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Paisaje y turismo residencial de bajo impacto en Sierra de Gata

José Miguel López | Presidente de la Asociación Somos Sierra de Gata. Empresario y Abogado. Propietario y director de La Almazara de San Pedro

Sierra de Gata Digital | 10 de Febrero de 2013

“Si el paisaje es la interacción hombre-naturaleza, la falta del primer elemento, o las restricciones a su poder modelador, produce su inmediata degradación” Amplio en este artículo los planteamientos iniciales que se exponían en esta página sobre urbanismo y turismo residencial.

“Si el paisaje es la interacción hombre-naturaleza, la falta del primer elemento, o las restricciones a su poder modelador, produce su inmediata degradación”

Amplio en este artículo los planteamientos iniciales que se exponían en esta página sobre urbanismo y turismo residencial.

El paisaje es sin duda uno de los mayores atractivos y potenciales turísticos de  Sierra de Gata. Su ubicación estratégica, a las faldas de la ladera sur del Sistema Central, le proporcionan una peculiaridad única derivada del microclima, la variedad de ecosistemas según la altura y la virginidad derivada del bajo impacto de desarrollismo mal entendido que ha alteró profundamente otras comarcas cercanas.

Sin embargo, los que conocimos Sierra de Gata hace mas de 30 años, podemos comprobar como ese paisaje se ha visto degradado por razones que analizaremos mas adelante.

Aunque, fácilmente recuperable, ahora mismo, el entorno natural de la Comarca precisa de actuaciones que lo pongan en valor si queremos ofrecer algo que cause fascinación en el visitante y orgullo en nosotros mismos.

Antes de continuar querría hacer, como hacían los antiguos escolásticos, una “explicatio terminorum”. O, dicho en castellano, dejar claros los términos de los que hablamos. Si no nos ponemos de acuerdo sobre lo que queremos decir con “paisaje”, difícilmente podremos llegar a conclusiones sobre su gestión.

Algunos tienen la creencia equivocada de que el paisaje natural es el resultado visual y sensorial que ofrece la Naturaleza en su estado mas puro. Ello es consecuencia falaz de llevar a su último extremo planteamientos conservacionistas. Pero eso ni es, ni ha sido nunca el paisaje mas que en su acepción semántica mas simple. El paisaje como recurso es otra cosa. El Convenio Europeo del Paisaje, que España ratificó en 2008 define el “Área, tal como la percibe la población, el carácter de la cual es resultado de la interacción de factores naturales y/o humanos.” No es que se trate de una redacción muy afortunada, pero, su sentido, es claro: el paisaje es el resultado de la interacción armónica entre la Naturaleza y el hombre.

Y, partir de ahí, quizás, se pueda explicar una de las causas de “degradación” del espectacular paisaje de Sierra de Gata. El paisaje que hoy tenemos el privilegio de disfrutar en la Sierra no es el resultado de la Naturaleza en estado puro. En ese caso sería una selva impenetrable. Es, al contrario, el resultado de siglos y siglos de trabajo humano, de interacción.  Desde antes de los romanos, pasando por los árabes hasta nuestro días, todas las culturas fueron dejando su marca indeleble en el paisaje para conformarlo tal y como hoy lo conocemos.

En mi corta experiencia vital, que apenas llega al medio siglo, pude contemplar un momento de esplendor de ese paisaje sierragatuno haya por los años 60/70. En aquel momento, la vida rural era intensa: la Sierra de Gata tenía a una gran parte de su población con residencia fuera de los cascos urbanos, repartida sabiamente en múltiples y pequeñas construcciones que se repartían estratégicamente por toda la campiña conformando explotaciones autosuficientes dedicadas a la agricultura, la ganadería, la madera y la molienda de forma tremendamente efectiva. La interacción sinérgica hombre-naturaleza era total y coordinada. El agro se encontraba al máximo de su capacidad productiva y, no por ello ni la ecología ni el medio ambiente se veían afectados. Muy al contrarío. No era el dominio del hombre sobre la Naturaleza ni de la Naturaleza sobre el hombre, sino un entente cordiale desarrollada con sabiduría durante miles de años.

