Siglo XVIII (II). Felipe V. La guerra de Sucesión (1701-1713)

Cuando Carlos II estaba a punto de morir había dos pretendientes a heredarle: Felipe de Anjou (o Felipe de Borbón) y el archiduque Carlos de Habsburgo (o Carlos de Austria). Ya dijimos en el artículo anterior que Carlos II dejó como heredero a Felipe. Aunque la llegada de éste fue bien recibida en todos los territorios de la Monarquía Hispánica no ocurrió lo mismo en el resto de Europa. Inglaterra, Holanda y Austria temían el que podía ser excesivo poder de los Borbones con Luis XIV en Francia y Felipe V en España. Y formaron una alianza frente a ellos. Resultado: la guerra de Sucesión española que fue tanto una guerra europea como una guerra civil en nuestro país. Nos limitaremos a este último aspecto y en forma especial con lo relacionado con Extremadura y Sierra de Gata
Escudo de Felipe V en Cilleros. (Dibujo de Agustín Flores)
Escudo de Felipe V en Cilleros. (Dibujo de Agustín Flores)

En el momento de su proclamación como rey de España Felipe V renunció a sus posibles derechos a la corona de Francia. Un mes más tarde su abuelo, Luis XIV, se negó a reconocer dicha renuncia lo que fue mal visto en el resto de Europa; pero, que no fue óbice para que Pedro II de Portugal abandonase su alianza con Inglaterra y se inclinase hacia el bando borbónico por lo que en junio de 1702 firmaba con Felipe V un tratado de mutua alianza y un acuerdo de colaboración por un período de veinte años.

Mas, los demás países europeos seguían sin estar de acuerdo con la no renuncia de Felipe V al trono de Francia y empezaron, o mejor dicho, siguieron pensando que se tenía que impedir, a cualquier precio, que España y Francia llegaran a unirse bajo la soberanía de un mismo monarca, porque en ese caso toda Europa hubiera girado, de grado o por fuerza, en torno a él. En consecuencia: aumentaron los apoyos al otro pretendiente, Carlos de Austria, quien se hallaba, por añadidura, más predispuesto a repartir entre todos la tarta de la decadente Monarquía Hispánica.

En septiembre se firmó en La Haya un acuerdo entre Inglaterra, Holanda y Austria para tratar de frenar los afanes hegemónicos y comerciales de Luis XIV. Los agentes austriacos, entretanto, habían logrado provocar algunas alteraciones en Nápoles y Milán. En el artículo anterior dijimos que cuando Felipe V llegó a Nápoles el reino estaba ya en calma, pero los firmantes del acuerdo de La Haya a los que se había unido el Imperio alemán declararon la guerra a los dos reyes Borbones Luis XIV y Felipe V y ocuparon por breve espacio de tiempo Milán.

El archiduque Carlos empezó a coquetear con el rey portugués y le prometió la cesión de Badajoz, Alburquerque, Alcántara, la mitad de Sierra de Gata, Túy, La Guardia, Vigo, Bayona, más algunas colonias españolas situadas al Sur del río de la Plata.

En marzo de 1703 se había ordenado el alistamiento en Extremadura de un hombre de cada cien aquí no se encontraban más fuerzas militares que 528 hombres de infantería y 1.227 de caballería. Muchos de los reclutados desertaron porque ni eran pagados, ni recibían albergue y alimentos adecuados. No había miedo a un posible ataque portugués debido a la alianza firmada en junio del año anterior.

Pero los ingleses comenzaron a dificultar el comercio portugués por mar y Pedro II se vio obligado a firmar el 16 de mayo de 1703 un tratado secreto que convertía a su reino en virtual satélite de Inglaterra y en real enemigo de España. El tratado de amistad por veinte años firmado con Felipe V había durado once meses.

En septiembre el archiduque Carlos fue proclamado en Viena rey de España y se hizo llamar Carlos III. Simultáneamente se dio a conocer el tratado secreto firmado anteriormente entre Portugal e Inglaterra. La intención de los aliados era penetrar en España a través de Portugal. Felipe V acusó a Pedro II de traidor y como a tal quiso tratarle y preparó con la ayuda de su abuelo un ejército de 28.000 infantes y 10.000 jinetes con el cual se propuso atacar al vecino reino.

El día 4 de marzo de 1704 Felipe V salía de Madrid hacia la frontera portuguesa. El día 7 desembarcaba en Lisboa el autodenominado Carlos III de España quien una vez más era proclamado rey. Junto con el de Portugal declaró la guerra a Felipe V, al cual no se le reconocía más título que el de duque de Anjou. En la proclama conjunta que Pedro II y el archiduque dirigieron a los españoles se decía que las causas de la guerra eran tanto la ilegitimidad de Felipe de Anjou como rey, cuanto el deseo de los coaligados de librar a España del peligro de absolutismo que el rey Borbón suponía.

