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MARIANO EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS Los consejos de la oruga

Julián Puerto Rodríguez | Trabajador Sociocultural

Julián Puerto Rodríguez | 10 de febrero de 2014

Mariano se puso de puntillas y miró por encima del borde de la seta, sus ojos se encontraron de inmediato con los ojos de una gran oruga azul, que estaba sentada encima del sombrerillo del hongo con los brazos cruzados, fumando tranquilamente una larga pipa y sin prestar la menor atención a Mariano, ni a ninguna otra cosa.

Se estuvieron mirando un largo rato en silencio, retándose con la vista. Por fin la gran oruga azul se sacó la pipa de la boca y lanzó una bocanada de humo sobre Mariano que, tosiendo ostentosamente, se dirigió a la oruga:

- No me gusta tu comportamiento desleal, ¿es que acaso ya no me quieres o estás pensando en otro?.

-  Estamos trabajando en ello –contestó la gran oruga con voz lánguida y dormida.

-  No es una respuesta demasiado alentadora –dijo Mariano un tanto airado-, sobre todo si la diriges a una persona recién vencedora en la importante pasada  reunión.

-  Apenas sé, señor, lo que es usted en este momento. Sé quien fue usted años atrás, cuando yo mismo, la gran oruga azul, le encomendé misiones trascendentes, pero creo que ha cambiado varias veces desde entonces. Apenas le conozco –contestó la gran oruga azul en tono despectivo.

- ¿Qué quieres decir con eso? –exclamó enfadado Mariano-. Tú ya no eres el que eras, mis ojos, mis oídos. ¡A ver si te aclaras contigo mismo!.

-  Temo que no puedo aclarar nada conmigo mismo –dijo la gran oruga azul-, porque yo lo que tengo que aclarar lo aclaro en entrevistas y lo escribo en gruesos libros que tú no lees, es más ni siquiera te veo en las presentaciones.

- La verdad sea dicha –contestó Mariano-, es que últimamente no leo nada.

- Temo que no podré explicarlo con más claridad –insistió la gran oruga con cierta amabilidad -, porque para empezar no lo entiendo ni yo mismo. Ten en cuenta que estuve en las alturas y ahora me muevo en las bajuras, son cambios que, pasado el tiempo, se antojan bruscos.

-  Esto que haces no nos lleva a nada -replicó condescendiente Mariano.

-  Bueno, tanto como nada. Ahora me ves oruga azul, luego seré crisálida y después mariposa. No te parece todo esto raro.

-  Para nada.

-  ¡Claro!. Tú también eras azul, te volviste añil y ahora eres gris.

-  Me parece más raro el cambio de oruga a mariposa.

-  Te regalé un programa medido, trabajado y estudiado, te llevé a la gloria y con desprecio me has pagado.

- ¡A ti! –dijo Mariano-, ¿Quién te crees que eres tú?.

-  La censura, soy la gran oruga censora y yo te digo: nada de lo que encomendé y te dejé escrito has hecho.

-  No pude, yo quise pero no pude.

-  Hay que tener agallas, los atributos en su sitio. Te lo he dicho muchas veces: ante los grandes mandamases los pies sobre la mesa y el puro en la boca.

-  ¡Aquí se habla español!.

-  Aquí hablas lo que se hable en Bruselas. Te has endeudado Mariano, como se endeudaron Carlos I y Felipe II, “Está consumido y gastado casi todo lo que se puede sacar de rentas ordinarias, extraordinarias, bulas y subsidios”, dijeron en 1554. Acabarás vendiendo los maestrazgos. Español hablan las victimas y lo hablaran en las urnas.

-  Las encuestas nos son favorables.

-  ¿Las que cocina los tuyos o las que adecentan los otros?.

-  Todas, aunque mal te pese, todas.

-  Vigila, vigila Mariano –sentenció la gran oruga azul.

-  ¿Eso es todo?.

-  No. Tengo la sensación de que no te acuerdas de cosas que antes sabías muy bien y no pasan diez minutos sin que cambies de ideas. Estas confuso Mariano y mal aconsejado. Vas por muy mal camino.

-  ¿De qué no me acuerdo?.

-  ¿A qué no recuerdas aquellos versos que te enseñé?: “ved cómo la industriosa abeja/aprovecha cada luminosa hora/ para libar la miel el día entero/de cada abierta flor…”.

-  No sabría como seguir porque eso es antiguo. Por los mentideros políticos se recita: “Ved cómo el industrioso cocodrilo/ aprovecha su lustrosa cola/y derrama las aguas del Nilo/sobre sus escamas doradas./Con qué alegría muestra sus dientes/con qué primor dispone sus uñas/y se afana en invitar pececillos/a entrar en sus mandíbulas sonrientes.

-  Mariano colócate a mi derecha que marasqui, babarasqui, pipirismasqui.

-  ¿Qué?.

-  Anda, anda. Ponte a mi izquierda.

-  No me digas que no he recitado bien.

-  No debe ser agradable estar cambiando tan a menudo. Ya no sabrás ni quien eres.