Aquel momento de esplendor al que me refiero nos permitía disfrutar de ríos limpios, veredas transitables, linderos de piedra en perfecto estado de mantenimiento, pasos fluviales, campos limpios de zarzales y mala hierbas, praderas verdes, naturalmente abonadas y segadas por la guadaña o el ganado, frutales de todo tipo generosos y bien podados, huertas fértiles, sistemas de regadío de increíble eficacia, construcciones miméticas y útiles, con materiales ecológicos, bosques limpios y generosos en madera, árboles formados, flores, abejas, pájaros, caza… Casi un paisaje de cuadro de la National Gallery.

Aún permanecen en Sierra de Gata miles de construcciones, viviendas, caseríos, molinos, establos, graneros, etc. en estado de mayor o menor abandono, pero con un carácter típico serrano y una adaptación estética y orgánica total con su entorno.

Pero ocurrieron dos factores que alteraron esa perfecta relación hombre-naturaleza que era el paisaje sierragatuno: por un lado, el abandono del medio rural en busca de formas de vida mas economicista, menos dependiente de la Naturaleza, mas segura y confortable, mas dependiente del modelo desarrollista de los 70. La población pasó del campo a los pueblos y, en muchos casos de los pueblos a la emigración. La economía de subordinación directa a la Naturaleza se asimiló con la miseria, el subdesarrollo y la ignorancia. El campo, gestionado no como forma de vida, sino como explotación económica no resultaba apenas rentable o, si lo era, era a base de esfuerzos y sacrificios propios de otra época casi medieval. Así, se abandonó en un alto porcentaje la vida rural y, las consecuencias sobre la modificación del paisaje fueron inmediatas y llegan, por desgracia, hasta hoy en día.

Por otro lado, a partir de los años 80, la Administración pública creció en España de forma exponencial invadiendo normativamente prácticamente cualquier ámbito de la actividad humana: ayuntamientos, diputaciones, autonomías, ministerios y Comunidad Europea tenían que dotarse de contenido y lo hicieron regulando, normativizando, controlando y obstaculizando en muchos casos cualquier actividad. Y lo hicieron sobre determinadas premisas, una de ellas, era sin duda la protección del medio ambiente. La Administración de aquellos años, acosada por las de los primeros movimientos ecologistas, decidió asumirla como bandera y se apropió de ella. Pero no lo hizo del todo bien. Cuando a un tonto le pones una gorra se siente un pequeño dictador. Cuando la administración pública se apropió de la ecología asumió ese carácter prohibicionista y sancionador que la caracteriza impidiendo cualquier actividad que venía siendo cotidiana en la interacción hombre-naturaleza durante, al menos los últimos 30.000 años. Quisieron ser mas papistas que el Papa.

El resultado es que, a día de hoy no puedes, si permiso, podar un árbol, limpiar el cauce de un río, recopilar piñas para encender un fuego, coger poleo para aderezar el gazpacho o incluso defecar tranquilamente bajo un olivo. No puedes, a priori, construir un chafurdón para protegerte de la lluvia, ni encender un fuego para calentarte, ni plantar una mimosa para alégrate la vista, ni restaurar un viejo molino en ruinas…

Eso sí, si sabes cumplimentar papeles y tocar la teclas necesarias, podrás destrozar el paisaje sin problemas construyendo una factoría espantosa en el sitio mas llamativo y a la vista de todo el mundo.

El paisaje de siglos se muere ante nuestros ojos mientras la administración nos ata las manos para que contemplemos inermes esta catástrofe.