Debido al penoso estado de los caminos y a una primavera lluviosa, Felipe V tardó más de un mes en llegar a Plasencia donde estableció su cuartel general. Publicó un bando de guerra por el que se prohibía todo tipo de saqueo y violencia sobre la población civil portuguesa ante la guerra que se avecinaba.

Tras pasar por Coria y Zarza la Mayor, el 7 de mayo tomó Salvaterra do Extremo. En ese lugar el ejército español se dividió en dos columnas; una se dirigió hacia Segura y Rosmaminhal; la otra hacia Idanha a Nova, Penagarçia y Monsanto. Esta localidad opuso una tenaz resistencia, su guarnición fue masacrada y la población sometida a saqueo. Por el Norte de nuestra comarca, otra columna se dirigió desde Ciudad Rodrigo hasta Almeida. Sierra de Gata de momento no sufrió los efectos de la guerra.

Las tropas españolas siguieron avanzando y tomaron Castelo Branco y Portalegre, pero fracasaron en su intento de llegar a la capital portuguesa. El ejército antiborbón se vio favorecido por las extremadas temperaturas del verano que frenaron a los invasores. Los angloportugueses recuperaron Monsanto y contraatacaron en la comarca de Ciudad Rodrigo tomando todo el Norte salmantino de la Sierra de Gata e incluso Fuenteguinaldo.

Felipe V regresó a Madrid y encargó al duque de Berwich que fortaleciera el límite meridional español con la Beira Alta, es decir la siempre indefensa Sierra de Gata.

Al año siguiente, 1705, Felipe V retiró tropas españolas de Portugal para enviarlas a recuperar Gibraltar. Los aliados (ingleses y portugueses) aprovecharon esa retirada para recuperar Salvaterra, tomar Badajoz e intentar hacer otro tanto con Ciudad Rodrigo donde fracasaron.

En 1706 el ejército aliado, bajo el mando del marqués de las Minas y lord Galloway conquistó Alcántara 19 de abril y avanzó sin apenas resistencia sobre Cáceres, Trujillo, Plasencia, Coria, Moraleja, Sierra de Gata y Ciudad Rodrigo, que se rindió el 26 de mayo. El rey portugués declaró anexionados a Portugal todos estos territorios en virtud del acuerdo firmado con el archiduque tres años antes. Nombró corregidor de Ciudad Rodrigo, y por lo tanto con jurisdicción sobre parte de la Sierra a don José Soares d’Azebedo.

La Sierra permaneció bajo dominio portugués diecisiete meses, hasta mediados del mes de octubre de 1707, cuando como consecuencia de la victoria de Felipe V en Almansa, lograda durante la primavera pasada, el marqués de Bay arrojó a los invasores.

Salvo la destrucción parcial de los castillos de Eljas que había sido reparado por el duque de Berwich y Trevejo llevada a cabo por los portugueses cuando se vieron obligados a emprender la retirada, parece ser que en esta ocasión no cometieron demasiadas tropelías. Al fin y al cabo eran estos unos territorios que consideraban unidos a su reino.

En 1708 cuando la Sierra intentaba recuperarse, el cielo se puso en contra suya. Fue un año de cosechas catastróficas y de invierno durísimo. Las excesivas lluvias de la primavera siguiente no ayudaron a mejorar las cosas.

Hasta 1710 no volvió a ocurrir aquí nada notable. Ese año el archiduque volvió a entrar en Madrid y los portugueses intentaron volver a nuestra comarca y región. El rápido regreso del gobernador de Extremadura, marqués de Bay, desde Zaragoza, donde había sido derrotado por los aliados, les impidió llevar a cabo sus propósitos, pero no se pudieron evitar algunas expediciones de saqueo. Durante el tiempo que aún duró la guerra la frontera hispanoportuguesa permaneció tranquila.

Los tratados de Utrecht, 1713, y Rastatt, 1714, pusieron fin a la guerra de Sucesión española, pero la paz con Portugal no se firmó hasta el 6 de febrero de 1715. Primero: porque se negaba a que a Felipe V se le llamase rey de España ya que él nuevo rey portugués Juan V consideraba que España era toda la península y por lo tanto él también era rey sino de España sí de parte de ella. Segundo: porque estaba empeñado en cobrarse, a costa de la Monarquía los gastos que su país había tenido. Pedía al principio todo lo prometido por el archiduque, después únicamente Badajoz; al final y para que se callase hubo de cedérsele la colonia de Sacramento (Uruguay) que ya poseía en parte.