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PHI Proyecto “Las Siete Fuentes”

Julián Puerto Rodríguez | Trabajador Sociocultural

Julián Puerto Rodríguez | 07 de octubre de 2013

Fue otro de los temas que surgió en las improvisadas tertulias de verano, en el desafío de las frescas noches de verano al agostero serragatino. Un proyecto de la Fundación Phi que pretende instalarse en los términos municipales de Acebo y Hoyos, en torno al hermoso paraje de Las Siete Fuentes.

La citada Fundación habría adquirido para ello una suma de propiedades con un total de 37,47 hectáreas, repartidas entre “El Revolcobo”, para la ubicación de los edificios en una parcela de 12,21 hectáreas, “Las Siete Fuentes”, que ocupa la mayoría de las 19,01 hectáreas dedicadas a parcela rural y  “El Castañar”, que quedaría reducido a 6,13 hectáreas.

La Fundación Phi se autodefine como una organización que trabaja a favor de la armonización y el equilibrio cuerpo-mente-entorno, para el desarrollo integral de la persona. Este proyecto se compone de dos partes diferenciadas y totalmente complementarias: Fundación Phi, con su programa “La Universidad de la Consciencia” y Phi Gaia, con su complejo ecoturístico “Centro Phi Gaia”.

Seis Escuelas Phi, ofrecerán programas de estudios, formación e investigación: “Escuela Phi Medioambiental”, “Escuela Phi Espaciophi”, “Escuela Phi de Yoga Vedanta y Meditación”, “Escuela Phi de Nutrición, Cocina Vegetariana y Cocina Biológica”, “Escuela Phi de Técnicas Manuales, Creativas y Oficios Tradicionales” y “Escuela Phi de Solidaridad”.

Para ello hay una serie de construcciones proyectadas que se concretan en un edificio de dos plantas, para sede de la Fundación, con una superficie útil de 1.056,03 m2.

Un alojamiento, para población estante, de una planta, con una superficie útil de 204,40 m2. Un comedor y lavandería de dos plantas, con 846,95 m2. Dos alojamientos más de dos plantas, con una superficie de 479,61 y 1.543,18 m2, respectivamente y un hotel de dos plantas, con una superficie de 1.604,80 m2.

Las actividades quedan repartidas en dos edificios, de una planta cada uno, con una escuela de 627,65 m2 y una sala de meditación de 546,87 m2.

Menos concreción tienen las instalaciones agrícolas que dispondrán de una nave para la maquinaria agrícola, una nave para almacenamiento y manipulación de los productos, establo para caballería, granja, invernadero y vivero, que permitirá la gestión de los cultivos y la granja ecológicos.

En estos edificios, proyectados para un mínimo impacto medioambiental, se busca la armonía con el entorno natural y la eficiencia energética. Uno de sus objetivos es la protección y potenciación del patrimonio persistente, tanto en la flora como en la fauna propias del lugar. Se pretende que el complejo turístico sea autosostenible, con una integración limpia, eficiente y no contaminante.

Suponemos el esmero y cuidado en la construcción de los edificios por ser la manifestación material visible de los principios y valores en los que la propia fundación Phi se inspira. Unos principios que permiten al ser humano responsabilizarse plenamente de sus actos, que promueven la solidaridad y la cooperación entre comunidades, que fomentan la paz y la fraternidad entre los seres humanos y el respecto al entorno que habitan.

La zona elegida es de alto valor ecológico y de una gran belleza paisajística y medioambiental. Además de la plantas, árboles autóctonos, fuentes, riachuelos y animales característicos de la zona, quedan dentro de las parcelas elegidas algunos zahurdones, corrales de cabras y restos del antiguo monasterio.

Es lógico que, además, de la gestión de los servicios propios destinados a atender la demanda turística como son el hospedaje, restaurante, tienda y lavandería, así como al cuidado de las explotaciones agrícolas y ganaderas, se tienda a un eficiente uso del agua, residuos y energías renovables, con actividades complementarias, para la conservación de bosques, especies autóctonas y creación de reservas florales. Ya hace casi un año que se procedió al desbroce de la zona y sus bancales.

Será, por tanto, un objetivo principal del centro garantizar un flujo estable de visitantes durante todo el año, basado en una oferta de turismo complementario, ocio y formación en torno a la cultura y las humanidades.

Se trata de captar tanto al turismo rural como al turismo ecológico. Un turismo específico de estudiantes, comunidades científicas, investigadores, escritores y pensadores. Personas, en definitiva, que busquen un espacio de retiro y recogimiento y aquellas que aspiren a una mayor realización personal y espiritual. Queda por ver el impacto turístico fuera de las instalaciones preparadas al efecto, sobre todo en las localidades colindantes y en el resto de la Comarca de Sierra de Gata.

Uno de los defectos de esta zona nuestra, en tanto atención a la incipiente industria del turismo rural, sea este endógeno o exógeno, es la falta de preparación de la población en general para captar la atención de los visitantes hacia en interior de las poblaciones y, en particular, de ofrecer los servicios de interés de que se dispone, sean históricos, artísticos, artesanales, de ocio o de restauración. Es tanto así, por poner un ejemplo, que algunos usuarios foráneos, asiduos a las piscinas naturales, desconocen esas posibilidades mencionadas en las poblaciones en cuyo término se ubican estos espacios lúdicos, pasando de largo, por sus centros urbanos o por sus carreteras de circunvalación, ante la impotencia de las pequeñas industrias familiares y la desidia de algunas administraciones locales.

Si bien el proyecto Phi define con detalle las actividades que se desarrollarán en sus instalaciones, y en las parcelas adquiridas, para la puesta en marcha de sus propuestas, no lo hace así con el proyecto de interrelación e interacción con las localidades de Acebo y Hoyos, que lo acogen y con su ubicación en la Comarca de Sierra de Gata. Esto es importante para que su presencia incorpore elementos de convivencia con la población autóctona, incorporando algún proyecto de disfrute general, novedoso por sus características, que lime las aristas de desconfianza hacia lo desconocido y la sensación de intrusismo en el hábitat local, como ocurre con el resto de instalaciones ubicadas hasta ahora, cuyo entronque con los municipios es escaso, por no decir, cuasi nulo.

La distancia con los dos municipios, en cuyos términos municipales se ubicará el proyecto, no debe ser impedimento para buscar la integración, huyendo de la tentación de una propuesta endogámica que minusvalore las potencialidades intrínsecas de Sierra de Gata.

   

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