Así, podemos resumir que tenemos dos problemas en lo que respecta a la degradación del paisaje en Sierra de Gata: por un lado, la despoblación del ámbito rural que suprime uno de los elementos del paisaje (el factor humano) y, por otro, la normativa administrativa que reduce hasta la parálisis esa interactuación cultural y cotidiana hombre-naturaleza en los pocos sujetos que aún desarrollan su actividad en el medio rural.

Ese es mi diagnóstico del problema. Pero, si estamos donde estamos, es porque, de alguna forma, se está generando un sentimiento global de necesidad de cambio. Yo, y muchas mas personas, apostamos por el turismo como motor de desarrollo de nuestra Comarca, porque pensamos que ello beneficiaría directa o indirectamente a toda la población. Y, si queremos ese cambio, una de las formas de conseguirlo es poniendo en valor unos de nuestros mejores patrimonios: el paisaje.

En esta ocasión, estoy con los de ADISGATA, -en cierto sentido-, cuando decían que “habría que huir de las soluciones rápidas y fáciles”. Y me explico, para actuar sobre el paisaje, lo mas rápido y sencillo (Si hubiera dinero, claro está) es contratar mano de obra y restaurarlo a su estado óptimo. Pero, se da la circunstancia de que no hay dinero y, aunque lo hubiera, cualquier actuación exógena sobre el paisaje revertiría a su estado anterior en poco tiempo, salvo que fuera mantenida en el tiempo, lo cual sería económicamente insostenible.

Si el problema es que nadie habita el campo y, para colmo, las normas impiden cuidar del paisaje, la solución óptima sería re-habitar el campo y cambiar las normas.

En el fondo esas dos soluciones, si se diera con la fórmula para llevarlas a cabo, no son de difícil ejecución (Es mas cuestión de voluntad) y tendrían un efecto casi inmediato. (Por eso decía que le daba la razón a ADISGATA solo “en cierto sentido”). También serían las soluciones más económicas. Pero, ¿se puede hacer?

Vayamos por partes. Conseguir re-habitar el campo, según el modelo que todos tenemos en mente, es directamente, imposible. Por un lado, la gente de la Comarca busca, lógicamente, lo que ellos entienden por calidad de vida y, por otra parte, cualquier industria agro-ganadera, forestal o relacionada con la explotación directa con la Naturaleza, no es rentable, o lo es muy difícilmente a la escala que permite la Sierra de Gata (que es la de pequeñas explotaciones). Está claro que los habitantes de Sierra de Gata no van a volver al campo de momento. Entonces ¿Quién? ¿Hay alguien a quien le pueda interesar vivir en la campiña serrana?

Antes de buscar a nuestros nuevos colonizadores rurales que aporten vida y optimicen el paisaje hagamos un lapsus para que la solución no se convierta en un problema y acallar a priori críticas especulacionistas. Decía unas líneas mas arriba que la Sierra de Gata posee, en diferente estado de conservación, miles (Y digo MILES) de construcciones rurales de otros tiempos cuyo nivel de integración con el paisaje y la naturaleza son absolutas. Si se trata de poner en valor lo que ya tenemos, esa es una buena pista sobre las estrategias a seguir. Debemos favorecer al máximo una nueva vida para esas construcciones. El campo de Sierra Gata estaba totalmente habitado hace unos años, o sea, que ya tenemos los sitios, o lo que queda de ellos, sólo hace falta recuperarlos. Así, espero que quede claro que no hablo de chalets, ni de urbanizaciones, ni de recalificaciones. Por otra parte, ese modelo está agotado. En España existen actualmente millones de edificaciones de ese tipo en busca de dueño y me temo que tardarán en encontrarlo. Este tipo de actuaciones que propongo no beneficiarían a una sola mano,  como ha ocurrido en España con la especulación  inmobiliaria hasta ahora, sino que podrían sacar partido de ella, prácticamente a todas las familias serranas.

