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36. Siglo XVIII (IV) Reinado de Fernando VI (1746/1759)

Domingo Domené. Historiador. Centro de Estudios de Sierra de Gata | 15 de febrero de 2013

Mausoleo de Fernando VI
Mausoleo de Fernando VI
A Felipe V le sucedió su hijo Fernando VI, fruto del primer matrimonio de su padre. Fernando VI había estado marginado de la Corte por decisión de su madrastra Isabel de Farnesio. En 1729 se había casado en Badajoz con la infanta Bárbara de Braganza, no muy agraciada físicamente (“Pobre, fea y portuguesa, chúpate esa” decía el populacho), una mujer culta (dominaba seis idiomas) y dulce de la que el rey se enamoró profundamente, tanto que cuando doña Bárbara murió Fernando VI que había heredado de su padre el carácter bipolar enloqueció sin remedio. Ambos están enterrados en las Salesas Reales de Madrid. Fernando VI, neutralista en política exterior, también fue un buen rey. Durante sus trece años de reinado en Sierra de Gata no aconteció nada notable. Así y todo hablaremos de algo

Durante los años que rigió nuestro país aquel buen hombre que fue Fernando VI se tomaron medidas eficaces para el progreso del país: la economía, las obras públicas, las ciencias y las artes recibieron un notable impulso.

Cualquier libro nos dice que en esta época se regularon los pósitos que eran simultáneamente almacenes de grano y cajas de crédito para los agricultores y que tanto ayudaron a combatir el hambre, sobre todo en las comarcas no cerealistas como la nuestra. (En el aspecto crediticio los pósitos han existido en alguno de nuestros pueblos hasta hace muy pocos años, aunque casi nadie por ignorancia recurriese a ellos). El mejor de los pósitos de la comarca fue el de Gata, incendiado años después por los franceses, que estaba en el lugar que hoy ocupa el ayuntamiento.

En 1749 por sugerencia del marqués de la Ensenada se responsabilizaba a los pueblos del cuidado y mantenimiento de los caminos del respectivo término municipal. Los ayuntamientos reactivaron la vieja obligación medieval de la facendera y obligaron a los vecinos a dedicarse en forma gratuita a esos menesteres durante varios días, previamente señalados, al año. Esta obligación ha subsistido hasta poca muy reciente en alguno de nuestros pueblos; estaban exentos de ella los curas y los maestros.

El mismo ministro y en el mismo año impartió las órdenes precisas para que se hiciera el recuento de la riqueza existente en el país con el fin de establecer una contribución ajustada a la realidad y que sustituyera a la mayoría de los impuestos existentes. Es el famoso catastro de Ensenada tan importante para conocer la España del siglo XVIII. (Cualquiera que esté interesado en saber sobre la economía de una localidad puede consultar este catastro en internet).

Al año siguiente, y por influencia de la reina doña Bárbara de Braganza se firmó un tratado de límites con Portugal, que aunque afectó fundamentalmente a territorios americanos sirvió para que los reyes del país vecino dejasen de una vez por todas de reivindicar parte de Sierra de Gata.

Un problema casi eterno, cual era el contrabando con Portugal, intentó solucionarse; el resultado fue el de siempre: fracaso absoluto. Dediquémosle, no obstante, algunas líneas.

Ya hemos hablado en numerosas ocasiones de los problemas comerciales derivados de nuestra proximidad a la frontera portuguesa y que casi siempre se reducían a eludir, en la medida de lo posible, el pago de tasas aduaneras. El nuevo régimen establecido por los Borbones, tan centralista y ordenancista, quiso poner fin al fraude contra la Hacienda Pública que era el contrabando con la creación de nuevas instituciones aduaneras; el éxito fue escaso.

Desde la época de los Reyes Católicos el comercio legal de nuestra comarca con Portugal había de hacerse a través de las aduanas o puertos secos de Valverde del Fresno y de Zarza la Mayor. En 1720 se creó una aduana también en Cilleros; a ellas se unió en 1750 la llamada aduana de afianzo (aduana en el interior) de Hernán Pérez que poco después (1767) se trasladaría a Gata para controlar las mercancías que hubieran podido soslayar la vigilancia de las que estaban en la frontera. Visto el escaso éxito de tales aduanas de afianzo acabaron siendo suprimidas por Carlos III.

Pero, retrocedamos unos años. En la década de los treinta las cosechas de grano en Portugal fueron escasas y consecuentemente, el precio del grano se elevó. Como era casi natural y previsible los vecinos de los pueblos españoles de la frontera se aprestaron a obtener beneficios de la situación y a sacar de España todo tipo de cereales para venderlos más allá de la raya; pero, ese proceder hacía que el precio del grano se elevase en España y más aún en pueblos como los de Sierra de Gata en los cuales la cosecha de cereales siempre era insuficiente. En 1734 el administrador de aduanas de Badajoz comunicaba al gobernador de Trevejo -y a otros- que procediese a vigilar la frontera para impedir la extracción de granos. No consta que se hiciese ninguna aprehensión.

Años después se contrabandeaba con otros productos. En 1747 lo que había que impedir era el contrabando de jabón con destino a Portugal que se hacía desde Cilleros. También se hacía contrabando de tabaco: en 1780 consta que se habían aprehendido siete contrabandistas por parte de la partida del resguardo de Acebo, algunos de los cuales eran de Acebo y Gata, a los que se les había requisado 88,75 libras de tabaco; es decir, que el contrabando de lo que fuese seguía siendo una actividad importante en nuestra comarca.

En cualquier caso debe quedar constancia que nuestros antepasados no eran los más defraudadores de la Hacienda pública ya que la capital del contrabando no estaba en la Sierra, sino en Ceclavín, donde consta se refugiaban y obtenían una relativa protección los contrabandistas de media España.

De Sierra de Gata o relacionados con ella conocemos a sujetos tales como Francisco López Falcón, ladrón y padre de ladrones y contrabandistas tales como Juan Gómez Falcón y de Juan Serrano Falcón, éste había sido mesonero en Villamiel. El más notable de todos fue el angelito conocido que se llamaba Joseph Álvarez. Aunque la cosa no queda muy clara parece ser que el Joseph además de la mujer le quitó la vida a uno de Villamiel y después a otro que pasaba por allí, por Ceclavín; los cronistas nos dicen de él que era “ladrón y matador, quitó la vida a uno de Villamiel, marido de la torrexoncillana, y pasando por el puerto, término de Zeclavín, por robar a otro forastero, le mató, y el dicho estaba amancebado con la mujer del primero”. Suponemos que al Joseph la justicia le ajustaría las cuentas, pero no lo podemos afirmar.

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