La salvia (Salvia officinalis L.) en la botica serrana

Cuenta una antigua leyenda egipcia, que tras una epidemia pestilente y mortífera, quedó la ciudad de Copto practicamente deshabitada, llegándose a la conclusión, de que lo mejor para restituir a la población en el menor tiempo posible, era dar a las pocas mujeres supervivientes infusiones de la hierba sagrada (salvia)

Salvia officinallis
Salvia officinallis

Salvia, savia, salima fina, salva, sarxa o erva sacra, son algunos apelativos que recibe esta planta casi milagrosa, que no suele pasar del medio metro de altura.

Silvestre vive en llanuras y laderas de montañas repartida por casi toda la Península Ibérica, pero actualmente es más normal encontrarla domesticada en huertos, jardines o en los arriates del patio de alguna casa.

Leñosa en la base, casi un arbusto, sus renuevos crecen cada año desde la mata, posee hojas enfrentadas con distintas formas, lanceoladas o elípticas, su superficie es rugosa y de un color verde blanquecino ya que estan recubiertas por un espeso vello algodonoso.

Sus flores azuladas, casi violetas, son bilabiadas, se agrupan en las terminaciones de los tallos, formando una especie de espiga terminal muy llamativa y aparecen en mayo para mantenerse durante todo el verano.

Toda la planta despide un olor aromático muy fuerte y su sabor es amargo.

Virtudes

La salvia ya era utilizada por los antiguos egipcios para tratar enfermedades abdominales y dolores dentales.

Los médicos hipocráticos escribieron maravillas de la salvia, destacando sus propiedades hemostáticas, fortificantes y curativas.

Los romanos Plinio, Dioscórides y Galeno la describieron con el nombre de "salvia", que significa "curar", tener buena salud y la recomendaban por sus propiedades calmantes y astringentes, para la garganta, la tos, los enfriamientos y úlceras.

En el Siglo IX, el monje Strabon, inicia su poema "Hortulus", con las virtudes de la salvia "La salvia brilla entre todas, agradable su olor, potente y benéfica en pociones, considerada por el hombre como saludable en la mayor parte de las enfermedades, bien merecida tiene la gracia de su verde perpetuo".

La salvia está compuesta por taninos, sustancias amargas, resina, fécula, albuminoides, ácido fosfórico, oxálico y nítrico.  En la planta ya desecada encontraremos pentosanas, así como asparagina.  Contiene gran cantidad de esencia, que a su vez se compone de alcanfor, turoyona, sequiterpenos, cineol, alcoholes libres y acetato de bornilo.

Sus principales virtudes son la estimulante, tónica, digestiva, diurética, antiespasmódica, febrífuga, antiséptica, hipoglucemiante, emenagoga y vulneraria. Activa las funciones cirulatorias y cutáneas, ejerce acción sobre el encéfalo y el sistema nervioso.

Normaliza las funciones menstruales de la mujer, tanto en cantidad como en duración y regularidad del período.

En uso externo, su uso vulnerario para sanar heridas y úlceras de todo tipo, es indiscutible.

Se recolectan las hojas más tiernas y jóvenes, así como las sumidades floridas aún por abrir, preferiblemente a media mañana en un día soleado.

Su desecación debe realizarse a la sombra, bien aireada, conservándola después en saquitos de tela que guardaremos en tarros de cristal.

Prepararemos tres tazas al día con unos 15 gramos de hojas de salvia para las tres tazas, tomando una después de cada comida.

Podemos preparar el beneficiosísimo "vino de salvia", con un litro de vino bueno de la Sierra de Gata y unos 100 gramos de hojas desecadas, dejándolas en maceración durante tres meses, filtraremos el resultado y tras decantarlo lo embotellaremos con tapón de corcho.

Este vino tiene muchas virtudes, reduce el azúcar en sangre y orina, tomando sólo un vaso al día.  También se emplea para enjuagar la boca y curar afecciones y úlceras, además endurece las encías y conserva en buen estado la dentadura.

No debemos sobrepasar las dosis indicadas, puesto que el exceso de esencia de salvia es tóxico, por tanto la utilizaremos con precaución.
Para su uso externo en heridas podemos utilizar una tisana con 15 gramos de hojas secas por medio litro de agua, que aplicaremos en las heridas, acelerando su curación y cicatrización.

Cuenta una antigua leyenda egipcia, que tras una epidemia pestilente y mortífera, quedó la ciudad de Copto practicamente deshabitada, llegándose a la conclusión, de que lo mejor para restituir a la población en el menor tiempo posible, era dar a las pocas mujeres supervivientes infusiones de la hierba sagrada (salvia), debido a su poder para hacer a las mujeres más fecundas, quedando todas rapidamente encinta.