Dicho esto continuemos con la búsqueda de colonos. Hay, en España y, particularmente  en Europa, muchísimas personas en busca de nuevos modelos de vida basados en la Naturaleza, el buen clima y las buenas comunicaciones. Desde jubilados o prejubilados, hasta trabajadores autónomos tecnológicos cuya labor se desarrolla telemáticamente desde cualquier lugar con conexión a Internet. Todos ellos buscan lugares agradables para vivir, ecológicamente integrados, con climas templados, con espacios al aire libre en plena Naturaleza, con buen nivel de conectividad y servicios. Eso es exactamente lo que podría ofrecer la Sierra de Gata. Nosotros tenemos la zona, el clima, la Naturaleza, el paisaje, las construcciones, los servicios, el trato. Sólo nos falta una cosa. Hacerlo posible y comunicarlo.

Hacerlo posible tiene algo que ver con el segundo problema que identificaba en este artículo: la dificultad normativa. Por experiencia personal puedo asegurar que, de unos años a esta parte, la rehabilitación de un inmueble típico de Sierra de Gata es una pesadilla administrativa que no deseo ni a mi peor enemigo. Es una tarea desalentadora, ardua, lenta, cara, conflictiva, laberíntica, kafkiana y cuantos adjetivos épicos se puedan poner sin quedarse corto. Si, para una persona local con ciertos conocimientos jurídicos, la tarea es “misión imposible”, no digamos lo que supondría para un inocente ciudadano europeo que no maneje con soltura ni nuestro idioma ni nuestras infinitas normas restrictivas.

Pero la normativa no tiene por que ser a priori tan complicada, nada obliga a que así sea. Nuestro sistema normativo es un puro invento no obligado que se ha ido consolidando de firma consuetudinaria por la sencilla razón de que nadie ha querido simplificar la madeja burocrática, si no que, muy al contrario, la han ido liando cada vez mas.

Sería, jurídica, técnica y administrativamente posible, e incluso fácil, establecer protocolos administrativos simplificados que aúnen un muy pocos actos toda la tramitación necesaria para la rehabilitación como vivienda de una construcción existente. Prácticamente toda la competencia en ese ámbito es de competencia municipal y, la que no es, podría ser simplificada mediante convenios previos con, por ejemplo, la Confederación Hidrográfica del Tajo, Industria, Medio Ambiente y el resto de organismos involucrados.

Si logramos hacerlo y comunicarlo, podríamos estar ofreciendo a miles de “colonos” ansiosos de Naturaleza, la oportunidad de vivir en un auténtico paraíso ecológico, natural y paisajístico. Dicho proyecto, además de mejorar el paisaje por la interactuación de los nuevos moradores, reviviría nuestro patrimonio arquitectónico rural, generaría beneficios directos a los habitantes y propietarios de la Sierra.

(¿Quién no tiene una finca con una construcción?) e, indirectamente, generaría cientos de puestos de trabajo, primero los relacionados con la rehabilitación, construcción y dotaciones de servicios, y, en un segundo momento con todas las áreas de consumo y servicios que solicitarían los nuevos moradores. Hablamos ya de beneficios para TODOS los habitantes de la Sierra, desde el responsable de una gestoría, peluquería, frutería o cualquier tipo de tienda, hasta traductores, acompañantes de personas mayores, jardineros, o los propios bancos y Ayuntamientos de la zona.

Cada uno de los nuevos moradores, debidamente documentado y con pautas específicamente pensadas para Sierra de Gata, se convertiría en un “guardián del pasaje”, un “Landscape Gardian” que mantendría, cuidaría y actuaría sobre su área de influencia paisajística con mucha mas eficacia que el SEPRONA. Porque nadie traslada su lugar de residencia a Sierra de Gata desde 3.000 Km. de distancia para vivir rodeados de zarzales, poner somieres como cancelas de entrada o bañeras oxidadas como bebederos de ganado. Ya hay ejemplos en la Sierra de estos nuevos moradores y son un auténtico ejemplo de gestión ecológica y estética de sus propiedades.

