia la Plaza Mayor. Una inscripción dice que se terminó en 1579.

A finales de siglo 1595 Diego de Barreda cerró la bóveda. Y poco después (entre 1600 y 1603) Pedro de Alviz levantó el coro, con lo que se puso punto final a la construcción del templo.

Entre 1618 y 1634 se hizo el retablo mayor, obra de Alonso de Balbás en todo lo que podríamos llamar carpintería, de Pedro de Sobremonte en la talla y de Paulo Lázaro en el dorado y pintura.

La iglesia de Hoyos. De trazado similar a la de Acebo. Debió comenzarse por la misma época. En ella también se observa la mano de Pedro de Ibarra, quien posiblemente dirigiera las obras entre los años 1545 y 1560, fecha esta última en la que parece ser se terminó lo más esencial del templo. Pedro de Ibarra, con muy buen criterio, respetó la fachada de los pies o la portada de la fachada, al menos de indudable origen románico.

Otras dependencias de la iglesia, tales como la torre y la sacristía, aunque no ejecutadas directamente por Pedro de Ibarra, sí lo fueron siguiendo sus planos. Se terminaron cuando el siglo XVII estaba ya bien avanzado.

Elemento notabilísimo de esta iglesia es el púlpito de granito empotrado en el arco toral de la capilla mayor, que por sus características es del siglo XVI.

Y notable también es la imagen ¿románica? de Nuestra Señora del Buen Varón, titular de la parroquia.

La iglesia de Gata. De características similares a las de Acebo y Hoyos. Debió comenzarse entre 1508 (fecha de comienzo de la de Acebo) y 1523 que es la que aparece en la hornacina de San Pedro, en la fachada Norte. Presumiblemente también participara en ella Pedro de Ibarra.

Las obras, que se sufragaban con el diezmo de los vecinos, no eran precisamente un modelo de celeridad, y por eso en 1557 el visitador de la Orden de Alcántara, don Claudio Manrique de Lara, decidió echar una mano. Acordó que la Orden entregaría ciento veinticinco mil maravedís en cinco años a razón de 25.000 anuales “para se acabar” y para comprar una campana, lo que nos da una idea de como iban las cosas. Después de los cinco años la Orden se comprometía a dar 10.000 maravedís anuales como fábrica perpetua, es decir, para su conservación y mejora. El concejo se comprometía, por su parte, a no pedir a la Orden la construcción de más iglesias aunque aumentase el vecindario.

Pese a la buena intención de la Orden de que la iglesia se terminase pronto, el remate final se dio en el período comprendido entre los años 1589 a 1592, durante el cual trabajaron en ella Juan Bravo y Diego de Barreda, quien poco después trabajaría en la de Acebo, como hemos dicho al hablar de ésta.

Ya en el siglo siguiente entre 1606 y 1609 se agrandó la sacristía. Y cien años después 1708 se le agregó la capilla de la Soledad.

La iglesia de Robledillo de Gata. Ya sabemos que las villas de Valdárrago eran señorío de la familia Monroy desde el reinado de Enrique II y después de los Pacheco. Por matrimonio tal señorío pasó a ser del conde-duque de Benavente.

Se dice que la familia Monroy edificó en Robledillo un palacio que abandonó cuando perdió un pleito con el pueblo. Y que tal palacio se convirtió en iglesia en el siglo XVI. Puede ser, porque la iglesia de Robledillo tiene un su conjunto una estructura ciertamente palaciega.

Las fechas de esa reconversión del palacio en iglesia son, 1540: se levantan las paredes y los portados; 1541: se instalan las puertas y el tejado y se enlosa la capilla mayor; 1542: se levantan la tribuna y el coro; las obras se suspendieron entre 1542 y 1550; éste año se colocaron la pila bautismal, el púlpito, el retablo de la capilla mayor (que estaba pintado; se doró en 1678) y de la de San Andrés. Al año siguiente (1551) se fundó la Cofradía del Santísimo Sacramento a la que el papa Julio III concedió las indulgencias de rigor; tal cofradía es la más antigua de la diócesis de Coria dedicada a honrar al Santísimo. En 1560 se acabó el atrio. La sacristía, en la que están los escudos de la familia Monroy y de los condes-duques de Benavente es de 1594.

Otras iglesias. Pedro de Ibarra intervino en las iglesias de Cilleros, Valverde del Fresno, Torrecilla de los Ángeles y Torre de don Miguel. En este último pueblo es posible que también hiciese la armita del Cristo entre 1555 y 1565.

No sabemos si fue la muerte del maestro la que paralizó las obras de nuestras iglesias o si fue la falta de recursos de la Orden la que condujo al mismo resultado. El hecho es que las acabadas de citar quedaron inconclusas e inconclusas siguen.

El que sí se terminó fue el retablo mayor de la iglesia de Torrecilla, realizado por el salmantino Lucas Mitata y el mirobrigense Juan de la Fuente.

La capilla mayor de la iglesia de Villamiel fue edificada por las mismas fechas. La torre de esa misma iglesia debió ser terminada en 1603 como dice la inscripción existente en la cara que mira a la Plaza Mayor (también puede leerse 1663).

En la parte exterior de la cegada portada de la epístola, de la recoleta y acogedora iglesia de Trevejo se puede leer: “Esta iglesia se hizo en 1570...” Sin poner en duda tal aseveración creemos que más que una construcción ex novo se trató de una reconstrucción o reparación. Hay materiales cuyo desgaste nos hace pensar en una época anterior. ¿Siglos XII ó XIII, es decir, cuando se levantó la espadaña?

Por su estilo y tipología nos inclinamos a creer que las iglesias de Perales del Puerto, Descargamaría y Hernán Pérez debieron terminarse en esta misma época.

Para conocer bien las iglesias de Sierra de Gata resulta imprescindible el libro del profesor GARCIA MOGOLLON, F.J.: “Viaje artístico por los pueblos de la Sierra de Gata (Cáceres). Catálogo monumental”. Cáceres, 2010.