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La higuera (Ficus carica L.)

José Manuel Robledo Vinagre | 11 de octubre de 2012

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De virtudes innumerables, debido a la antiguedad de su uso, los hebreos elaboraban pan de higo y los egipcios utilizaban los higos como laxantes. Sin embargo, la virtud que ha pervivido hasta la actualidad es la pectoral, apaciguando todo tipo de tos, tomándose secos, cocidos en leche o agua, también combaten la bronquitis, los catarros e incluso fortalecen las encías.

Figueira, figuera o cabrahigo son algunos de los nombres con los que se conoce a este arbolillo de hasta 7 metros de altura, que ya se cultivaba hace casi 11.000

años en el Valle del río Jordán, puesto que allí se encontraron fosilizados unos cuantos higos pasos (y tan pasos), de lo que se dedujo que fué una de las primeras

especies cultivadas por el hombre.

Se trata de un árbol de hoja caduca, de corteza lisa y gris, de copa amplia y por tanto de amplia sombra. Existe una especie cultivable y otra silvestre.

Sus hojas son grandes, ásperas y pecioladas, con limbo palmeado, de color verde oscuro que palidece por el embés.

Sus flores, que pueden ser masculinas o femeninas en el mismo árbol, se encuentran dentro de una cápsula carnosa con forma de pera, sujetandose de la rama por un largo peciolo. Estas cápsulas son los conocidos higos, que tanto abundan por nuestra Sierra, inflorescencias que originan los verdaderos frutos en su interior, como diminutos granos de arena. Los higos aparecen en primavera y maduran en verano, algunas variedades de higuera, negras o blancas, producen otra generación de futos denominados "brevas" que suelen madurar por San Juán.

"El higo para ser bueno, ha de tener cuello de ahorcado, ropa de pobre y ojo de viuda", dice un viejo aforismo para referirse al higo ideal para secado.

Virtudes

Los higos contienen abundantes azúcares, en los desecados pueden llegar hasta el 60%, además de pentosanas y ácido cítrico, málico y acético, materias gomosas y mucílago. El látex está compuesto por cravina, diastasa, esterasa, lipasa, proteasa, fermento lab y caucho, aunque es irritante en contacto con la piel,

Coagula la leche como el cuajo para hacer queso y se le atribuye la virtud de eliminar verrugas, pero advierto que hay que tener mucha paciencia, cubriendo de látex todos los días hasta que notemos su merma.

En sus hojas encontraremos vitamina A, B y algo de vitamina C y D.

De virtudes innumerables, debido a la antiguedad de su uso, los hebreos elaboraban pan de higo y los egipcios utilizaban los higos como laxantes.

Sin embargo, la virtud que ha pervivido hasta la actualidad es la pectoral, apaciguando todo tipo de tos, tomándose secos, cocidos en leche o agua, también combaten la bronquitis, los catarros e incluso fortalecen las encías.

Con 8 higos secos, un trozo de rabillo de plátano, 6 ó 7 rabanillos enteros, 30 gramos de cáscara de almendra, unos 100 gramos de azúcar morena y un litro de agua, podemos elaborar un remedio contra la tos y las enfermedades pectorales. Todo junto lo ponemos a hervir hasta que se reduzca a la mitad, colamos el resultado y lo guardamos en una botella de cristal para tomar cuantas tazas necesitemos para apaciguar la tos.

De la higuera silvestre se cuenta que cura la hernia infantil, los antiguos la trataban con el siguiente ritual:

"En la noche de San Juán, el padre del niño herniado, realiza un corte a lo largo de una rama de cabrahigo, cuidando que sea limpio y que separe la rama por mitad, sin desprenderla, a modo de ojo por el que ha de pasar el pequeño. Cuando dan las campanadas de medianoche, un adulto que ha de llamarse Pedro, sostiene al niño desnudo y lo pasa por el ojo de la hendidura, entregándolo a otro adulto, que se encuentre al otro lado, que ha de llamarse Juan. Éste lo pasa otra vez y se lo devuelve a Pedro y se repite tres veces la misma acción. mientras esto sucede deben decir:

Pedro.- Juan, aquí te entrego este niño quebrado.

Juan.- Pedro, te lo devuelvo bueno, sano y curado.

A la tercera vez, Pedro entrega al niño a una mujer que debe llamarse María y le dice:

Pedro.- Aquí lo tenéis María, Juan me lo ha dado.

María.- En nombre de la Santísima Trinidad lo tomo bueno, sano y curado. Amén".

Después vestían al niño y juntaban las dos partes de la rama de higuera, vendaban la rama con la faja del pequeño y cubrían la venda con una masa de barro, si las dos partes de la rama vuelvían a unirse, el niño quedaría curado; en caso contrario, habría que repetir la ceremonia otro año, hasta conseguirlo.

Sanada la higuera, sanado el infante.

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