-  Yo estoy bien así. He pasado de la resignación a la esperanza, del desánimo a la confianza, del conformismo al reformismo.

-  Con tanta reforma no va a reconocer esta España ni la madre que la parió.

-  Recibimos un país al borde de la quiebra, con un déficit insoportable, mucha inflación, falta de competitividad y el sistema financiero en entredicho.

-  Esto mismo acabo de leer, sobre aquellos años, de los Estados Unidos y de los países de Europa. Es una crisis global que empezó por esos estados americanos. Bear Stearns, un banco con 86 años de historia, tuvo problemas de liquidez y tuvo que ser comprado, con ayuda del gobierno, por el JP Morgan, luego fueron Fannie Mae, Frederí Mac… Ahí empezó todo.

-  Aquí también se rescataron los bancos, a pesar de que nos aseguraron  que teníamos un sistema financiero fuerte.

-  Sólo las Cajas, Mariano, no exageres, sólo las Cajas y algunas con gestores amigos. Tú mismo has dicho que los españoles nos rescatamos a nosotros solos.

-  ¿Tú dónde estás, conmigo o contra mi?.

-  Con España y la verdad Mariano. Por cierto ¿qué pasa con la alcaldía de Madrid?.

-  Que para una alcaldía tan importante hay que saber inglés.

-  ¡Ya!.

-   Yo he hecho grandes reformas, he pregonado luz al final del túnel. No hemos tenido más ayuda que la responsabilidad de los españoles.

-  De algunos, sólo de algunos. Hay clases económicas intocables. Los grandes capitales, intangibles estos, son más grandes, mientras los trabajadores son más pobres.

 -  Hemos logrado preservar los grandes servicios públicos, como la educación y la sanidad, que siguen y seguirán siendo universales, públicos y gratuitos.

-  Me alegro, porque esa también fue la herencia. Por cierto: ¿La privatización de la sanidad de Madrid, ya no es posible, no?.

-  Hemos tenido que tomar decisiones ingratas pero equitativas. Hemos intentado ser justos a la hora de repartir las cargas de la crisis.

-  El reparto ha sido ingrato, sí: bajada de sueldos, despido libre, subida de impuestos, pago de medicamentos, pérdida de poder adquisitivo de las pensiones, intentos de privatización, subida de los productos básicos, desahucios..., por una parte, ¿y por la otra?.

-  Con el tiempo las familias sentirán el resplandor de la luz al final del túnel.

- Es curioso como las familias, de las que soy la gran defensora, fueron las primeras en sentir los efectos perniciosos de la llegada de la crisis y, estas mismas, familias serán las últimas en recibir los efectos beneficiosos de la salida de ella.

- Llegará cuando llegue, los que lo tienen que sentir ya lo están sintiendo y esos son los nuestros. Lo importante es que esto no se repita.

- Los estudios de que disponemos nos dicen que estas crisis son cíclicas, independientemente del gobierno de turno. Lo fue con la crisis de los tulipanes en el siglo XVII; el fraude masivo del oro en el siglo XVIII; las compraventas ferroviarias del siglo XIX; el crac de 1929; la guerra del petróleo de 1973; la caída de Wall Street en 1987; el ocaso del Japón en 1989 y de Méjico en 1994; la quiebra digital en el 2000 y la actual crisis  a partir del 2001. Ya no te acuerdas, pues algunas son de antesdeayer.

-  Perdona, con tanto número me quedé dormido. –estiró los brazos desperezándose.   

- Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. Instituciones públicas, financieras y consumidores hicieron caso omiso a esto, repitiendo los errores y esto ha traído consigo la mayor crisis del mundo.

-  Yo recuerdo el pasado que quiero recordar.

- La desregulación del suelo, la burbuja inmobiliaria, la acumulación de capital en unos pocos, los paraísos fiscales, la evasión de capitales, la especulación, la corrupción, el impago de impuestos, la economía sumergida, los gastos desenfrenados en bienes de consumo, la inversión masiva en bolsa… Todo eso es consecuencia de otras y de esta crisis.

-  Yo lo que digo es que ya no es tan inevitable el despido, ni tan impune el despilfarro, ni tan accesible la corrupción

-   ja, ja, ja… perdona Mariano, no fue lo primero, sino estos dos últimos. No pude evitarlo, es risa nerviosa. ¿Me entiendes?.

-  Tú te ríes demasiado, creo yo, pero te digo: ¡Claro que seguiremos con las reformas!.

-  ¿Y esas reformas que encargas que tienen que ver con la crisis?.

-  Nada, las hago aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

-  Una mujer quedó grave y hubo varios heridos.

-  Gente increpadora, antisistema.  Ya no se respeta a las personas que disfrutan del ocio y de la ganada hora de descanso en la comida.

-  Son parados en movimiento.

-  ¡Pobrecillos!, son los Santos Inocentes. Por cierto, se me olvido decirte que estás sentada encima de una amanita muscaria.

-  Y tú sobre una bomba de relojería.

-  Ya vendrán tiempos mejores.

 

 

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