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Cándido Pérez Vega, un hombre de bien

Domingo Domené | Historiador

Sierra de Gata Digital | 07 de marzo de 2013

Acabo de enterarme por “sierradegatadigital” del fallecimiento de Cándido Pérez Vega. Me he quedado desolado porque Cándido era uno de mis mejores amigos de la Sierra y siempre que un amigo se va perdemos algo de nosotros mismos. Conocí a Cándido cuando los dos éramos maestros nacionales, él en Valverde del Fresno y yo en Villamiel.

Acabo de enterarme por “sierradegatadigital” del fallecimiento de Cándido Pérez Vega. Me he quedado desolado porque Cándido era uno de mis mejores amigos de la Sierra y siempre que un amigo se va perdemos algo de nosotros mismos.

Conocí a Cándido cuando los dos éramos maestros nacionales, él en Valverde del Fresno y yo en Villamiel. Mi esposa y yo congeniamos de inmediato con él y con María José, la suya.

Más tarde ambos fuimos los primeros alcaldes constitucionales de nuestros respectivos pueblos. Cada uno lo era por un partido diferente. Poco después de ser elegidos alcaldes, los dos fuimos nombrados miembros de la que, simplificando, llamaremos Comisión de Colaboración Gobierno-Municipios. Como tales teníamos que ir frecuentemente a la capital para reunirnos con las autoridades provinciales y otros diez alcaldes. Por aquello de ahorrar dinero a nuestros respectivos ayuntamientos solíamos ir en el mismo coche. Las charlas que manteníamos durante las casi dos horas gastadas en la ida y las otras dos de la vuelta (ni las carreteras ni los coches eran como los de ahora) hicieron que nos conociéramos mejor. Incluso solíamos comer juntos, lo que no era siempre bien comprendido por los de su partido ni por los del mío, ¿cómo dos alcaldes de ideologías diferentes podéis llevaros tan bien? llegó a decirme uno de los dirigentes del mío. Mi respuesta: -Porque Cándido es un hombre de bien y yo procuro serlo.

Y ciertamente Cándido era un hombre de bien. Jamás le oí quejarse de nadie de la oposición e incluso afirmaba entender las críticas. Se sonreía cuando yo le decía que no, que no las entendía. Jamás le oí hablar mal de nadie y siempre le ví preocupado, acaso excesivamente preocupado, por los problemas de su pueblo y dolorido cuando no podía solucionar alguno de ellos.

En mi fuero interno me dije muchas veces: -Tengo que tratar de ser tan buena persona y tan buen alcalde como Cándido. No sé si lo conseguí.

Lo que sí sé es que en ese más allá del tiempo infinito en el que está ahora Cándido seguirá preocupándose, además de por su familia, por Valverde del Fresno y por la Sierra de Gata.

A María José, su esposa, y a sus hijas e hijos les deseo la fortaleza de ánimo suficiente para sobrellevar la ausencia física de Cándido (porque espiritualmente nunca desaparecerá) y a él lo que decían nuestros antepasados romanos: que la tierra le sea leve o lo que nosotros decimos hoy, que descanse en paz.

Un abrazo, Cándido, mi mejor abrazo y mi mejor recuerdo.

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