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BÁRCENAS. 30 años, 17 palabras

Sara Fontán |

Sara Fontán | 01 de julio de 2013

Dicen que ser militante en un partido es duro porque cuando algo viene mal dado, todos se olvidan de él. No importa los años que le haya dedicado en su tiempo político, porque cuando ese tiempo se pasa, ya poco queda. Si el haber fue bueno algún que otro homenaje de reconocimiento, pero si prima el debe, el olvido y la indiferencia.

¿Cuántos dirigentes políticos quedan en la memoria colectiva si no fuese por la ingente labor de los medios de comunicación, algunos libros y la labor histórica?. Este número de personajes públicos se reduce mucho más si preguntamos por los tecnócratas de la política, los que denominan en ese argot como “los fontaneros”, aquellos que desde la sombra mueven los hilos para que los políticos profesionales puedan realizar su trabajo con la máxima garantía de éxito.

Que un hombre nacido en 1957, como el Seat 600 o el sillón de la academia de Cela, trabaje a los 16 años en una fábrica de gaseosa extremeña, se queda en el reconocimiento anecdótico. Algo propio de las circunstancias económicas del momento, donde el que más o el que menos tenía que ayudar en las empresas familiares o recolocarse en la privada.

Pero que una persona que consigue un empleo de gerente en un partido político en 1982 y, continúa en esa línea ideológica desde entonces hasta ahora, pueda ser despedida de una patada donde la espalda pierde su honrado nombre, manda güevos.

“El Partido Popular manifiesta, como ha hecho siempre, respeto a las decisiones judiciales en todos los procedimientos”. Este es el comunicado del Partido Popular. Poco más de media palabra por año trabajado.

Como lo oye usted. Más de treinta años en la misma empresa. En su haber una cuantiosa indemnización en diferido por un despido en simulación y unas vacaciones por tiempo indefinido en un hotel sin estrellas. Y todo por haber recuperado una inversión en obras de arte. 

Este país es así. Inviertes una millonada en colecciones de sellos o en preferentes, lo pierdes todo, colocándote al borde de la ruina, y no pasa nada. Como mucho unas palmaditas de consuelo en la espalda, unos chistes a destiempo y si te he visto no me acuerdo. Ahora, eso sí. Si inviertes en obras de arte y tienes la suerte de llevarte a Suiza una millonada, todos te miran mal. Los de la Hacienda te piden explicaciones, los jueces, asombrados por tales lienzos, quieren ver los cuadros en cuestión y tus jefes te despiden de un trabajo en el que el pelo cambió de color o se perdió por entre las rejas de las ventanas del aire acondicionado. Que mala es la envidia.

No me extraña nada que el abogado del extesorero esté cabreado. El Partido Popular se despacha con 17 palabras, el juez con 24 folios y los compañeros, antes amigos del imputado, con parcas declaraciones que apenas superan dos líneas. No porque no sepan que decir, sino porque no quieren añadir a la consigna escrita nada más que titubeos y alguna que otra gracia. Está la cosa como para bromas. Y todo por 25, 30 ó 40 millones guardados en Suiza como podían estar en otro sitio. Cuánta gente tiene esa misma cantidad de dinero, y mucho más, en  Andorra o en las Islas Caimán, por no nombrar otros muchos sitios, y no pasa nada. Lo que digo, si lo hubiera invertido en sellos o en preferentes otro gallo cantaría.

Aquí los billetes de 500 €uros vuelan. No sé si queda alguno en España porque tan sólo pulsando las imágenes de google se dejan ver. Para eso están los paraísos fiscales, para evadir capitales. ¿O no?. Si no, que los quiten. 

Si uno busca en las escuelas salvar la ignorancia, en las iglesias salvar el alma y en el ajedrez salvar al rey, pongo por ejemplos, es lógico que se busque en los paraísos fiscales salvar el dinero. ¿De quién?, del fisco y de otros curiosos. De quién va a ser si no. Qué en este país en cuanto te descuidas te meten la mano en el bolsillo y se llevan hasta la foto de la nieta.

Está el abogado susodicho que trina. Quejándose ante quien le quiera oír del exceso que supone enviar a su cliente a prisión sólo por tener algo de patrimonio en dos bancos suizos. Porque el origen puede no ser delictivo. Ellos saben de estas cosas porque tienen carrera sobre lo que tratan. Cuántos emigrantes extremeños, cuando el hambre aporreaba el estómago a ritmo de batukada, tuvieron su patrimonio en dos bancos suizos y, que yo sepa, no paso nada. ¡Bueno!. También tengo que decir, en honor a la verdad, que los emigrantes españoles, que yo conozco, no solían invertir en obras de arte.

Si el defensor está así de enfadado, imagínense ustedes los autores de las obras o la señora que restauró el Ecce Homo de Borja en Zaragoza. Los primeros porque se llevaron cuatro duros y no han salido ni en el periódico de su pueblo y la segunda porque, a pesar de salir en toda la prensa nacional e internacional, por el merito de su trabajo, no tiene patrimonio en los dos bancos mentados de Suiza.

Podría parecer que el colmo de los colmos es que la pintora y restauradora argentina que hizo de marchante, y  se encargó de la venta de los cuadros, diga ahora que jamás los ha visto porque nunca ha estado en Madrid, pero no es así. Ingresar 500.000 €uros, en billetes de 500 €uros, por la venta de dos cuadros, es algo cotidiano. Todo el mundo tiene o ha tenido dos cuadros de estos en casa. Anda que no hemos presumido ante los amigos cuando, sentados en nuestro salón, preguntaban por el precio del bodegón colgado en la pared, y le contestamos con un escueto: “Ni lo sé, me lo regaló un amigo. Algún día de estos llamaré a una marchante argentina y lo tasaré, pues debe andar en torno a los 250.000 €uros”. Claro está que habrá que ver primero el piso de cuyas paredes cuelgan estas dignas pinturas. Algunos tienen un cuarto de baño digno de un miró o similar.    

A todo esto, casi se me olvida, el que tiene que estar de un humor de perros es Luis Barcenas, no sólo por lo que está pasando en estos días, sino  por lo que dicen de él en el Partido Popular. Me refiero a los dirigentes que declaran alguna que otra cosa pues otros muchos, inquietos o cautos, no dicen nada. 

A nadie le gusta que después de dejar media vida en el trabajo, jugándote la piel, anden por ahí, los listos de turno, voceando que eres un sinvergüenza y que te mereces la cárcel, alegrándose de que el fiscal haya mostrado su disposición ante tan grave acto de privación de libertad. No digo nada de ese otro que muestra su felicidad sin tapujos, asegurando que Bárcenas se ha reído de todo el mundo y que si tiene algo que decir que lo diga. O ese otro que asegura que necesitaba una acción ejemplarizante como esta, cárcel sin fianza. Desde ahí no podrá destruir pruebas ni tampoco podrá manejar a su antojo la documentación que posee. Castigado, sin recreo, para que aprenda lo dura que es la humedad de las paredes y si se atiene a razones a lo mejor hasta se negocia con él una nueva recompensa en diferido.

¡Dios, cómo está el mundo!. Antes, cuando trabajaba para la empresa en cuestión era don Luis Bárcenas y ahora, sin respetar ni siquiera la presunción de inocencia, es Luis “El Cabrón”. Y es que quedarse sin amigos dentro de una empresa, a la que le ha dedicado más de treinta años, duele. 

Nosotros, al igual que el Ministro de Justicia, estamos a favor de la investigación y de todos aquellos hechos que la justicia entienda que tengan que ser sometidos a investigación.

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