El endrino (Prunus spinosa L.) en la botica serrana

Las endrinas son astringentes y para sacarles mayor provecho, podemos elaborar un sencillo jarabe, con medio kilo de ellas, otro medio kilo de azúcar y un gran vaso de agua. Sin embargo, lo mejor que podemos hacer con las endrinas es un buen pacharán casero
Endrino
Endrino

Endrinera, andrino, ciruelo andrino, montesino, espino negro, abrunheiro-bravo, o ameixieira, son algunos de los nombres con los que se conoce a este arbusto intrincado y ramoso que puede llegar a medir hasta 3 metros.

Vive entre claros de los bosques y en laderas pedregosas de montaña, sobre cualquier tipo de suelo, ascendiendo hasta los 1.500 metros, casi la altura de Jálama.

También se cultiva como ornamental, en variedades de flores dobles y hojas púrpuras, aguanta muy bien la poda, formando excelentes setos.

De hora caduca, sus ramillas divergentes, rematadas frecuentemente por espinas, tienen la corteza grisacea y sus hojas simples, son alternas y lanceloadas u obovadas, con margen aserrado y algo vellosas.

Sus flores muy numerosas y blancas, aparecen entre marzo y mayo antes que las hojas en las ramas del año anterior.

Su fruto, la endrina, es una drupa globosa, azul oscura, casi negra, y está cubierta de una fina capa banco-azulada que se desprende por frotación, mide entre 1 y 2 centímetros. Se recolecta al final del verano y su sabor es ácido y áspero, con ella se elabora el famoso Pacharán, especialmente en tierras navarras.

Virtudes

Aunque sus hojas tienen sabor dulce y agradable, se utilizan más sus frutos, las endrinas, que recolectadas a finales de verano, pueden secarse en cañizos hasta convertirlas en pasas, o bien usarlas recien cosechadas que es lo ideal.

Contienen materias tánicas, flobafeno, ácido málico, azúcar invertido, pectina, goma, pigmento rojo, punicianina y en sus semillas ácido cianhídrico.

Las endrinas son astringentes y para sacarles mayor provecho, podemos elaborar un sencillo jarabe, con medio kilo de ellas, otro medio kilo de azúcar y un gran vaso de agua, calentamos la mezcla hasta que hierva durante 15 minutos aproximadamente y el maravilloso jarabe rojo que obtenemos, lo filtramos a través de un paño. Cuando se enfríe, podemos echarlo en una botella de cristal, a ser posible con tapón de corcho y lo guardaremos como oro en paño para tomarlo a cucharadas todo cuanto nos apetezca, para combatir la diarrea; su sabor es agradable y si se deja hervír más tiempo, puede espesarse y resultar una deliciosa compota o mermelada con las mismas cualildades.

También podemos sustituir el agua por vino tinto, pero entonces herviremos antes las endrinas con agua y luego cocidas añadimos medio kilo de azúcar y el vaso grande de vino, retirándolas del fuego en cuanto arranquen a hervir.

Debemos evitar en todo caso, machacar las endrinas, puesto que al romper sus huesecillos, liberamos un ácido nocivo que nos estropearía el resultado.

Sin embargo, lo mejor que podemos hacer con las endrinas es un buen pacharán casero, para ello, recién recolectadas las endrinas, las machacamos suavemente, sin romper el pipo y las echamos en una botella de un litro, hasta que ocupen más o menos un tercio de la misma, añadimos unos granos de café, una ramita de canela y una corteza de limón. Al final llenamos la botella con anis dulce o bien mezclando a partes iguales el anis con aguardiente de la sierra.

Dejamos macerar la mezcla durante unos 6 meses, adquiriendo un llamativo color rojo granate, que hace esta bebida tan atractiva como deliciosa y guardamos la botella para deleitarnos con ella cuando queramos e invitar a nuestras amistades.

En cuanto a las flores, podemos elaborar una tisana, añadiéndolas en una taza de agua hirviente y tomándola como laxante suave, podemos tomar una taza en ayunas y si fuera insuficiente, alguna más hasta que obre el milagro.