Estimado Benigno,
No sé si vas a leer estas líneas, pero sabiendo que eres un experto en “feisbukear”, me alberga la esperanza de que, a lo mejor, lleguen a tu retina. Si llegan a tu mente, aunque sea pedir demasiado, me sentiría altamente gratificado.

Te agradezco lo de “el muerto en el entierro”. Me has hecho recordar a D. Félix, que asiste a su propio entierro en el cementerio de Salamanca. Nos lo cuenta nuestro paisano José de Espronceda en su obra “El estudiante de Salamanca”. Por cierto, un libro suyo acabó en el contenedor. Te recomiendo que lo leas, pues todo ser humano tiene que pasar por ese trance.

A continuación quiero hacerte partícipe de algunas reflexiones de mi cosecha. Ésto que te voy a contar, por favor, que quede entre nosotros. Ya sé que tú en seguida vas y lo cascas.
Nunca, te lo voy a repetir otra vez: NUNCA más me volveré a sentar en el sillón de la Alcaldía de Gata. Intuyo que no me crees, por eso te pido que se lo preguntes a nuestro actual Alcalde con la esperanza de que él te lo podrá confirmar.

Centrándonos ahora en el tema de los libros he intentado aportar soluciones pero no he sido escuchado. Tú sabes muy bien que en nuestro municipio hay dos bibliotecas, dos centros escolares, una Residencia de la Tercera Edad y un Hogar del Pensionista en La Moheda de Gata. Además existe el centro de Educación Secundaria de Hoyos donde se forman parte de los jóvenes de nuestro pueblo. Ante esto, me pregunto si no hubiera sido más sensato distribuir estos libros en los lugares mencionados en vez de tirarlos al contenedor, aunque sea de reciclaje.

Toda mi vida profesional la he dedicado a la enseñanza, intentando formar a mis alumnos, no solamente en la adquisición de conocimientos, sino también inculcándoles los valores del ser humano que pudieran contribuir a su formación integral como personas y como ciudadanos.
Ésta es la razón por la que, siguiendo los dictados de mi conciencia, he actuado como lo he hecho y lo volvería a hacer las veces que hiciera falta. No te quepa la menor duda.

Más fácil hubiera sido esconder la cabeza debajo del ala, como tú hiciste y es que, aunque de apodo me llaman “perdigón”, (algo sabré de aves), soy incapaz de actuar en contra de mis principios. Espero que esto te sirva para conocerme mejor, porque a pesar de que digas lo contrario, te puedo asegurar que como psicólogo no tendrías ningún futuro.
No te quiero cansar más con mis retóricas, simplemente decirte que cuando me llegue la hora de que me bajen por la calzada de La Puente rumbo al sueño eterno, quiero hacerlo con la cabeza alta y con dignidad.

Si en algo quieres respetar mi voluntad y suponiendo, por lógica, que yo pondré los pies en el estribo, como diría Lope de Vega, antes que tú pues eres mucho más joven y te deseo larga vida, te pido POR FAVOR que no asistas a mi entierro. ¡¡ Me darías el día !!
Y para terminar te pido encarecidamente que no me contestes porque no recibirás respuesta alguna. Tengo muchas cosas que hacer y, entre ellas, la de prepararme para mi último viaje.
Y si nos encontramos en alguna parte no me digas nada, pues quiero guardar contigo el máximo respeto, pero dentro de la distancia y el olvido.
Atentamente.

NOTA. Este artículo ha sido publicado por Ángel Hernández primeramente en su muro de Facebook en contestación a las observaciones realizadas por su paisano. Al mismo tiempo, también ha querido que se publicara su contestación en Sierra de Gata Digital