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2. Y llegaron los romanos

Sara Fontán | 11 de junio de 2012

Pues, bien, en el siglo III se produjo una grave y prolongada época de vacas flacas, de crisis, en todo el Imperio romano que obligó a la gente a huir de la ciudad al campo para poder subsistir. Debió producirse entonces la ocupación total de Sierra de Gata, que hasta entonces era bastante limitada

Después de lo de Viriato a los lusitanos y vetones no les quedó más remedio que someterse a los romanos. Posiblemente muchos de ellos se encuadraran como soldados profesionales (entonces llamados mercenarios) en el ejército, tal como hemos dicho en un artículo anterior. La afición de los vetones, o acaso la necesidad, de servir en el ejército romano debió ser bastante duradera ya que el año 122 d.C. cuando Adriano visitó Britania entre las diversas tropas allí acantonadas había un ala llamada Hispanorum Vettonum.

Después de servir veinticinco años en el ejército los mercenarios (los soldados de origen extranjero) recibían la ciudadanía romana, es decir, algo así como la nacionalidad. La mayor parte de los ciudadanos romanos vivían en municipios o lo que es lo mismo en ciudades que ejercían su jurisdicción sobre un amplio territorio y que, en líneas generales, se gobernaban como la misma ciudad de Roma.

Ya en vida de Augusto aparecen como municipios romanos dentro del ámbito de Sierra de Gata o en sus proximidades Egitania, la actual Idanha a Velha portuguesa, y Lancia Oppidana que tradicionalmente se ha venido ubicando las proximidades del puente romano hoy llamado de El Villar (entre los términos de El Payo y Navasfrías, en la vertiente salmantina de la Sierra).

El año 74 d.C., Vespasiano otorgó a todas las ciudades de Hispania el Derecho latino, que aunque de índole inferior al propio Derecho romano, era superior al que en el momento tenían la mayor parte de las ciudades hispánicas. En virtud de esa concesión muchas ciudades pudieron constituirse en municipios, es decir: pudieron asumir algo parecido a un autogobierno en asuntos puramente locales. Como homenaje a la familia imperial esas ciudades recién ascendidas de categoría se autoapellidaron Flavias por ser éste lo que hoy llamaríamos apellido de la familia imperial. Nos encontramos por entonces con una Interamnium Flavium. La mayor parte de los historiadores identifican esta ciudad con la que en la Edad Media se llamaría Salvaléón (hoy despoblado en el término de Valverde del Fresno).

Estos tres municipios (Egitania, Lancia Oppidana e Interamnia) fueron unos de la casi docena que se vieron obligados a contribuir económicamente a la construcción del puente de Alcántara, la genial obra que Cayo Julio Lácer terminó el año 105, durante el imperio de Trajano. Eso nos da un cierto derecho a que cuando pasemos sobre dicho puente podamos presumir de que, en cierto modo, y por la contribución de nuestros antepasados también nos pertenece.

Los estudiantes anteriores a la LOGSE posiblemente recuerden cuanto dice la Biblia de las vacas y espigas gordas y de las vacas y espigas flacas, o lo que es lo mismo del carácter cíclico de las épocas de bonanza y de crisis económicas.

Pues, bien, en el siglo III se produjo una grave y prolongada época de vacas flacas, de crisis, en todo el Imperio romano que obligó a la gente a huir de la ciudad al campo para poder subsistir. Debió producirse entonces la ocupación total de Sierra de Gata, que hasta entonces era bastante limitada.

Según el mejor conocedor del tema, nuestro paisano el profesor Miguel García de Figuerola, en ese momento debían existir en nuestra comarca los siguientes poblamientos:

Ciudades: Interamnia (Salvaleón, Valverde del Fresno) y Lancia Oppidana (El Payo-Navasfrías, provincia de Salamanca).

Poblados: Val de los Pozos (Villamiel) y La Isla (pantano del Borbollón, Santibáñez el Alto).

Villas. Tal vez fuera más preciso decir villas rústicas y aclarar que eran éstas. Durante el imperio romano una villa rústica era el centro de una explotación agraria. En ella estaban la casa del dueño, de los siervos y esclavos y las dependencias puramente agrarias: cuadras, almacenes, etc.. Las villas solían recibir el nombre del dueño: Villa Gemelli (villa de Gemelo) que pudo dar lugar a Villamiel; de una cualidad: Villa Alba (villa o casa blanca) que se simplificó como Villalba, o de una condició jurídica: Villa Bona (villa buena o villa exenta de contrubuir a pagar los gastos de la ciudad capital del municipio) que dio lugar a Villabuena, hoy Villasbuenas. Debió haber bastantes más (Nava del Rey I, Los Quintos, la Berenguilla,...) cuyo nombre se ha perdido.

Entre los fundos (fincas puramente rústicas) cabría destacar el Salto (Villamiel); entendido éste término en el mismo sentido que siglos después le diera san Isidoro: un terreno extenso dedicado a la agricultura, al pastoreo y la caza o como lugar vasto cubierto de grandes árboles.

En relación con el período romano en Sierra de Gata, aún nos queda una cuestión por resolver: ¿por dónde pasaba la Vía de la Dalmacia que iba de Coria a la actual Ciudad Rodrigo? Se sabe, eso sí, que pasaba por la Sierra porque no hay otro camino, pero ¿por qué puerto? ¿por el de Santa Clara en San Martín de TrevejoEl Payo?, ¿por el de Perales, como parece más probable?, ¿por el de Gata...? Como no hay nada seguro que cada cual elija el camino que quiera.

Quien quiera ampliar conocimientos sobre esta época puede consultar:

GARCÍA DE FIGUEROLA, M.: “Arqueología romana y altomedieval de la Sierra de Gata”. Badajoz, 1999..

DOMENÉ, Domingo: “Historia de Sierra de Gata”. (En la Biblioteca Virtual de Sierra de Gata se dice como se puede acceder a esta obra de forma gratuita).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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