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Una Expedición a las Fortalezas y Castillos serranos (I): San Juan de Máscoras

Chuchi del Azevo. Investigador. Centro de Estudios Sierra de Gata | 25 de noviembre de 2012

San Juan de Mascoras
San Juan de Mascoras
Con este reportaje, Chuchi del Azevo comienza una serie de cuatro trabajos sobre la Fortaleza de San Juan de Máscoras, en Santibáñez el Alto, los castillos de Eljas y Trevejo y la Torre de la Almenara. Acompáñale en una expedición por la Sierra de Gata

La Fortaleza de San Juan de Máscoras fue una de las joyas de la corona de la Orden de Alcántara y durante años se derramó ríos y ríos de sangre, tanto cristiana como islámica, con el fin de asegurar su control; ya que ésta era una de las puertas de entrada de la transierra extremeña.

Se encuentra muy cerca del antiquísimo despoblamiento de Laconimurgo, fundado por los Lacaos allá por el año 770 a. j.c., entre los ríos Trasga y Arrago.  

Su recinto amurallado se conserva prácticamente íntegro; aunque buena parte de él se ha convertido en el muro de muchas de las casas que se han construido a sus pies; incluso la plaza de toros aprovecha parte de esta muralla. La torre del homenaje ha desaparecido y en su lugar los vecinos de este pueblo decidieron instalar un camposanto. Este ha sido uno de los males menores; ya que una de las peores aberraciones que se han realizado en él fue la instalación de un repetidor de televisión.

 Dentro de las curiosidades que se pueden observar entre sus muros se encuentran las marcas que los canteros dejaron en los sillares que laboriosamente labraron durante siglos para levantar esta majestuosa construcción militar.

Después de vencer el rey Don Fernando II de León a Dº Sancho, hijo del Rey de Portugal, en Argañán; éste se decidió a combatir a los moros pasando por el puerto del Perosin, tomando en  combate las villas y fortalezas de Santibáñez y Milana el día 24 de junio de 1185. Todo esto y Balderrago se lo dio al Temple, además de Trevejo, Almenara y Coria. Mientras que la villa de Alcántara se la donó al conde Armengol de Urgel. Los caballeros catalanes que acompañaron al conde  Armengol de Urgel en la conquista de estas tierras fueron: Arnal de Ponte, Berenguel Arnal, Arnal de Savangia, Beltrán de Tarascun, Pedro de Belvis, Bernal de Midia, Remon de Villalta.

Posteriormente esta fortaleza se perdería; hasta que el rey don Alonso IX, cuando volvía de tomar la villa Alcántara por Sierra de Gata, vio en lo alto y empinado de un monte limpio de padrastos el edificio de la fortaleza y de la villa de Santibáñez (fortaleza con su muralla, foso, y barbacana que la hacían inexpugnable) y se decidió a combatirla; ya que consideraba que no era bueno dejar tamaña fortaleza a sus espaldas y porque anteriormente había sido de su padre; además sus soldados tenían ganas de demostrar su valor. La combatió hasta que la tomó; dejando salir a  los moros que se encontraban en su interior. Posteriormente se la entregó al maestre D. Benito Suárez y a su Orden, confirmándoselo al maestre D. Arias Pérez.

En esta época Santibáñez incluía Gata, Villasbuenas, Fernán Pérez, El Campo, Torre D. Miguel Cadalso, Villanueva de la Sierra, y las aldeas de Torrecilla y el Fresno, y Pozuelo. El maestre formaría una encomienda y un priorato con título de comendador y prior de Santibáñez después de las Navas de Tolosa 1212. Esta encomienda era tan rica que el emperador Carlos V hizo de ella tres.

A esta encomienda se le dio una serie de privilegios con el fin de que se poblase. A medida que la población aumentaba, comienzan a surgir las reclamaciones ante los distintos reyes y ante los diferentes maestres de la Orden de Alcántara para que a algunas aldeas de su jurisdicción se las eximiese del pago de ciertos impuestos y a la vez para que no tengan que aportar hombres para la defensa del castillo, salvo en periodos de guerra.            

