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Historias de la sequía. Un agua en abril y otra en mayo

Sara Fontán | 26 de marzo de 2012

Cuentan que cuando construyeron el ferrocarril, a un hombrino de Cilleros le dijeron que si seguía las vías llegaría a la capital...

Cuentan que cuando construyeron el ferrocarril, a un hombrino de Cilleros le dijeron que si seguía las vías llegaría a la capital. Una mañana de marzo, se echó el zurrón al hombro con la merienda y como burro que sigue la linde se echó a andar hacia Madrid, y aunque quizá estaba más lejos de lo que pensaba porfió en su empeño hasta llegar. Una vez allí, vio un gran grupo de gente en una plaza, nunca había visto tantas personas reunidas, así que se acercó a ver qué ocurría. Todos parecían admirados y decían “¿Acaso habrá algo más valioso?” El serragatino se fue colando y finalmente se plantó ante una gran estatua ecuestre toda ella de oro. “¿Habrá en el mundo algo más valioso?” repetían y el hombrino respondió: “Un agua en abril y otra en mayo”.

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