El tomillo (Thymus vulgaris L.) en la botica serrana

Según la mitología Griega, la planta del tomillo brotó de una lágrima derramada por Helena de Troya, de la que los guerreros obtenían fuerza y coraje para la batalla. Estas mismas propiedades vigorizantes y estimulantes fueron también reconocidas siglos más tarde por los soldados romanos

Thymus vulgaris
Thymus vulgaris

Tomillo, tomello, tomilho, tomentelo o tremoncillo, es una pequeña mata siempreverde, de follaje tupido y aroma intenso e inconfundible, que no sobrepasa el medio metro de altura.
Crece silvestre por casi toda la Península Ibérica, salvo por Galicia y Portugal donde no existe de forma autóctona.
De tallos cuadrangulares y leñosos, sus hojas son aovadas y estrechas, de color verde oscuras y más blanquecinas por en envés, vistas a trasluz se observan pequeñas bolsas de esencia.
Las flores del tomillo surgen al extremo de sus ramas en primavera, agrupadas en cabezuelas.  Labiadas, su cáliz es rojizo y está dividida en dos labios, el superior con tres dientes cortos y el inferior dividido en dos largas lacinias.  La corola está dividida también en dos labios, el superior escotado y el inferior subdividido en tres lóbulos, siendo su color rosado o blanco.
Toda la planta despide un intenso aroma a timol muy característico, es el típico olor a tomillo.
Recolectaremos las flores en primavera, preferiblemente a media mañana de un día soleado y las desecaremos a la sombra en lugar ventilado.
Las hojas del tomillo pueden recolectarse durante todo el año, ya que es planta siempre verde, eso sí cuidando de no comprometer su vitalidad vegetal.

Virtudes

El principal componente del tomillo es la esencia, cuya proporción  puede variar según las condiciones del suelo, altitud, época de recolección, etc...
Puede llegar a un máximo del 3 % de esencia por planta en estado seco.  Esta esencia está compuesta principalmente por timol, además de fenol, pineno, cimol, borneol, linalol, etc.  También contiene pectosanas, flavonas, principios amargos, taninos y resinas.

El Dr. Leclerc resumió así las facultades del tomillo:  "Sobre la circulación y los nervios su esencia ejerce una acción que se manifiesta por una mayor amplitud del pulso, un aumento de las fuerzas físicas y una mejoría del tono moral, así como un despertar de las funciones digestivas.  Esta acción justifica su empleo en la clorosis, la astenia nerviosa y en los casos que debamos estimular la circulación capilar y favorecer las combustiones orgánicas, además, dotada esta planta de propiedades antisépticas y antiespasmódivas, tiene indicación en afecciones del aparato respiratorio, del cual modifica las secreciones y modera los espasmos".

La infusión de tomillo, tónica y digestiva, también sirve para tratar las afecciones respiratorias, la tos, la faringitis y alivia la gastritis. La prepararemos con unos 3 gramos de flores secas de tomillo por cada taza de agua hirviendo.  Tomaremos una taza después de cada comida.
Esta misma infusión, pero más concentrada, ayuda a expulsar las lombrices intestinales cuando la tomamos en ayunas varios días seguidos.
En uso externo, la utilizaremos para lavar heridas y úlceras, ayudando a su rápida cicatrización. Realizaremos también gargarismos para tratar las afecciones bucales y de garganta, eliminando además el mal aliento.

Para aumentar el apetito o estimular la digestión, podemos tomar un caldo de tomillo, que prepararemos en un plato sopero escaldando una sopa de rebanadas de pan duro, rociado con aceite de oliva de la Sierra de Gata, una pizca de sal y hojas de tomillo.  Tapamos con otro plato y esperamos unos cinco minutos, la sopa tomará el sabor del tomillo y del aceite.

Para darnos un buen baño tonificante, que estimulará nuestra circulación capilar y nuestro estado de ánimo, añadiremos al agua caliente esencia de tomillo o bien una infusión muy concentrada de un kilo de hojas de tomillo en cinco litros de agua hirviendo, si además disponemos de romero o espliego, la mezcla sería perfecta.


Según la mitología Griega, la planta del tomillo brotó de una lágrima derramada por Helena de Troya, de la que los guerreros obtenían fuerza y coraje para la batalla. Estas mismas propiedades vigorizantes y estimulantes fueron también reconocidas siglos más tarde por los soldados romanos.
Desde antiguo, se le otorgaba la propiedad de favorecer el trabajo intelectual, por ello fué muy apreciado también por poetas, filósofos e intelectuales.