LO HA PERDIDO TODO EN EL INCENDIO Y SU SEMBLANTE SOLO TRANSMITE PAZ

La fuerza interior de Jesús Lázaro

Chuchi, el del chozo, ha perdido todo en el incendio del pasado día 6 de agosto. Desgracias como las del valle Rivera de Gata ocurren para “demostrar que hay mucha más gente buena que mala; de lo contrario el mundo se hubiera acabado hace mucho tiempo”, declara este hombre con la mirada serena

Chuchi realiza un dibujo sobre el garabato de Julián Puerto
Chuchi realiza un dibujo sobre el garabato de Julián Puerto

“Cuando dejé de ver la televisión descubrí que sabía dibujar y hacer esculturas”, declara Jesús Lázaro --Chuchi el del chozo para todos sus amigos--. Lápiz en mano, te pide que dibujes un garabato sobre el que él creará su obra. 

La madrugada del 7 de agosto, Chuchi perdió todo en el incendio de Acebo. “Todo lo construí con mis manos y volveré a hacerlo; ahora que he perdido todo”, declara tranquilo mientras sigue dibujando sobre un garabato que había pintado el acebano y colaborador de este diario, Julián Puerto, durante la grabación en Acebo del programa radiofónico “El sol sale por el oeste”, de Canal Extremadura Radio. 

Jesús Lázaro Urbano, Chuchi el del chozo, vive en la capital del encaje de bolillos desde el año 1988, cuando la Sierra de Gata era un paraíso tan virgen que ni las carreteras habían sido trazadas. Su llegada a la Sierra fue una huída personal. “Me acababa de separar y aquella fue una mala separación, de la que saltaban chispas”, declara. En estas situaciones “es mejor poner tierra por medio; dejé Coria y me vine a la Sierra”. 

Chuchi ha trabajado en los servicios de Urgencias de los Hospitales Doce de Octubre (Madrid) y Ciudad de Coria. “Allí aprendí que en la sanación de un enfermo, el 60% es el cariño que recibe cuando llega desahuciado y solo a urgencias; el resto es la medicina”. Y así, Chuchi iba dando cariño y sonrisas francas a los enfermos que pasaban por sus manos de los que recibía, como ahora, enormes muestras de agradecimiento. “No me extrañan ni sorprenden las muestras de cariño que estoy recibiendo estos días; yo lo doy todo y ya se sabe, el que da, siempre recibe”. 

En los primeros momentos, Chuchi estuvo alojado en el hostal moralejano Delphos. “Quisieron pagarme un alquiler pero cómo iba yo a permitir que se gastaran en eso 150 euros; me he venido a casa de un primo hermano y ahora duermo en la cama del hermano de mi madre, a quien ella tanto quería”. “¿Qué más puedo pedir?”. 

La serenidad de espíritu de Chuchi nació en 2003, cuando estuvo sin vida durante un día tras un tremendo infarto. “Entonces descubrí que no es bueno enfadarse, que no sirve de nada y solo perjudica al dueño del enfado”. Tragedias como las de Acebo, como ésta última que ha asolado el valle Rivera de Acebo, “tienen que pasar para que se vea la cantidad de gente buena que hay en el mundo”. “Si no hubiera más gente buena que mala, el mundo se habría acabado hace mucho tiempo”, declara mientras sigue dibujando, tranquilo este hombre que, de nuevo, ha vuelto a perder todo y al que “no me importa porque volveré a construirlo otra vez, con mis manos, de la nada”, como ya hizo hace 27 años. 

Gracias, Chuchi. Eres un ejemplo. 

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