En 1220 la O. del Temple y su maestre Pedro Alviti entablaron pleito contra la O. de Alcántara por el control del castillo de San Juan de Máscoras. La reclamación se extendió durante mucho tiempo hasta que los templarios decidieron desistir de su posesión.  

Estos pleitos tenían su origen en que el rey Fernando II de León cuando conquistó San Juan de Mascoras se lo donó a la O. del Temple. Posteriormente se volvió a perder la fortaleza tras un ataque almohade y transcurridos unos años no será hasta 1212 cuando Alfonso IX la vuelva a recuperar dándosela al Perosin. Los templarios entablaran pleito hasta 1220. Toda esta política antitemplaria se debió al pacto que la Orden del Temple tenía con la monarquía lusa y a la fuerte expansión de ésta por la Beira Baixa.

En 1227 le dio el Rey al maestre Arias Pérez el derecho a poblar Salvaleón y al deslinde igual que se hizo con el deslinde de Santibáñez. Por lo que se ha de tener en cuenta que todo lo concerniente a la fortaleza y encomienda de San Juan de Mascoras servía de modelo para ordenar futuras conquistas.

Los conflictos con el Obispado de Coria por el control de estas tierras, así como por el cobro de impuestos como: diezmos, martiniegas, caloñas, etc se extiende a lo largo de los siglos. Hasta que se dictamina en 1233 que el obispo de Coria se lleve la tercera parte de los diezmos de todas las iglesias, lleve también el obispo un ducado de oro cada año por catedrático de cada una de las iglesias y otro por la procuración salvo de la iglesia de S. J. De Máscoras, de  donde se ha de llevar tres ducados de procuración de la de Milana dos y de Moraleja dos.

Este castillo era una de las paradas obligadas que tanto reyes como maestres utilizaban siempre y cuando realizaban el trayecto Ciudad Rodrigo-Coria-Valencia de Alcántara.

Siendo Maestre de la Orden de Alcántara Dº Gonzalo Núñez de Oviedo se produjo un hecho que alteró la paz de la encomienda con su íntimo amigo el Rey Dº Alfonso de Castilla. Este Rey apreciaba especialmente la amistad y el valor de su Maestre cediéndole todos los derechos y rentas del reino; hasta que debido a las intrigas palaciegas, cuyo origen eran los intereses de Dª Leonor de Guzmán, con quién el Rey tenía varios hijos, la amistad se quebró. Esta dama junto con otros caballeros indispuso al Rey con el Maestre, debido a que éste se oponía a que el hermano de Dª Leonor, Dº Alonso Meléndez de Guzmán, fuese Maestre de la Orden de Santiago.

El Rey llamó a la corte al Maestre pero éste avisado por algunos amigos de lo que Soberano pretendía huyó con algunos fieles suyos; mientras otros se apartaron de su servicio, mandándoles el rey que eligiesen un nuevo Maestre. Para este nuevo cargo propuso al Comendador de Santibáñez Dº Nuño Chamizo.

Cuando Dº Gonzalo Núñez de Oviedo se enteró de la nueva elección de Maestre avisó al Rey de Portugal solicitándole ayuda para poder mantener bajo control los castillos en los que tenía acantonadas tropas; a cambio le cedería el castillo de Valencia de Alcántara, Piedrabuena, Santibáñez y algunos otros.

En el momento en el que el Rey de Castilla se enteró de los tratos que mantenía el anterior Maestre con el rey de Portugal partió para Extremadura cercando al Dº Núñez de Oviedo en una de las fortalezas que tenía bajo su control hasta que en 1338 fue capturado y juzgado por traición imponiéndole la pena de muerte  (degollándolo y quemando su cuerpo).

Después de la guerra de la independencia española se convirtió en el refugio de los afamados bandoleros extremeños conocidos por el nombre de los Muchachos de Santibáñez;  los cuales extendieron el terror por todas estas tierras que permanecieron al margen de la ley durante años.

Desde su muralla se pueden observar los bellos paisajes de Gata, Torre de Don Miguel, Villasbuenas y Hernán Pérez, incluso las últimas construcciones civiles hídricas que han servido para regar amplías zonas de esta serranía altoextremeña.

 

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