En Trevejo: ¿Error o atentado cultural?

Hace cincuenta años me enamoré en mi Salamanca de una chica de Villamiel. Cuando fui a verla a su pueblo además de aumentar mi amor por ella (acabamos casándonos) me enamoré también de Trevejo.

Trevejo es una antigua villa (con fuero propio otorgado en 1227) con un hermoso castillo arruinado, que hoy pertenece al ayuntamiento de Villamiel. Cuando llegué a esa tierra por primera vez no había carretera que uniese ambas localidades. Se tenía que ir a pie o a caballo por la calzada de origen medieval. Con mis amigos José Luis R. Berjano y Leoncio Téllez, entre otros, recorrí ese camino infinidad de veces para estudiar el pueblo y el castillo.

 Años después tuve el honor de ser el primer alcalde constitucional de Villamiel. Como estaba enamorado –sigo estándolo- de Trevejo me esforcé por mejorar las condiciones de vida de la gente de allí.  Alguien me decía no hace mucho que nadie en la edad moderna ha beneficiado tanto a Trevejo como yo durante los tres años que fui alcalde. Sin modestia de ningún tipo creo que es cierto y presumo de haber hecho (con la ayuda de Jaime Velázquez, presidente de la Diputación) la carretera que une ambas localidades, de haber instalado una red de saneamiento de aguas residuales, de haber conseguido una subvención para restaurar la espadaña de la iglesia (delegado del Ministerio de Cultura: Teófilo González Porras) y otra para el castillo, de haber logrado que Trevejo fuera declarado monumento (Director General de Bellas Artes: Javier Tusell), etc.

Como después de haber hecho la carretera era fácil llevar materiales de construcción a Trevejo los vecinos de allí comenzaron a reconstruir y arreglar sus viviendas. Me di cuenta de que era necesario dar normas para proteger el patrimonio cultural del pueblo, es decir, el casco urbano y el castillo. En virtud de las atribuciones que el cargo de alcalde me concedían di un decreto prohibiendo que en Trevejo se enfoscase el exterior de los edificios o se construyese con ladrillo de cara vista. Creo que los servicios administrativos del ayuntamiento enviaron copia de ese decreto el Colegio de Arquitectos para que cualquier obra que se hiciese en Trevejo se sometiese a esa disposición. La gente del pueblo y los alcaldes posteriores a mi entendieron lo acertado del decreto y éste se ha respetado hasta ayer.

Y digo hasta ayer porque esta Semana Santa he visto dos casas, una en la Plaza Mayor y otra en la calle del Cristo, que han sido enfoscadas en color pastel. Desentonan más que un paño de castidad de color rosita en un crucifijo.  A cualquiera que las ve le hacen daño en los ojos. No sé si el decreto que di ha sido anulado, pero lo haya sido o no esas dos construcciones son o un error conceptual de los servicios de arquitectura de no sé donde (puedo discutir con cualquiera porqué son un error conceptual) o un pasotismo imperdonable de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura. Como  se sigue haciendo lo mismo, dentro de poco Trevejo perderá su singularidad y habrá que retirarle la condición de Bien de Interés Cultural.

La actual Consejería de Cultura o la del próximo gobierno regional no puede seguir indiferente. Si así fuera habría que denunciarla por tolerar, y puede que hasta aprobar, los daños contra el patrimonio cultural de Extremadura.

P.S. Cuando haya ayuntamiento en Villamiel (creo que hace cuatro años que no lo hay y si lo hay no ejerce) acaso fuera conveniente que se regulasen los carteles comerciales y publicitarios en Trevejo. Ahora hay algunos deleznables.

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