El pino (Pinus pinea L.) y (Pinus pinaster Solander.) en la botica serrana

Las piñas de ambas especies, pero especialmente las del resinero, una vez abiertas y sin piñones en su interior, son excelentes para encender el fuego de las chimeneas, a la par que al recogerlas retiramos material incendiable del bosque, algo que ya hacían nuestros abuelos, pero que nosotros debemos hacer con cuidado, puesto que una absurda ley penaliza esta práctica y pueden multarte por ello. Una de tantas leyes dictadas desde despachos urbanos, desconocedores de la realidad rural serrana

Pinus Pinea
Pinus Pinea

Hoy trataremos sobre las dos especies de pinos que habitan en la Sierra de Gata, uno el piñonero o pino manso y otro el resinero, una especie

introducida a base de repoblaciones y que produce una resina con diversas aplicaciones.

Coníferas de hoja perenne, estos pinos son árboles de gran porte, que pueden alcanzar hasta los 30 metros de altura, el piñonero formando copa redondeada y el resinero más bien piramidal.

El primero vive de forma aislada o en pequeños grupos, sin embargo el resinero se encuentra formando extensos bosques fruto de su introducción como especie forestal.

Sus troncos gruesos y rectos, presentan una corteza áspera y resquebrajada de gran grosor. Disponen de hojas aciculares alargadas, entre 10 y 20 centímetros, de color verde claro, rígidas y punzantes.

Como todas las coníferas, ambas especies de pino poseen flores masculinas y flores femeninas en un mismo individuo. Las masculinas constituidas por numerosos estambres con abundante polen amarillo y las femeninas agrupadas en conos o piñas, que al madurar dispersan la semilla en forma de piñones.

Florecen en primavera y sus piñas maduran en otoño del año siguiente.

No soportan los suelos con cal y gustan de terrenos rocosos, haciendo honor a su nombre latino "pinus", derivado del celta "pin": montaña, roca.

Virtudes

El pino piñonero produce piñones comestibles, por ello se recolectan las piñas en invierno y se tuestan o conservan hasta la primavera para extraer los

piñones al sol. Aparte de su consumo directo debido a su agradable sabor, es muy empleado en confiterías, así como en la cocina para elaborar salsas o guisos.

En medicina popular se utilizaron como balsámicos para curar enfermedades respiratorias y aplacar la tos.

Su corteza, rica en taninos, sirve para curtir pieles y su madera, muy resistente a la humedad, se ha empleado durante siglos para la construcción.

La resina del pino resinero, de color dorado, casi incolora, está compuesta por trementina, localizada en la corteza, que antiguamente se obtenía mediante muescas practicadas en el tronco, de las que se recogía con cazuelitas de barro durante todo el verano.

Casi una tercera parte de la trementina es esencia, que se obtiene destilándola con agua y con vapor. Se denomina también "aguarrás", es un líquido incoloro, con olor que recuerda al de la trementina y sabor fuerte, que contiene principalmente pineno.

Como residuo de la destilación de la trementina queda la resina que estaba disuelta en la esencia, llamada colofonia o pez griega.

Tanto la trementina como la colofonia se emplean para elaborar emplastos, ungüentos y diversos linimentos, que irritan la piel en menor o mayor grado.

El antiguo "basílico" se elabora fundiendo colofonia, trementina, cera y sebo, 30 gramos de cada ingrediente, con 100 ml. de aceite de oliva.

Contra el reuma y otros dolores, cuando se frota con aguarrás, la piel se ruboriza y se inflama más o menos según la sensibilidad de cada persona.

Como remedio casero no es prudente usar el aguarrás ni la trementina, salvo en dosis muy pequeñas, es mejor no usar estas sustancias y evitar riesgos.

Es preferible utilizar remedios menos peligrosos, a base de cogollitos tiernos de pino, que recien cogidos, también aplacan la tos y combaten los catarros bronquiales, con efectos parecidos.

Para ello, prepararemos una infusión de cogollos de pino frescos o desecados para su conservación, utilizando unos 30 gramos por cada litro de agua, que una vez empiece a hervir, la taparemos y retiraremos del fuego, dejándola enfriar. Recalentada y convenientemente endulzada, tomaremos entre 4 y 6 tazas diarias de esta medicina anticatarral.

Las piñas de ambas especies, pero especialmente las del resinero, una vez abiertas y sin piñones en su interior, son excelentes para encender el fuego de las chimeneas, a la par que al recogerlas retiramos material incendiable del bosque, algo que ya hacían nuestros abuelos, pero que nosotros debemos hacer con cuidado, puesto que una absurda ley penaliza esta práctica y pueden multarte por ello. Una de tantas leyes dictadas desde despachos urbanos, desconocedores de la realidad rural serrana.

Según la tradición cristiana, un pino piñonero ocultó a la Sagrada Familia durante su huída a Egipto.