La macrolepiota procera en la botica serrana


En cuanto a su identificación, debemos tener cuidado con no confundirla con las pequeñas lepiotas o con alguna Amanita phalloides, puesto que sería un error mortal, de hecho, la mayoría de envenenamientos producidos en los últimos años, se han producido pensando que recolectaban macrolepiotas, cuando en realidad eran setas mortales

Macrolepiota procera
Macrolepiota procera

La macrolepiota procera, también denominada parasol o matacandelas, es una de las setas más grandes de las que viven en la Sierra de Gata, pudiendo alcanzar, su sombrero, los 25 ó 30 centímetros de diámetro. 

Un sombrero, que en principio son globosos, pareciendo más bien baquetas de un tambor, al
estar completamente cerradas. 

Más tarde, despliega el sombrero a modo de paraguas, que termina siendo aplanado en su estado más maduro, con un mamelón central de color marrón oscuro. 

Cutícula seca a modo de caperuza, que se encuentra cubierta de escamas de disposición radial, más abundantes hacia el centro, de color marrón oscuro sobre fondo blanco crema.

Láminas numerosas, anchas y apretadas, son de color blanco puro al principio, oscureciendo en sus estados más adultos.

Su pie es cilíndrico y hueco, de base bulbosa, de hasta cinco centímetros de diámetro, a menudo con cordones miceliales blancos, de color marrón uniforme con dibujos zigzagueantes, que dejan ver la carne blanquecina.  Dispone de un anillo alto, doble membranoso, móvil al madurar.

Carne espesa en el centro del sombrero y más delgada hacia el margen, de color blanco y muy tierna, que no cambia de color al apretarla o cortarla.  Aroma y sabor muy agradables que recuerdan a la nuez.  Excelente comestible.

Habita en prados y claros de bosques de robles y castaños, así como en algunas dehesas y pinares.

La macrolepiota rhacodes es similar, comestible, también es grande, pero algo menor, su sombrero llega a los 15 centímetros de diámetro en estado adulto.  También se diferencia de la procera por su sombero más escamoso, pero de color marrón grisáceo, además su carne enrojece al corte.

Virtudes

En cuanto a su identificación, debemos tener cuidado con no confundirla con las pequeñas lepiotas o con alguna Amanita phalloides, puesto que sería un error mortal, de hecho, la mayoría de envenenamientos producidos en los últimos años, se han producido pensando que recolectaban macrolepiotas, cuando en realidad eran setas mortales, provocando el temible síndrome faloideo, cuyo final todos conocemos.

El error está en recoger ejemplares demasiado pequeños, de sombrero muy cerrado, que suelen ser más apreciados para la cocina, sin embargo, debemos tomar algunas precauciones, por ello, tan solo recolectaremos ejemplares de al menos 10 centímetros de diámetro en el sombrero, también nos aseguraremos de observar el anillo y las formas zigzagueantes de color marrón en el pie.

Se trata de una seta muy apreciada en la cocina, exceptuando su pie más fibroso, susceptible de conservarse desecado durante cierto tiempo y consumido con frecuencia a la plancha. 

Para ello, añadiremos un chorrito de aceite de oliva de la Sierra de Gata en una sartén y después de calentarlo, cortaremos longitudinalmente las macrolepiotas para cocinarlas vuelta y vuelta, recordemos que las setas se degustan mejor con poca elaboración, también podemos añadir un poco de ajo picado y una pizca de perejil por encima.