Por qué querido y amado otoño nos dejas, tan huérfanos, tan solitarios con una pena en la mirada, el árbol que nos dejaría la sombra en el reinado estuoso del sol o las cigarras que ignoro ahora su mundo, dónde estarán, no sé si viven o han muerto con una marcha fúnebre quizás de las notas de las hojas muertas o esas “hojas del árbol caído / juguetes del viento son”, acostumbrado como estoy a las últimas luces calentitas del estío, que te saludo en las postreras horas veraniegas – González – Ruano – te saludaba también, todos los años y amén, “y usted lo vea”. Qué decirte de la melancolía de fado del mismo sol, quizás turbado, vete a saber por unos rallos ardientes, apenas cantan las cigarras. Los grillos, sin embargo, nos amenizan con una melodía suave, como una canción de cuna, misterio tan hondo ante la batuta de un querubín, quien dice que no pase un ángel, que se llame luz o fuego o vida y lo perdimos para siempre, como un poema de Ángel González.

¿Y qué estaciones, os / nos gustan?. Naturalmente que hay gustos para todos y, cada uno, tiene el suyo y la suya, por supuesto. ¿Quién no espera a la beldad que rompió un corazón? O quien no encontraría, en la vuelta de una esquina, unos ojos que robaría al mar o la chica que venía de dejar su estampa en una pasarela o la  que nos arrebató el corazón una dulce tarde de otoño. Para Albert Camus,  el otoño era como una segunda primavera, cuando cada hoja se transformaba en flor. Si ha venido, no temas al otoño: aunque caiga la flor, queda la rama para hacer ruido.

 Romántico, César González – Ruano despedía el otoño “de pie en mi corazón, sin pensar más la mano que la pluma o la hoja o el ojo que te advierte, en las últimas horas calientes del estío, yo te saludo, otoño, como todos los años, y amén y usted lo vea.”

Como un rito, te despido, anticipadamente, desde la cumbre de la Sierra de Dios Padre, en Villanueva de la Sierra, donde nació la Fiesta del Arbol, desciendo por la ladera hasta la laguna del Bardal y sus bellas pilas de granito, mi paraíso, donde, cada otoño, beso la tierra y doy gracias a Dios. Ya me lo susurra Albert Camus:”El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor.”

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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