El anís (Pimpinella anisum L.) en la botica serrana

Los musulmanes que lo introdujeron en la Península Ibérica, lo llamaban "torna maridos", ya que tenía fama de hacer volver a los esposos que repudiaban a sus mujeres, bien por sus poderes mágicos, como se pensaba entonces, o bien por enmascarar el mal aliento de la mujer que lo masticaba.

El anis
El anis

El anís, matalanúva, matalúa, hierba dulce, anhís verde o erva doce, es una planta anual que puede llegar al metro de altura, que vive cultivado entre hortalizas, desde que fue traído de Oriente hace
siglos.

Sus tallos rollizos, estriados y ramificados, tiene las hojas inferiores redondeadas y dentadas, sin embargo las superiores están divididas en profundo segmentos.

Las flores del anís, que aparecen a principios de verano, se disponen en umbelas de siete a catorce radios, de color blanco y originan frutos ovoides ligeramente vellosos, que contienen semillas.

Su siembra es preferible hacerla cuando desaparecen los riesgos de heladas tardías, allá por el mes de abril en nuestra Sierra de Gata. Estercolaremos bien el terreno, que debe estar bien drenado pues no gusta de encharcamientos excesivos.

Su recolección se realizará a finales de verano, al amanecer, puesto que los frutos no estarán tan secos y quebradizos, facilitando su cosecha.

Virtudes

Sus frutos contienen hasta un 5% de esencia de anís, en sus semillas encontraremos hasta un 20 % de aceite, que a su vez está compuesto de almidón, azúcar y algunas proteínas.
La esencia de anís está compuesta de anetol, ácido, aldehído y pequeñas cantidades de cetona anísicos, etc.

En cuanto a sus virtudes, destacan la expectorante, carminativa, tónica y la digestiva, aunque siempre se le achacaron muchas más, como la de aumentar la leche materna, regular los ciclos menstruales y facilitar la orina. Egipcios y griegos ya conocían las virtudes del anís y lo usaban en todo tipo de remedios.

La esencia de anís, es soluble en alcohol, no se disuelve en agua facilmente, dato importante a la hora de preparar remedios, ya que en infusión tan solo arrastra parte de su esencia, aún así se ha popularizado su uso para facilitar la expectoración, como digestiva y carminativa.

Para preparar la infusión utilizaremos una taza de agua hirviendo a la que añadiremos una cucharada de frutos de anís, tomaremos en caliente endulzada con miel de la Sierra de Gata, especialmente antes de irnos a la cama.

En los lactantes con problemas de gases, se aconseja que la madre tome esta infusión, ya que aumentará la secreción de leche y además pasarán sus efectos a la leche materna, aliviando así los problemas intestinales del bebé.

En niños más mayores con los mismos problemas, utilizaremos una infusión de anís rebajada de frutos, pero más endulzada si cabe, para hacer más agradable la toma.

Antiguamente se decía tanto del anís como del hinojo, que desenredaban las tripas y hacían salir los gases retenidos, cesando los dolores y retortijones al poco de tomarlos.

Con anís podemos preparar también aguardientes anisados y otros licores por destilación, o de forma casera por maceración.  En una receta tradicional, se utiliza  un litro de aguardiente de la Sierra de Gata en el que dejaremos macerar unos 100 gramos de frutos de anís desecados y una ramita de canela, durante al menos tres meses, junto con dos o tres cucharadas de azúcar, al gusto.

Como variante podemos introducir en la botella unas cuantas endrinas que teñirán el licor de granate, obteniendo una especie de pacharán suave y anisado, que lo hará aún más digestivo.

Antiguamente se daba con esencia de anís en las paredes de pozos y algibes para purificar sus aguas y asegurar su salubridad.

Los musulmanes que lo introdujeron en la Península Ibérica, lo llamaban "torna maridos", ya que tenía fama de hacer volver a los esposos que repudiaban a sus mujeres, bien por sus poderes mágicos, como se pensaba entonces, o bien por enmascarar el mal aliento de la mujer que lo masticaba.