Por otra parte, este tipo de gestión del paisaje también beneficia el turismo tradicional. Está claro que el visitante eventual busca cosas diferentes y una de las que puede ofrecer Sierra de Gata es su paisaje natural y cultural forjado durante siglos.

Pero, no olvidemos que, si por ejemplo, el turista eventual realiza un gasto de 400 € en su visita de 2 días a la Comarca, el turista residencial que nos va cuidar y mejora el paisaje (Sólo con eso ya sería rentable) gasta a lo largo del año 50 veces mas. Es decir, 1.000 turistas residenciales equivalen a 50.000 turistas eventuales en lo que se refiere a beneficio económico para la Sierra. Y el ratio del que hablo es moderado.

Este planteamiento de facilitar las rehabilitación de inmuebles rústicos sería igualmente válido para los cascos históricos y, pararía de raíz el creciente deterioro de la arquitectura urbana. No obstante, por no ser el tema de este artículo, lo posponemos para otro momento.

Es cierto que hay determinadas zonas y/o parcelas de la Sierra que carecen de ese tipo de construcciones o ruinas, y sin embargo, reúnen las dimensiones legales y de sostenibilidad para un mini-asentamiento humano. Lo que está pasando actualmente en esas zonas es que, de forma legal, alegal o, directamente ilegal, se están construyendo edificaciones “tipo chalets” que nada tienen que ver con nuestra arquitectura ni nuestro tipismo. Es una realidad mas que evidente para cualquiera que recorra la Sierra de Gata. No hace falta ni si quiera levantarse del ordenador para comprobarlo: le herramienta Google Street View nos permite recorrer paso a paso prácticamente todas las carreteras principales y secundarias de nuestra Comarca y ver el desaguisado. 

Una alternativa a ese tipo de construcciones, en parcelas donde no existan edificaciones típicas pre-existentes, sería la de homologar determinadas construcciones de bajo impacto ecológico y visual. El movimiento “Tiny Houses” (Casas pequeñitas) triunfa en los países mas desarrollados con este tipo de planteamientos. Muchos se rasgarían las vestiduras en España, pero, países como Suecia, Suiza, Usa, Canada, Dinamarca y muchos otros lo están haciendo, consiguiendo con ello la repoblación a pequeña escala del mundo rural con sus beneficiosas consecuencias para la ecología, el paisaje y la micro-economía local. La Sierra de Gata podría convertirse en referencia Europea de este desarrollo armónico, sostenible y vinculado a la Naturaleza. 

Una vez puesto en marcha el plan sería necesario comunicarlo y hacerlo atractivo. La Web es en este caso el elemento fundamental. Debería estar en al menos 4 idiomas; ser clara y convincente. Así mismo haría falta un apoyo administrativo multilingüe para la solución de unos trámites, fáciles, apriorísticos y resolutivos que contemplen todas las facetas del proceso. Se podría incluso dar seguridad a los nuevos moradores con avales que garantizaran los proyectos en sus tramitaciones,  calidades y plazos de construcción rápidos. Eso es dar seguridad.

Resumo, en este último párrafo las ideas básicas del artículo: paisaje implica una adecuada interacción humana con la Naturaleza. La despoblación del mundo rural y la restrictividad administrativa nos han llevado al deterioro del paisaje precisamente por falta de interacción. La solución a la recuperación del paisaje, y por ende, la actividad económica derivada de su atractivo turístico, pasaría por repoblar el campo y permitir una interacción normal y positiva entre el habitante y entorno. Existe un público ansioso de residencias en lugares como la Sierra de Gata siempre y cuando las condiciones de asentamiento sean posibles y favorables. Hacerlo, comunicarlo y ponerlo en marcha es posible, es fácil y sería muy beneficioso para todos.

Eljas, Sierra de Gata, Febrero de 2013

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